FRIDAY 25 SEPTEMBER 2020

Exposición de carteles de la Guerra de España.Ha sido inaugurada el sábado 10 de septiembre y finalizará el 30 de septiembre.

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Programa del Coloquio Internacional Walter Benjamin, 2016, que tendrá lugar los días 30 de septiembre, 1 y 2 de octubre.

Este Coloquio lo organiza la Càtedra Walter Benjamin de la Universitat de Girona y el Museu Memorial de l’Exili, con la  colaboración del ICIP (Institut Català Internacional per la Pau) y el Memorial Democràtic de la Generalitat de Catalunya,  el EUROM (European Observatory on Memories) de la Universitat de Barcelona y  la Universidad de Perpiñán.

“Las Guerras Civiles en la época Contemporánea” será el tema a tratar en un coloquio interdisciplinar y exhaustivo que tiene  el propósito de analizar el fenomeno de los conflictos civiles armados desde el inico del siglo XX hasta la misma actualidad. Stathis N. Kalyvas (Universitat de Yale), Robert Gerwarth (Centre for War Studies, University college Dublin), Rafael Grasa (Universitat Autònoma de Barcelona) o Ricard Garcia-Vilanova (fotoperiodista) figuran entre una extensa nómina de ponentes.

Con motivo del 80 aniversario de la Guerra Civil española, se dedicará una atención especial a aquel acontecimiento histórico que continua teniendo una fuerte presencia en la memoria colectiva.

Asimismo, el domingo 2 de octubre se llevará a cabo la ruta a pie de Banyuls a Portbou. Un proyecto de la Nau Coclea que contará con una intervención artística.

Tanto para asistir al Coloquio como para participar en la caminata es necesario inscribirse previamente:

Coloquio: cwb@udg.edu / Ruta a pie: (0034)  972125161

Encontrarás la información en los documentos que se adjuntan.

Programa Coloquio Walter Benjamin 2016

 

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La Librería de El Sueño Igualitario Cazarabet conversa con… Carlos Tobío Alonso, miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Descendientes del Exilio Español.

Hola amigos ¿qué andadura tiene la Asociación Descendientes del Exilio?; ¿cuál es vuestra historia?

La Asociación se crea en noviembre del 2002, en Madrid, por iniciativa de Ludivina García y de un grupo de personas descendientes de exiliados, hijos, nietos y amigos, que retornaron a España en distintas fechas, y se encontraron en un momento dado. Crean una asociación sin ánimo de lucro y cuya finalidad era, y es, mantener la memoria histórica del exilio en España y en los países de acogida a los exiliados, por medio de investigaciones, jornadas, exposiciones, eventos, entre otras actividades.

¿Agrupa vuestra Asociación a otras Asociaciones que giraron en torno al exilio republicano del 39?

Inicialmente se establecieron delegaciones en Asturias, Barcelona, Sevilla, Valencia, México y Francia. Se colaboró con otras asociaciones con fines similares pero que fueron buscando una identidad o finalidad propia. Es el caso, por ejemplo: Memoria Viva (dedicada campos de internamiento de españoles, testimonios de supervivientes, etc.) o también AFAR2, asociación de familiares y amigos de la República, o la ARMH, dedicada a la recuperación de la memoria, así como coordinadoras y plataformas varias. Nuestra denominación nos define; somos descendientes del exilio. Lógicamente, nos enmarcamos dentro de la Memoria Histórica, pero tenemos una especificidad que es el exilio. De hecho un requisito de pertenencia que marcan los Estatutos de la Asociación es el ser descendiente del exilio.

¿Qué supuso el exilio para el devenir de la historia de unos y de otros…tanto de los exiliados, como de los países receptores…etc.…?

Para los exiliados el cambio fue terrible, fue dejar toda su vida anterior, sus raíces, costumbres, lugares, pertenencias, fue dejar todo. Dejar todo de un día para otro, partir hacia la incertidumbre, buscando un horizonte desconocido sin perspectiva de futuro, ir a la aventura. Los países receptores, por la época histórica en que se desarrollaron los acontecimientos, a la República española le dieron la espalda los ingleses, franceses, Estados Unidos, tan sólo la Unión Soviética le ayudó y más tarde, cuando la guerra civil estaba perdida, se acercaron para ayudar al huido. Hay que resaltar la ayuda prestada por personas haciendo de intermediarios como Pablo Neruda; en 1939 fue designado, cónsul especial para la inmigración española en París, fue el gestor del proyecto Winnipeg; el barco que llevó a 2000 exiliados españoles desde Francia a Chile. O el caso de Gilberto Bosques, gran defensor de exiliados españoles en Francia. Como cónsul de México los alojó en edificios con bandera mexicana para evitar que fueran detenidos por la Gestapo y devueltos a España. Cuando tuvo preparada la evacuación hacia México les ofreció la nacionalidad mexicana en caso de que quisieran adoptarla, todo esto con el consentimiento del Presidente Lázaro Cárdenas, que abrió las puertas de México a los republicanos españoles; recordemos que México no tuvo Embajada en España hasta que no murió Franco. Otro ejemplo es el capitán Archibald Dicksonal, al mando del buque carbonero Stanbrook, zarpó del puerto de Alicante, el 28 de marzo de 1939, con 2.638 pasajeros rumbo a Orán. El capitán ordenó levantar las amarras, con la consigna; “que embarquen tantos como se pueda”, en contra de la orden que había recibido del propietario del carguero.

En cuanto a los países receptores (Francia), en primera instancia, se beneficiaron de luchadores valientes, entrenados en la guerra civil y con un gran convencimiento ideológico antifascista y antinazi. Participaron en la lucha contra Hitler, en la Resistencia en Francia o, por ejemplo; defendiendo los pozos petrolíferos de Azerbaiyán que suministraban el petróleo al Ejército Rojo y eran uno de los principales objetivos del ejército nazi. Terminada la Segunda Guerra Mundial se beneficiaron de las aportaciones en todos los campos del saber, por citar sólo algunos, exiliados fueron: Max Aub, Ramón J. Sender, Américo Castro, María Zambrano, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, Severo Ochoa, Rafael Alberti, María Teresa León, Luis Buñuel, Pablo Picasso, Luis Cernuda, Claudio Sánchez Albornoz, Pedro Salinas, León Felipe, Margarita Nelken y tantos otros; una vanguardia a nivel mundial.

Se ha hablado y se reflexiona mucho en torno al trato que se recibió, por ejemplo en Francia con la memoria encerrada por entre las alambradas de los Campos de Concentración que albergaron muy de malas maneras a unos exiliados que viajaron bajo la lluvia de bombas, escapando de la represión, del castigo o incluso la muerte…

Es cierto, los franceses no fueron todo lo benefactores que hubieran podido ser (y así lo han reconocido las autoridades, públicamente a posteriori). Hubo maltrato, menosprecio, aunque hay que considerar que se presenta un flujo de refugiados de medio millón, en la frontera, que había que acogerlos por lo que se improvisaron campos de internamiento, y que además estos refugiados venían con un bagaje político adverso a la mentalidad de la época por lo que eran mal vistos.

Pero también hubo excepciones en Francia y más allá…

Muchas, ciertamente, pero tan sólo excepciones, a medida que pasa el tiempo y se fueron integrando en el medio.

Por ejemplo , de Francia recuerdo a muchos testimonios de familias que sí que abrieron sus puertas, de otros que escondieron a los que más tarde terminarían formando parte del Maquis o de los solados que liberaron París…

Muy cierto, al inicio de la Segunda Guerra Mundial, la invasión de Francia por los alemanes, generó una diáspora hacia otros países, que en muchos casos hizo (como he dicho anteriormente), que republicanos españoles contribuyeran a la liberación de Europa, y otros con menos suerte acabaran deportados a campos nazis.

Cuando he pensado en “más allá”, sobretodo me viene a la mente México y la actitud de sus responsables que sabían mirar mucho más allá…incluso más allá de lo humanitario porque sabían, también del gran valor intelectual y “de formación” a la que albergaban recibiendo a los exiliados republicanos españoles…De lo que no cabe duda, es de la recepción con los brazos abiertos, del pueblo mexicano y eso no debemos olvidarlo nunca…

La acogida y el apoyo que dio México a los refugiados españoles fue impresionante, inolvidable, pero no sólo llegaron intelectuales o personas de formación, a México llegaron refugiados de todos los estamentos, y a todos se les acogió con la misma generosidad, una generosidad inconmensurable, nuestro agradecimiento no será suficiente en el tiempo.

No sé es como si con ciertos pueblos estuviésemos en deuda humana para el resto de nuestra vida…

Así es. Permítame recordar una frase el Presidente de México Lázaro Cárdenas “A los que han luchado en su país a favor del Gobierno legalmente constituido, no les vamos a ofender con un interrogatorio. Hay que recibir a todos…” Esta frase lo explica todo.

Quizás sea el momento de volver un poco la vista atrás, con la mirada amable, recogida y agradecida dado que en estos últimos tiempos en Ateneo Español en México está sufriendo mucho para sobrevivir por causas económica.¿Qué nos podéis comentar?

Para todos los exiliados el Ateneo Español en México es un referente. Fue fundado en 1949 por un grupo de republicanos españoles. Su objetivo fundacional: promover la cultura y la ciencia española. Durante décadas generó una gran actividad cultural española; las propias autoridades mexicanas reconocían que hubo un antes y un después de la llegada del exilio español.

Siempre abierto a las vanguardias, centro de acogida y dialogo ayudó a otros refugiados de diferentes países perseguidos por dictaduras. En definitiva, como muy bien fue definido; “centro de apoyo de lo más valioso para el hombre: la paz, la justicia y la libertad”. Actualmente acuden a su biblioteca anualmente más de 200 investigadores universitarios de todo el mundo para documentarse. Como es conocido su funcionamiento, incluso supervivencia, está condicionada por la reducción de las ayudas oficiales. Su presidenta Carmen Tagüeña, hija de un teniente coronel republicano, apelaba recientemente a evitar el cierre por una cuestión financiera, ya que es “un puente entre España y México, un activo cultural para ambas orillas”.

Desde la Asociación de Descendientes del Exilio Español, también hicimos un llamamiento para salvar el Ateneo Español de México, lamentablemente, no disponemos de recursos económicos para enviar para su mantenimiento. Muchos asociados propusieron hacer una colecta; una prueba más de esa generosidad que siempre ha caracterizado al exilio. Finalmente, el propio Gobierno mexicano a través de la Secretaría de Educación, aprobó un presupuesto de 900.000 pesos para este año, impidiendo así el cierre. Probablemente se mantenga esta ayuda en años sucesivos, para México es también muy importante este reducto de cultura; de la decisión de ayuda económica por parte Gobierno español no tenemos noticias.

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El pasado 27 de agosto se cumplieron seis años del fallecimiento de nuestro querido compañero y amigo, miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Descendientes del Exilio Español.

De familia asturiana, su padre Ceferino Álvarez Rey, participó en la fundación del Sindicato Único de Mineros (SUM) y tomó parte activa en la revolución de 1934, fue Comisario del Ejército de la República y dirigente del PCE. Después de la evacuación del Frente Norte Ceferino (hijo) nace en Cataluña, desde aquí la familia se exilió en Francia. Familia siempre combatiente; estaba previsto que Ceferino (padre) formara parte de la segunda oleada de la invasión por el valle de Arán. Después del fallido intento fijaron su residencia en Toulouse donde creció Ceferino Álvarez Fernández. En su regreso a España, además de obtener su Doctorado en Historia y reconocido en su campo, la ingeniería, fue muy activo y entusiasta en nuestra Asociación.

Siempre te recordaremos.

 

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No es hija ni hijastra de Fidel Castro ni ha tenido nada que ver con la retirada de la placa del cementerio de Carabanchel ni del monolito al Alférez Provisional. Es más, dolida por la campaña de difamación personal «emprendida por el PP y jaleada por medios de la derecha», reclama al Ayuntamiento una actuación menos impulsiva para evitar errores como los cometidos que den pie a descalificaciones globales a un proyecto que considera imprescindible para Madrid. Porque Mirta Núñez Díaz-Balart, directora de la Cátedra de la Memoria Histórica del siglo XX y profesora titular en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, está convencida de la necesidad de cambiar el callejero de la capital para que deje de haber plazas que se llamen ¡Arriba España! o calles dedicadas a generales golpistas como Juan Yagüe. «En el callejero de Madrid» explica, «no hay una presencia relevante de la España democrática, de la España vencida en Guerra y de la que fue perseguida durante la dictadura. Y es necesario que, 40 años después, esa otra España que ha estado marginada de la Historia por voluntad del franquismo esté presente en la ciudad».

 ¿Por eso el Ayuntamiento recurrió a ustedes para elaborar su Plan Integral?

Hay una sintonía entre el proyecto que tenía el Ayuntamiento y el trabajo que nosotros desarrollamos desde la Cátedra.Sintonía política, claro.
Todos tenemos una perspectiva política y me alegro de que esta Corporación haya decidido que la memoria histórica sea parte de un programa de acción social y política en beneficio de la ciudadanía.
En el primer listado de calles y plazas franquistas que elaboraron había varios fallos y confusiones.
En realidad se trata de pequeños errores que se han magnificado y que en un plazo muy breve se reconocieron públicamente. Quiero señalar que este programa se desarrolla por parte de la Cátedra con cuatro historiadores que son: Julián Vadillo, Sergio Gálvez, José Muga y Antonio Ortiz Mateos. Yo soy la directora y respaldo ese programa con sus aciertos y con sus errores, que asumo. De cara al 22 de abril, que es cuando está previsto la presentación del bloque definitivo y completo del callejero, estamos llamados a ser muy cuidadosos para no dar pábulo a las descalificaciones globales a nuestro trabajo, que depuraremos al máximo para evitar errores.
En ese listado completo que están perfilando, ¿incluirán placas como las de los carmelitas retiradas del cementerio de Carabanchel o el monolito al Alférez Provisional?
La Cátedra sólo contribuye al Plan Integral anunciado por el Ayuntamiento con la elaboración de un listado con las vías públicas que habría que renombrar (algo menos de 300) y la propuesta de nombres alternativos, que están en sintonía con la recuperación de la memoria democrática y la de quienes lucharon contra la dictadura.
¿Pero qué le parece la iniciativa del Ayuntamiento y su rectificación?
La Cátedra no ha tenido nada que ver con eso. Al igual que nos ha ocurrido a nosotros, el Ayuntamiento tiene que evitar polémicas innecesarias. Hay que estar muy seguros, para no dar pasos en falso, de cualquier actuación sobre lo que se encuentra en un camposanto porque tiene otras connotaciones y características. Y respecto al monolito, yo creo que lo primero es determinar a quién pertenece para que luego no haya problemas con Patrimonio. Todos estamos obligados a filtrar al máximo detalle y ser muy cuidadosos para evitar manipulaciones y descalificaciones globales. Porque hay quien está interesado en denostar nuestra labor por algunos hechos puntuales y anecdóticos.
Por una artimaña burocrática han recibido la subvención (17.999 euros) sin ir al concurso público.
Quiero resaltar que ha sido el Rectorado el que nos ha alentado a buscar fuentes externas de financiación, no sólo para la Cátedra, sino para todas las actividades de la Universidad, algo que es discutible, pero que está en sintonía con las políticas neoliberales del momento. La subvención no se ha recibido aún, porque no hemos firmado ningún contrato todavía, pero la cifra tampoco es elevada. De todas formas, me gustaría que el PP, con los escándalos de financiación que se han descubierto en Madrid o en Valencia, usara la misma vara de medir, tanto en cantidad como en el destino final del dinero público. Yo soy la directora y no cobro, vivo de mi sueldo como profesora universitaria. Cuando tengamos el dinero decidiremos qué destino darle, pero es probable que una parte vaya a los investigadores que están haciendo un trabajo especializado.
¿Le han molestado las descalificaciones personales que ha recibido estos días desde diversos frentes?
Sí, mucho, pero el punto de partida es que el PP rechaza la memoria democrática. Ha desarrollado toda una política de animadversión de rechazo público a la memoria histórica y utiliza cualquier tipo de artimaña para tergiversar o crear cortinas de humo. Me parece muy feo ese recurso a lo personal que es falto de toda ética política y periodística, por parte de algunos medios, porque se me ha descalificado, denostado e insultado. El PP quiere que impere la memoria histórica del franquismo. Porque el franquismo hizo su memoria y diseñó sus espacios públicos. Desde el Arco del Triunfo de Moncloa hasta el Valle de los Caídos, Madrid está lleno de esos espacios y el PP no quiere que haya otra memoria, sino que la franquista viva eternamente y no se modifique.
¿Y por qué cree que ha perdurado tanto esa memoria?
Porque la Transición no se atrevió a implantar la suya propia y ha hecho que perviva la del régimen anterior. El PP ha tenido hasta ahora el monopolio de la memoria y no admite que se puedan incorporar nuevas denominaciones y eliminar aquellas de quienes favorecieron la dictadura o fueron claves en la alianza con dictadores como Hitler o Mussolini. El alcalde Enrique Tierno Galván intentó algún cambio, pero no pudo hacer más entonces, salvo reponer algunos nombres que el franquismo eliminó con piqueta. Quiero recordar que es un error intentar equiparar los dos territorios durante la Guerra en el ámbito de la legitimidad, que está en el terreno del ética. La Segunda República fue el primer gobierno legal, legítimo y democrático del siglo XX, y no se puede equiparar al golpe de Estado y la dictadura de unos militares insurrectos. Y sin embargo, es la memoria de estos la que ha permanecido.

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Desde Francia nos informan nuestros compañeros de la Asociación Caminar que Luis Royo ha fallecido. Miembro de la Nueve, conducía el tanque «Madrid» en esa compañía. Iba a cumplir 97 años.

Se adjunta integro el artículo de la reconocida historiadora francesa E. Mesquida:

31-agosto-2016

Luis Royo nació en el casco antiguo de Barcelona en 1920, de padres aragoneses. “Cataluña era la patria del anarquismo y mi padre era anarquista. Un anarquista nada violento que hablaba de libertad y que me repetía que la vida de un hombre no tiene precio”, contaba. Las dos cosas quedaron muy grabadas en él.

Con la quinta del biberón se fue a la guerra. Le movilizaron en abril de 1937 y participó en la ofensiva de Balaguer. Le dolía recordarlo: “Fue un fracaso porque no teníamos medios y es evidente que con una escoba no podías pelear contra un cañón. Muchas de nuestras batallas las hicimos tirando piedras y bombas de mano”.

Participó en la batalla del Ebro y en el reemplazo de los internacionales en Tortosa, cuando los retiraron. El frente se rompió en diciembre y llegó el momento de la retirada. A pie, con la aviación franquista bombardeando cerca, llegó hasta la frontera de Prats de Mollò. Con el cansancio, el hambre, el frío y la desesperación de tantos. Antes de cruzar la frontera los desarmaron a todos. “Éramos unos 60 militares”, rememoraba. “Entramos en formación con los músicos interpretando el Himno de Riego”.

Royo tenía 18 años y comenzaba una nueva etapa: la dureza de los campos de concentración franceses, las tropas coloniales repartiendo culatazos, el maltrato, la miseria y la humillación durante muchos meses. Después, de nuevo la guerra, esta vez en Francia y contra los mismos enemigos, el nazismo y el fascismo. Se enroló en la Legión y fue enviado a África, donde supo del llamamiento del 18 de junio del general De Gaulle, el hombre que no había claudicado ante los alemanes como él no claudicó ante Franco. Tuvo la impresión de que ambos luchaban por la misma causa.

En Oujda, con un grupo de artillería, aprendió a conducir y el sistema morse. Poco después desertó de la Legión para sumarse a las tropas de Leclerc. Los prepararon en Sabratha, Libia y Skira, en Marruecos, donde se formó la Segunda División Blindada, con tres batallones del Regimiento de Marcha del Chad. Allí fueron equipados por los americanos: “Cuando vimos el material supimos que había llegado el tiempo de la igualdad y teníamos prisa por enfrentarnos a los alemanes. Con el material que teníamos entonces en nuestro poder, estábamos seguros de darles caña”.

Luis entró en La Nueve, una compañía compuesta por españoles, en su mayoría anarquistas. “Yo era republicano y había otras tendencias, pero esto no se tenía en cuenta entre nosotros. Cuando había un herido no se miraban ideologías. Íbamos todos a recogerlo inmediatamente. Estábamos muy unidos”.

Salieron de Casablanca con destino a Inglaterra. Le tocó la zona de Poncklinton y guardó un recuerdo entusiasta de aquellas semanas. Mantuvo amistades inglesas durante muchos años. A finales de julio de 1944 embarcó hacia Francia. “A pesar de que el enfrentamiento iba a ser duro no teníamos miedo. Yo iba a hacer la guerra y sabía que podía resultar herido o que podía morir. La verdad es que nunca pensé que luchaba para liberar a Francia sino que estaba luchando por la libertad. Para nosotros aquella lucha significaba la continuación de la Guerra Civil”.

Desembarcaron en la playa de Omaha. Galoparon hacia París. Siempre delante. Enfrentaron a los alemanes en Alançon y Ecouché. Los vencieron. Después, París… Luis Royo no pudo entrar el 24 de agosto por la avería de una rueda de su tanqueta, bautizada como Madrid. Leclerc le obligó a detenerse para arreglarla. Entro con él al día siguiente. Todavía pudo enfrentar a los alemanes en la Escuela Militar.

El día 26 de agosto, en el desfile de la Victoria, Luis fue uno de los que sirvió de guardia de honor del general De Gaulle con su tanqueta Madrid. Después, con sus compañeros de La Nueve, siguió persiguiendo a los alemanes en un invierno de frío intenso, combatiendo en Andelot, Chatel, La Mosela… En esa Alsacia de metralla, nieve y hielo resultó gravemente herido. Se salvó gracias a que fue evacuado a Oxford y dispuso de penicilina. Le dijeron que le había quedado hierro en el pulmón. Con él ha vivido.

El final de la guerra trajo la gran decepción y el largo invierno del olvido. “Una traición”, decía él. Sesenta años después de su entrada en París, en 2004, en la alcaldía, Luis recibió su primer gran homenaje. Poco después recibía la Legión de Honor y el reconocimiento de la ciudad de París. Haber pertenecido a La Nueve era para él un orgullo. Julián Escudero era ahí su nombre de guerra.

Luis Royo vivió desde entonces en Francia. Trabajaba en la fábrica Citroën y desde su retiro vivía sencillamente en un apartamento de Cachan, en las afueras de París, con una de sus hijas. También en 2004 el presidente del Senado español le rindió honores como combatiente de La Nueve, la primera compañía que entró en París aquel 24 de agosto de 1944 para ser liberada, y asistió al desfile del Ejército español en memoria de los que no habían podido volver a España. Se prestó regularmente a dar testimonio del combate de los refugiados españoles hasta que la enfermedad le aisló.

Luis Royo era el penúltimo superviviente de la histórica compañía. Ha muerto este último 23 de agosto en el hospital Paul Brousse de Villejuif. Pocos días antes mostraba todavía la intención de poder viajar a Madrid para la próxima inauguración del jardín dedicado a los combatientes de La Nueve.

Evelyn Mesquida es autora del libro La Nueve, los republicanos españoles que liberaron París.

 

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"Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que la de las personas célebres". Walter Benjamin