SUNDAY 25 OCTOBER 2020

París, 24 de octubre de 2015

Rose-Marie Serrano (Amigos de los Republicanos españoles en región parisina)

brigadas2Esta tarde nos reunimos unos amigos de los Republicanos españoles y por lo tanto de las Brigadas Internacionales en París delante de la placa que honra la memoria de  éstas en la avenida Mathurin Moreau para rendir homenaje a aquellos valientes hombres (y algunas mujeres) que  se fueron  de Francia y del mundo entero a defender la República española.

En efecto, como se dice en el libro  Le Colonel Fabien était mon père  (el Coronel Fabien era mi padre) de Monique Georges (traduzco) : «Comités de ayuda al  pueblo español se habían formado espontáneamente por  todas partes en Europa desde julio  y algunos voluntarios ya se habían ido a luchar por su propia iniciativa ; pero fue el 18 de septiembre de 1936 cuando la Internacional comunista, reunida en Moscú decidió « proceder al reclutamiento, entre los obreros de todos los países, de voluntarios que tuvieran una experiencia  militar para enviarlos a España ». El gobierno español dio su acuerdo y el 22 de octubre, publicó el decreto oficial de creación de las Brigadas Internacionales ».

   También leímos otro párrafo del libro que  precisa   que fue en el n° 8 de la Avenida Mathurin Moreau de París,  calle donde vivían los hermanos del que sería brigadista en España, Pierre Georges, «el  Coronel Fabien »,  « donde fueron acogidos los voluntarios franceses y extranjeros, por el Comité de ayuda a la España republicana ».

Una compañera nos leyó la página que concierne la creación de las Brigadas españolas  del libro  Voluntarios de la libertad, 50 poemas sobre las Brigadas Internacionales  (AABI, Severiano Montero): «  Desde el día 12 de octubre comenzaron a afluir a Albacete centenares de voluntarios que, en un primer momento, recibieron instrucción y alojamiento en Albacete…esa llegada de las BI (el 5 de noviembre a Madrid) es narrada por Neruda en un largo poema épico y exaltada por el soneto coral de Alberti ».

Después pasamos a leer unos párrafos del libro L’Espoir guidait leurs pas (La esperanza guiaba sus pasos) de Rémi Skoutelsky , a propósito de las motivaciones  ideológicas de los Brigadistas.

brigadas1Se explica (traduzco)  que decían los voluntarios internacionales dirigiéndose a la población española : « Lo que nos ha atraído en vuestros campos de batalla es, antes que nada, la conciencia de que vuestra causa es la nuestra y la de los  hombres libres del mundo entero y además la voluntad de alzar una protesta, no solo teórica, contra la intervención  de los gobiernos fascistas de Alemania e Italia que han dado a la guerra civil de España el carácter de una lucha general entre fascismo y antifascismo. »

También leímos  los « retratos de  mujeres » del mismo libro, en el que se mencionan mujeres que ejercieron sus actividades en los servicios sanitarios, como Yvonne Robert, quien dirigió el hospital de Benicassim ; Lise Ricol (London) , secretaria-intérprete ; Henriette Royer, secretaria del estado mayor ; Jeanne Oppman, comisaria del servicio de salud y también enlace en el estado mayor del 5° cuerpo d e Modesto ; Adèle Arranz, hija de españoles, quien transmitía los artículos  enviados por Georges Soria del frente a París ; Juliette Ténine, afectada al servicio d e salud de la 14 Brigada. Y muchas más.

 ¿ « Quiénes eran los Brigadistas » pregunta Rémi Skoutelsky ? Contesta : « Vinieron de todos los rincones del hexágono, decenas de comerciantes, de artesanos, de ejecutivos, de campesinos, centenares de empleados se mezclan a los asalariados, en las Brigadas Internacionales ».

 Leímos  además un extracto del libro de Pascal Convert titulado Joseph Epstein, bon pour la légende  (Joseph Epstein, bueno para la leyenda) en lo tocante a Théophile Rol, al que « su experiencia personal de las condiciones de trabajo de aprendiz le condujo  hacia el comunismo y hacia España ». Théo Rol fue brigadista, como Joseph Epstein, su amigo. Explica Pascal Convert que « el comisario   político de la 14 BI Tanguy rendiría homenaje  a la determinación de los combatientes añadiendo  a su nombre el del capitán Théo Rol, jefe del batallón « Comuna de París » de la 14 Brigada, muerto en el frente del Ebro.

También evocamos a Théo Francos que cuenta la batalla del Ebro. Dice Christine Diger en su obra  Un automne pour Madrid, histoire de Théo, combattant  pour la Liberté ( Un otoño por Madrid, historia de Théo, combatiente por la libertad),  dándonos el testimonio del brigadista nacido en Bayonne, de familia española :  (el paso del Ebro) « era la batalla de la esperanza y de la  desesperación  porque sabíamos que era el final. No podíamos rivalizar con ellos. Teníamos mucho valor pero el valor no bastaba ». Para evocar a su amigo Pierre, muerto en las últimas horas de la batalla de Ebro en la sierra de Caballs, Théo  Francos recordaba que cantaban  L’adieu (la Despedida),  un canto de las Brigadas Internacionales.

Silvio nos habló de los 2000 Brigadistas brasileños, de los que murieron muchos. Nos trajo una magnífica bandera tricolor de seda con la estrella de las Brigadas Internacionales, que enarbolamos  también junto a la placa.

Entre los  trágicos párrafos  históricos leídos  por los amigos, leímos  varios poemas emocionantes como la Canción de amor para las Brigadas Internacionales, de Julián Marcos :

brigadas3

«Pero otras muchas voces murieron por nosotros

y sus nombres ni siquiera están puestos

en una piedra grande.

Galopan estas voces hasta mi corazón.

En él tienen cabida ».

Otra amiga leyó  el poema La llegada a Madrid de la Brigada Internacional de Neruda

«Hermanos, que desde ahora

vuestra pureza y vuestra fuerza, vuestra historia solemne

sea conocida del niño y del varón, de la mujer y del viejo,

llegue a todos los seres sin esperanza,

baje a las minas corroídas por el aire sulfúrico

suba las escaleras inhumanas del esclavo,

que todas las estrellas, que todas las espigas de Castilla y del mundo

escriban vuestro nombre y vuestra áspera lucha

y vuestra victoria fuerte y terrestre como una encina roja.

Porque habéis hecho renacer con vuestro sacrificio

la fe perdida, el alma ausente, la confianza en la tierra,

y por vuestra abundancia, por vuestra nobleza, por vuestros muertos,

como por un valle de duras rocas de sangre

pasa un inmenso río con paloma de acero y de esperanza.

 Leímos Las puertas de Madrid de Miguel Hernández, (canto cuya música es de Lan Adomina), sacado del libro  Les musiques pendant la guerre d’Espagne (las músicas durante la guerra de España) : « Las puertas son del cielo/ las puertas de Madrid/cerradas por el pueblo/nadie las puede abrir ».

Manuel Ruiz Robles,  nuestro amigo, miembro  del colectivo ANEMOI nos leyó de modo muy expresivo los cantos : México en España (de Pascual Plá y Beltrán y Silvestre Revueltas) : « Dejamos las tierras de verde maíz ; /del valle de Anahuac/vinimos aquí,/a ganar con la sangre una vida sin par,/que forge la aurora de la  Humanidad » y otro bello Canto  a la Flota Republicana  (de Félix Vicente Ramos y Rafael Casasempre):

«Surca los mares de la nación/ la flota republicana /puesta su proa con decisión a rutas de salvación…sigue adelante, marino fiel/que serás el vigia, /y de la patria gran timonel /que libre al mundo del fascismo cruel ».

 Enrique también nos leyó con entusiasmo en alemán Das Thälmannlied de Erich Weinert et Paul Arma en honor a la Brigada llamada del nombre del dirigente comunista alemán.

Por fin cantamos varios cantos de nuestro repertorio en el aque nos gustaria poder integrar otra vez el de La Marcha de las BI,  (cuya letra -de Erich Weinert- y cuya música -de Carlos Palacio-  quisiéramos aprender) : La Marsellesa (pacífica), El himno de Riego (pacífico), el Paso del Ebro (mucho menos) entre ellos, antes de dar vivas a las Brigadas Internacionales, a la República y a la Tercera con gran  entusiasmo y convicción.

Satisfechos  de la presencia este año de todas las generaciones (estaban una niña de tres años en brazos de su madre jovencita, un joven historiador brasileño, un amigo nacido en 1936 quien nos leyó la magnífica despedida de la Pasionaria a las madres españolas llamándolas a que recuerden los Brigadistas Internacionales a sus hijos, «una vez cicatrizadas las heridas» , a que les hablen de ellos, «cuando hayan muerto los rencores… » ) , pusimos un segundo ramo tricolor a la bella placa de los Brigadistas, nos sacamos fotos  con todas las banderas tricolores y nos fuimos a charlar amistosamente un rato de nuestros proyectos y perspectivas de acción en 2016, que será el  80 aniversario de  los graves acontecimientos  que sucedieron en España, que originaron la marcha  solidaria y generosa de las Brigadas.

 

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INTERNAMemoria del cante flamenco de la Segunda República
Publicado por Álvaro Corazón Rural en:

la revista JOT DOWN

Cada vez que ha venido alguien extranjero a visitarme a España me ha pedido que por favor le lleve a escuchar flamenco. Pero no a un sitio para turistas, sino «donde lo escucháis vosotros». He tenido que explicar una y otra vez que no es precisamente mayoritario el español que el viernes noche se va a escuchar flamenco, que muchos españoles no han pisado una juerga flamenca en su vida, que la música más genuina del país, con la que se adornan los anuncios de «visite España», le resbala a la mayoría. Incluso que es más frecuente el que te suelta un repugnante y medio racista «me gusta la guitarra, pero no la voz» que quien distinga y admire los palos del flamenco.

Porque tenemos asumido que el flamenco es un género minoritario. Diego Manrique siempre ha reiterado en su columna que Camarón vendía muy poco en España. Y encima, La leyenda del tiempo, el disco que ahora todo el mundo dice admirar, los gitanos iban a devolverlo al Corte Inglés quejándose de que ese no era Camarón, o su Camarón. Sí que debe de haber razones objetivas para el desapego del español medio hacia esta música. Para empezar, que no se disfruta de forma instantánea, hacen falta años profundizando si no se ha mamado de cuna. Pero en la triste historia de España quizá haya un hecho determinante: Franco.

Cierto es que con la cantidad de sangre que corrió en el genocidio español, las familias que se separaron y las vidas que se truncaron, puede resultar obsceno preguntarse por cómo habría sido la evolución del cante flamenco en nuestro país sin el conflicto. Pero si este apartado de nuestra cultura popular cambió para siempre tras la guerra civil, fue precisamente porque buena parte de estos artistas eran afines a la república y como tales fueron asesinados, represaliados o desaparecieron. Lo mismo que su arte, cuyo contenido social y político fue silenciado y prohibido durante el régimen.

Para Juan Vergillos, historiador del flamenco, existe un antes y un después en el cante con la destrucción del estado democrático de 1931: «El cambio fue absolutamente radical. Franco se ocupó de despolitizar el flamenco y convertirlo en un fenómeno étnico en lugar de político. También con la Segunda Guerra Mundial cundió el miedo en todo el planeta, el miedo al otro, y surgió el arte de los gitanos, de los negros, etc. Antes el arte era arte, no tenía un color específico».

En el impagable ensayo de Alfredo Grimaldos Historia social del flamenco (Península, 2010) se documenta que ya en los inicios del siglo XIX sucesos de gran importancia política como la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis o el fusilamiento de Torrijos fueron recogidos por el cante de la época, que se alineaba con la revolución liberal española. Y en el libro del doble cedé Cantes y cantos de la República, editado por Marita y la Agencia Andaluza del Flamenco, se hace referencia a los cantaores de los años treinta como precursores de la canción protesta que conquistó los mercados de todo el mundo en la era hippie. «Este tipo de cuestiones está en el flamenco desde su origen», opina Vergillos, «ya cantó Siverio la “Seguiriya de Riego”, pero lo que pasó a partir de 1931 es que por fin se podía hablar abiertamente de estos temas».

Hasta el punto de que la exaltación de la República y sus héroes o de la bandera tricolor y las referencias a problemas sociales llegaron a convertirse en una moda propiamente dicha, un género en sí mismo. «Gran parte de los flamencos eran gente del pueblo, así que la mayoría se alineó con el nuevo régimen. También fue una moda, no estrictamente flamenca, sino española, y algunos se sumaron por seguirla, claro. Tal y como señaló Pericón de Cádiz en sus deliciosas memorias, donde comentó que él cantó letras reivindicativas para llegar a un público mayor», explica este historiador.

Así aparecieron los fandangos republicanos y sus derivados, la mayoría grabados por discográficas de Barcelona. El flamenco había alcanzado gran relevancia en esta ciudad desde la Exposición Universal con la apertura de nuevos locales con espectáculos dirigidos tanto al público local como al primer turismo y visitantes de la aristocracia europea, como relata Montse Madrilejos en la revista de investigación sobre flamenco La Madrugá (nº2, junio 2010). Estos sellos juntaron a los guitarristas locales más importantes del momento, como Pepe Hurtado, Manolo Bulerías y Miguel Borrull hijo, con los cantantes que más frecuentaban Cataluña y aprovechaban su estancia para grabar.

Uno de ellos era Manuel Vallejo, autor del primer disco dedicado a la Segunda República con música del maestro Quiroga, un fandango en recuerdo de los militares republicanos sublevados en Jaca en 1930, Galán y García Hernández, fusilados inmediatamente después. También Chato de Ventas, el Gran Fanegas o el Guerrita registraron piezas de adhesión al nuevo régimen, como la de este último, murciano, «España es republicana, de matices tricolor».

Quiero decir con pasión
este fandango que canto.
Quiero decir con pasión
España republicana
y lo es de corazón.
¡Abajo la ley tirana!
De matices tricolor
España tiene bandera
de matices tricolor
amarillo, rojo y lila
colores que son de amor
¡Juntarse a nuestras filas!

Poco después, en 1932, Pastora Pavón Cruz «la Niña de los peines» tomó un invento del Niño de Marchena, el cante por colombianas, y creó una variante festera que tituló «La bandera de mi patria», una de las composiciones más bonitas y desgraciadamente olvidadas de la época, donde el entusiasmo republicano llegaba a tomar cierto cariz de nacionalismo español. Un impulso del que surgieron sindicatos de artistas y recitales comprometidos con los trabajadores.

Niña de los Peines – La bandera de mi patria (Colombianas)

Acompañada a la guitarra por Niño Ricardo.
Unas de las primeras grabaciones conocidas de la colombiana.

«El flamenco en la República era la música popular. El primer cine sonoro en España es cine musical y más en concreto cine flamenco, protagonizado por Angelillo, Niño de Utrera, Guerrita. Algunas de estas películas las dirigió Luis Buñuel, entonces afiliado al PCE. Eran artistas muy populares y la guerra los sumió en un olvido lamentable», cuenta Vergillos.

Porque el 18 de julio de 1936 cayó sobre ellos con la misma crueldad que sobre el resto de españoles. Fue el propio barrio de Triana, una de las cunas del flamenco, uno de los primeros escenarios de la guerra. Sus defensores resistieron hasta el día 21 a los regulares, que se ensañaron con la población civil violando, saqueando y asesinado a sangre fría.

En estos días negros, Juanito Valderrama, por ejemplo, cavó trincheras en un batallón de fortificaciones hasta que logró dejar el pico y la pala cantando para las tropas canciones tradicionales cuyas letras, como él sabía muy bien, serían del gusto de la CNT. En la Barcelona revolucionaria del 37, documenta Madrilejos, «la gran mayoría de cantaores, bailaores y guitarristas flamencos se amoldaron a las corrientes políticas dominantes en cada momento. En unos casos la actitud adoptada se debió a consideraciones de tipo ideológico, en otros a simple oportunismo político, cuando no a puro instinto de supervivencia. No faltaron aquellos que se posicionaron fundamentalmente por el deseo de satisfacer al público al que se dirigían, ni los que se vieron envueltos en conflictos que no entendían o no querían entender».

El Chato de Ventas, el cantaor de Lavapiés, recordado por sus milongas humorísticas, entre ellas una sobre el estatuto de Cataluña, volvía de una gira por Andalucía cuando fue apresado mientras pasaba la noche en Cáceres. Se difundió el bulo de que había muerto «de un susto» ante el anuncio de su fusilamiento, pero Manuel Cerrejón, productor del aludido Cantes y cantos de la República entrevistó a su nieta y le contó que le ejecutaron fusilado como los demás. En la partida de defunción, no obstante, escribieron que falleció por una insuficiencia cardíaca. Y Corruco de Algeciras, natural de La Línea, autor de fandangos republicanos como «Lleva una franja morá», murió en el frente de Balaguer en la batalla del Segre en 1938. Solo tenía veintiocho años.

Lleva una franja morá,
triunfante nuestra bandera,
lleva una franja morá,
la conquistó España entera:
por Hernández y Galán
rompió España sus cadenas.

Antonio García «Chaconcito», niño prodigio del cante, murió en el frente de Madrid, combatiendo y cantando coplas contra los nacionales. Antonio Pérez Guerrero «el Sevillano» fue internado en el campo de concentración de las Agustinas. Incluso el propio Ramón Perelló, autor de la letra de «Mi jaca», la canción que más se escuchó en ambos bandos durante la contienda, fue encarcelado en el Puerto de Santa María.

En otros casos, los artistas vieron morir a sus familiares. Luis Caballero, cantaor payo, fue encarcelado con diecisiete años al inicio de la guerra. Su padre era sindicalista y republicano. Desde la ventana de su celda, Luis pudo ver un día a su madre caminar por la calle de luto y descompuesta, así supo que habían fusilado a su padre. También el bailaor eterno Farruco cuenta en una entrevista con Alfredo Grimaldos que su padre fue comandante de un batallón de la 30ª Brigada Mixta del Ejército Popular Republicano y por eso fue fusilado en Madrid con treinta y cuatro años. Había mandado un batallón de payos y gitanos en la defensa de la capital. Su madre, mientras tanto «con el pelo corto y mono azul de miliciana”» cavó trincheras en Madrid y por ese motivo sufrió cuatro años de cárcel.

«Nadie se ocupó de reivindicar todas estas figuras en la posguerra y al final su memoria se olvidó», rememora Vergillos. El flamenco tuvo que empezar de cero después de la guerra. «Las estructuras del flamenco habían volado por los aires, los circuitos de recitales, etc. Como el propio Juanito Valderrama dijo “donde antes cantábamos, las plazas de todos, estaban fusilando a la gente”. Él mismo tuvo que reconducir su carrera hacia la copla, que era el único formato musical posible en la inmediata posguerra».

Se podría decir, además, que al final de la guerra en el mundo del flamenco hubo una fuga de cerebros: «En la guitarra se fueron, para no volver, Sabicas o Esteban de Sanlúcar, este un poco más tarde. En el cante, Angelillo, que era la gran estrella de los treinta, Niño de Utrera, el Pena… Pero es que en el baile se fueron todos, hasta Carmen Amaya. La Argentinita murió en Nueva York. Y la Argentina, en Biarriz. El baile flamenco de antes de la guerra se codeaba con Picasso, Falla, Dalí o Lorca, artistas que trabajaban para el flamenco, o los flamencos para ellos. Esto no volvió a ocurrir hasta los años setenta».

No se puede negar, por otra parte, que no hubiera casos desgraciados en sentido inverso. Juanito de Marchena, al que alistaron a la fuerza el bando republicano, estuvo entre los que se unieron a la «Columna flamenca» de Jaén, que iban cantando a las tropas o en los teatros colectivizados. Una noche discutió con un sargento, fue enviado al frente y tras confesar a sus compañeros de trinchera que era de derechas, esperaron a que tratara de cruzar al otro bando para matarlo. O el caso de Luis Llace, un gran guitarrista a juicio de Vergillos, que solo porque le gustaba «vestir elegantemente», en el Madrid sitiado, recibió tal paliza que murió a los pocos días.

Pero con la implantación del nuevo régimen, el silencio imperó para todos. El contenido social desapareció del cante, lo mismo que sus reivindicaciones. Casos como los de Bizco Amate, destacados en el libro de Grimaldos, solo pudieron darse en la más absoluta marginalidad. Este cantaor, gitano de Sevilla, vivía debajo de un puente y frecuentaba constantemente las comisarías. Suya fue esta pieza en la que sobrevivía la tradición contestataria del género:

A mí me preguntó un juez
que de qué me mantenía
yo le dije que robando
como se mantiene usía,
¡pero yo no robo tanto!

La conciencia de la masacre perpetrada contra ellos no se puso de manifiesto hasta 1968, cuando José Menese tuvo el valor de cantar su «Romance de Juan García», nombre con el que se refería a todos los que sufrieron el paseo. A los braceros que fueron ejecutados in situ en Andalucía por falangistas e hijos de señoritos a caballo que bromeaban diciendo que aquellas batidas eran la verdadera «reforma agraria», que por fin los campesinos iban a tener un trozo de tierra para ellos.

Fue sentenciado Juan García
a golpes de mosquetón
primera noche de agosto
sin jueces ni defensor.
No era por miedo su llanto
porque llorando salió
llorando porque dejaba
lo que en su casa dejó.
Lo sacaron amarrao
y amarraíto quedó
a dos pasos del camino
en el camino de Morón.
Así murió Juan García
testamento no escribió
pero lo que Juan dejaba
el pueblo lo recogió.

El olvido de todos estos artistas ha servido para establecer la que para Vergillos es la gran polémica «política» actual del flamenco: «La de los que pretenden que es un arte de la caverna, un arte marginal, minoritario, y los que creemos que en otro tiempo fue el arte más popular de España, y que se codeaba con los artistas de vanguardia en los veinte y los treinta; los que creen que es patrimonio de unos cuantos y los que pensamos que es un lenguaje a disposición del que tenga algo que decir». Una constatación más de que el genocidio en España no solo derramó sangre, sino que también aniquiló la esencia cultural de nuestro pueblo.

 

 

 

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Manuel Azaña murió en el exilio en Montauban (Francia) el 3 de noviembre de 1940, tenía 60 años. Es recordado, fundamentalmente, por ser el presidente de la II República Española en el periodo más doloroso; 1936-1939. Pero Azaña, además, fue Presidente del Gobierno (1931-1933) Ministro de Guerra, diputado en varias legislaturas… y gran escritor; obtuvo el Premio Nacional de Literatura (1926).
Tanto en la política como en la literatura y en el campo del Derecho (pertenecía a la Academia de Jurisprudencia) defendió con convicción la libertad y universalidad de la enseñanza, la igualdad entre los ciudadanos, el sufragio universal, la libertad de asociación de los trabajadores, la democracia parlamentaria, la justicia social, el fin del caciquismo y la reforma agraria, el Estado federal, el divorcio y la democratización del ejército, como cuestiones básicas a alcanzar mediante la unión de los partidos de izquierdas bajo un Estado laico y soberano, estableciendo como única forma de gobierno democrático la república.
Es indescriptible el dolor que le produjo como demócrata, republicano y sobre todo como Presidente el golpe de Estado fascista del 18 julio de 1936. Intentó por varias vías diplomáticas frenar la masacre que suponía esa guerra. Es famoso su discurso dos años después un 18 de julio en Barcelona donde llamaba a la reconciliación con la consigna “paz, piedad, perdón”.
A pesar de su clara visión de cómo se desarrollaban los acontecimientos y cuál sería el desenlace dio un ejemplo más de su talla como político no dimitiendo como Presidente de la República; sus destinos estaban unidos. En sus escritos deja constancia de ello: La rebelión militar es un crimen de lesa humanidad. No existe ninguna justificación para una guerra (lo denomino delito) aunque fuesen ciertos todos los males de los que acusan a la República. La República es la legalidad. Además de estas reflexiones políticas, había una humana de gran peso para Azaña; no dimitía por respeto a los combatientes.
El 5 de febrero de 1939 el Presidente salía camino del exilio, como tantos miles de españoles, pasando a Francia por el puesto de Chable-Beaumont. En junio se instala en Montauban por ser zona libre en una Francia dividida; su familia y amigos, en zona ocupada por el ejército nazi, fueron detenidos por la Gestapo con ayuda de la Falange que también intentó la detención de Azaña. El embajador de México lo protegió hasta el último momento; cuando falleció M. Azaña al año siguiente, Petain prohibió un entierro de Jefe de Estado e imponía la bandera rojigualda en el féretro. Ante tan gran ignominia el Embajador de México Luis I. Rodríguez Taboada anunció “Lo cubrirá la bandera de México; para nosotros será un privilegio; para los republicanos, una esperanza; y para ustedes una dolorosa lección”.

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In memoriam Lény Escudero

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Lény Escudero Vivre pour des idées

Lény Escudero – Vivre pour des idées

Hace apenas unos días ha fallecido Joaquín Escudero, más conocido por su nombre artístico Leny Escudero. En 1939, junto con sus padres republicanos, se exilió en Francia cuando tenía siete años. Refugiados en Mayenne, Leny vivió su infancia y juventud en esta pequeña ciudad hasta su traslado a Paris. Autor, compositor e intérprete era considerado un gran poeta. Fue un cantante popular muy comprometido; en “Vivir para las ideas” trata la guerra de España o en “Planeta loco” denuncia las dictaduras, nunca renunció a sus convicciones comunistas negándose a participar en las modas de la música y en los show-business, por más lucrativos que fuesen y ello le supusiese pérdida de contratos. Aunque su carrera de cantautor le dio la fama internacional, también participó como actor en numerosas películas y series de televisión. Tenía el premio de la Academia Charles Cros. La ministra de Cultura de Francia, Fleur Pellerin, le describió, en un comunicado, como «uno de los mejores cantautores de su generación» capaz de «encarnar la poesía de la vida» en sus partituras con «aires tiernos y melancólicos».

Desde la Asociación de Descendientes del Exilio Español reconocemos, agradecemos y no olvidamos la labor de Leny Escudero en pro de la libertad y la democracia.

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Los próximos días 5, 6 y 7 de noviembre, fechas próximas a la muerte del Presidente Manuel Azaña, se celebrara en Montauban una edición más de las Jornadas (las décimas) de la Asociación Prèsence de Manuel Azaña. Organizadas en cuatro mesas de trabajo temáticas: El gran dilema y las instituciones; las fuerzas sociales y políticas; la guerra y la revolución y la democracia y los intelectuales. Sobre estos temas debatirán expertos de diferentes universidades tanto españolas como francesas.

Programa de las 10ª Jornadas Manuel Azaña   Coordonnées GPS : lat. 44° 1′ 30″ – long. 1° 22′ 9″

 

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CHARLA CON INMORTALES | Lydie SALVAYRE con Georges BERNANOS

Lunes 28 de septiembre a las 20:00
Teatro del Institut français de España en Madrid – C/ Marqués de la Ensenada, 10
Reserva en libro@institutfrancais.es

La ganadora franco-española del último Premio Goncourt por su novela Pas pleurer (ed. Seuil), rendirá un homenaje al famoso escritor francés Georges Bernanos, primero a avor y luego en contra del franquismo durante la guerra civil española. Hija de una pareja de republicanos españoles (padre andaluz y madre catalana) en exilio en Francia y escritora consagrada, traducida en más de 20 países, Lydie Salvayre explicará lo que la llevó a mezclar, en su obra, la voz de su propia madre con la del autor de Grands Cimetières sous la lune (Grandes Cementerios bajo la luna), usando un conmovedor e impertinente frañol. Contaremos con la presencia de Mercedes Allende Salazar, Filósofa, para moderar el evento.

PAS PLEURER

Lydie Salvayre narra en No llorar la historia de su madre, Montse, nacida en un pueblo de Lérida, que en 1936, con apenas quince años, se va a Barcelona con su hermano anarquista. En la ciudad la joven vivirá el despertar al amor y el júbilo revolucionario de
los días posteriores al estallido de la Guerra Civil. En la novela se conjuga el presente desde el que Montse desgrana sus recuerdos de aquellos maravillosos días de libertad de
agosto del 36 con la narración de la estancia de Georges Bernanos en Mallorca y su proceso de escritura de Los grandes cementerios bajo la luna –la condena de un católico durante la sangrienta represión fascista–. Montse Monclús narra la vuelta de Barcelona a su tierra natal y su matrimonio. A través de la resurrección de la lengua materna, con su prosa Salvayre construye un apasionante relato coral sobre el complejo entramado político de la Guerra Civil, y sobre el exilio y la herencia que dejó a los hijos de los que tuvieron que dejar España para salvar sus vidas. Como si la primera marcha de Montse de su pueblo natal hubiera marcado para siempre un destino en fuga.

 

LYDIE SALVAYRE

Lydie Salvayre, nacida Lydie Arjona en Autainville en 1948, es una escritora de lengua francesa. Es hija de una pareja de republicanos españoles que llevan desde el final de la uerra Civil Española en exilio en el sur de Francia. De padre andaluz y de madre catalana, pasa su infancia en Auterive, cerca de Toulouse, en una humilde colonia de refugiados españoles. El francés no es su idioma materno, pero lo descubre y se familiariza con él a través de la literatura. Después del bachillerato, estudia Letras en la Universidad de Toulouse. En 1969, empieza los estudios de Medicina. Después de conseguir sus diplomas de Letras y de Medicina, se especializa en psiquiatría en Marsella donde ejerce varios años como psiquiatra en la clínica de Bouc-Bel-Air. Lydie Salvayre empieza a escribir a finales de los años setenta y, a principios de los años 80, publica sus textos en unas revistas literarias de Aix-en-Provence y de Marsella.
Su obra La Compañía de los espectros, está galardonada en 1997con el Premio Novembre y la revista literaria Lire la elige “Mejor libro del año”. Lydie Salvayre recibe el Premio François Billetdoux por su novela B.W. En 2014, gana el Premio Goncourt con su novela No llorar, que trata de la Guerra civil española a través de las figuras del escritor Georges Bernanos y del personaje de Montse, inspirado por la propia madre de Lydie Salvayre, que le cuenta a su hija la Revolución libertaria de 1936 en la cual había tomado parte. Su obra ha sido traducida a unos veinte idiomas.

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"Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que la de las personas célebres". Walter Benjamin