FRIDAY 25 SEPTEMBER 2020

REFUGIADOS

Nuestra compañera y cofundadora de la Asociación de Descendientes del Exilio Español, María Luisa Fernández, participa en una interesante iniciativa de la Asociación Cultural Sábados Negros, desarrollada en la librería Traficantes de Sueños. Se trata de un encuentro sobre los refugiados, centrado en tres momentos históricos:
El primero referido al final de la guerra greco-turca (1922). Esta guerra fue uno de los principales conflictos derivados de la Primera Guerra Mundial. Grecia combatió al lado de la Entente contra el Imperio otomano con la promesa británica de grandes concesiones en la costa de Asia Menor. Grecia vio factibles sus aspiraciones de la reconquista de todos los territorios históricos pertenecientes a los griegos como directos sucesores del Imperio bizantino. Pero el comandante Mustafa Kemal Atatürk, en 1922, logró vencer a las tropas griegas asentadas en Asia Menor.
Katastrofy es como todavía hoy llaman los griegos esta guerra: la destrucción de Esmirna y el éxodo de los griegos de Asia Menor. Un millón y medio de refugiados que, en los años posteriores al tratado de Lausana, afluyeron a una madre patria para nada feliz de acogerlos.

refugiados

Rebeico

Con ellos se trajeron una música y usos forasteros.Se llama rebético a la música de la ausencia, nacida de la rabia de un pueblo, el greco-turco, que en 1922 se vio desarraigado.

El segundo ha tratado el exilio republicano español (Guerra 1936-1939, posguerra y dictadura franquista). Durante la Batalla del Ebro y los meses posteriores, se produjo un movimiento de «retirada» a Francia. El gobierno de Daladier decidió abrir la frontera franco-española el 27 de enero y los refugiados pasaron través de los Pirineos por la Junquera, Portbou, Le Perthus, Cerbère y Bourg-Madame. Los historiadores han estimado en 465.000 exiliados en marzo de 1939.
Las autoridades francesas reagruparon a los refugiados en centros de «control» o de «clasificación» en la frontera, más tarde en campos de concentración, como los campos de Saint-Cyprien, Argelès-sur-Mer, Le Barcarès, Rivesaltes entre otros.
La acogida de los refugiados fue diferente en un lugar u otro: unos son bien recibidos y objeto de acciones de solidaridad, mientras que otros son vistos con desconfianza y hasta hostilidad en una Francia en crisis, con visos de xenofobia.
María Luisa Fernández, da testimonio de esta parte de la historia de España. Nació el 17 de enero de 1939 en Barcelona. Pasa con sus padres a Francia como refugiados el 7 de febrero de 1939. Separan a su padre y le internan en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer. María Luisa y su madre pasan por varios campos de refugiados y terminan en el campo de concentración de Rivesaltes. La familia puede reunirse en 1943.

María Luisa Fernández con su madre. Rivesaltes, Francia, 1942

El tercero gira entorno a la situación de los refugiados en la actualidad. La violencia, la miseria y el hambre han desplazado a millones de personas en el mundo. Las políticas migratorias de la UE han convertido al Mediterráneo en una vergonzosa fosa que se ha llevado 3.770 vidas a lo largo de 2015.
Se lanzan mensajes sobre el fenómeno migratorio que generan miedo, odio, racismo y xenofobia para justificar políticas y vallas como las de Hungría, Ceuta o Melilla.
El año 2015 ha sido uno de los más calamitosos que Europa ha conocido. Frente a centenares de miles de seres humanos que solicitan ayuda, la mayor parte huye de guerras civiles, la Comisión de Bruselas ha impuesto, a menudo, en contra de la voluntad de los Estados, recibir a 120.000, de los cuales 17.800 fueron asignados a España.

Representantes de la Red Solidaria de Acogida explican la situación actual en las fronteras de Europa, en los campos de refugiados y sobre las políticas de acogida por los gobiernos europeos.
NOTA: Síntesis de la información facilitada en www.traficantes.net

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CARMEN CONESA INTERPRETA MAGISTRALMENTE EL TEXTO DE MAX AUB

DE ALGÚN TIEMPO A ESTA PARTE

Entre el final de la Guerra Civil española y el comienzo de la II Guerra Mundial, Max Aub escribe este monólogo en el que se reflexiona sobre la identidad y la usurpación de la identidad.
Lo protagoniza una mujer que vive la anexión de Austria en 1938; le han quitado todo, es la usurpación que no la perdida. Su marido es víctima de la depuración producida en la Viena ocupada, su hijo muerto en Barcelona por los antifascistas, su casa expropiada y entregada a un vecino, ése con el que tenía amistad e intercambiaban favores domésticos.
A pesar de todo decide seguir adelante, vivir y sobre todo recordar: si no hubiese recuerdos, ¿para qué se viviría?, y sin falsos perdones vive recordando y odiando. La mujer que presenta Max Aub tiene, dicen el director y la actriz, un motor en el odio que le da fuerzas para sobrevivir. No quiere olvidar y no quiere que nadie la consuele; es lo único que le queda.
Una vez más el escritor invita a reflexionar sobre los totalitarismos que acaban con la convivencia.
Esta obra se puede ver hasta el 6 de marzo en el TEATRO ESPAÑOL

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En 1945, año bisagra entre el fin de la segunda Guerra Mundial y el larvado inicio de la Guerra Fría, el exilio republicano español libraría su última gran batalla diplomática para regresar a la España perdida. Sin otras armas que la palabra y la persuasión política, y gracias al apoyo brindado por México, aquellos refugiados lograrían que la España de Franco quedase fuera de las Naciones Uni-das y que el régimen franquista fuese sancionado moralmente por su complicidad con el derrotado nazi-fascismo.
Por eso y por más, 1945 se convertiría en uno de los años por excelencia en la biogra-fía del exilio y, en consecuencia, en la coordenada temporal que brinda anclaje a este libro. Este libro desentraña con exquisito rigor histórico las claves de esta compleja encrucijada histórica para poner al descubierto, entre otros múltiples aspectos, las tensiones internas en la fragmentada familia del exilio, las luces y sombras de sus nexos con el México posrevolucionario y, finalmente, las razones que acabarían con el exilio varado en los escollos de su propia realidad ante la impasible indiferencia de potencias como Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos.

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"Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que la de las personas célebres". Walter Benjamin