SATURDAY 22 SEPTEMBER 2018

Ya quedan solo 20 días para la inauguración del nuevo monumento a las Brigadas Internacionales en Vicálvaro. Con él, y con el monumento de la Ciudad Universitaria, queremos dejar una huella permanente del paso por Madrid de aquellos miles de jóvenes de todo el mundo que vinieron a defender la República democrática y la libertad del mundo amenazado por el fascismo. Imagen virtual  del monumento.

No está de más recordar que este monumento estaba previsto inaugurarse el pasado año con motivo del 80 aniversario de la fundación de las Brigadas Internacionales y que no pudo hacerse debido a ciertas dificultades técnicas. Sí conviene recordar que la inauguración se hará 81 años después de la llegada a Vallecas y Vicálvaro, el día 5 de noviembre de 1936, de la XI BI con el fin de contribuir a la defensa de Madrid. Ver artículo publicado en nuestra web.

El pasado mes de septiembre lanzamos una campaña a través de Verkami a través de la cual recogimos 3370 euros. Esta cantidad se suma a las aportaciones, provenientes de amigos de todo el mundo, que hemos venido recibiendo desde el año pasado al objeto de financiar el monumento. Si no participaste, aún estás a tiempo de colaborar con tu aportación voluntaria en esta cuenta:

IBAN: ES31 2038 0603 2760 0676 8006

BIC: CAHMESMMXXX

–       Nuestro amigo americano Randall Scamardo presentará en la librería Traficantes de Sueños su libro La España de Alvah Bessie. Será el viernes 3 de noviembre a las 19:30 h.

–       Proyección del documental Brigadistas. Solidarios de leyenda en el Círculo de Podemos de Carabanchel – Latina. C/ Castellflorite, 3. Madrid. Metro Carabanchel. Viernes 3 de noviembre a las 19h.

– Os invitamos a colaborar en la edición del libro Verano español, de Nordhal Grieg.

Os esperamos el domingo 5 de noviembre a las 12h en el Jardín de las Brigadas Internacionales. Calle San Cipriano s/n. Frente al metro de Vicálvaro.

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Reseña trascrita del digital infolibre.es

  • Alberto Reig denuncia la pervivencia de los miasmas que se esparcieron en los relatos acuñados en la mitología aceptada por el franquismo
  • Lo que se conoce como “revisionismo” es el intento de volver a los orígenes: la República fue un desastre; la Guerra Civil fue inevitable

Desde hace muchos años Alberto Reig, catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, ha dedicado especial atención al fenómeno de la regresividad en el relato sobre la República, la Guerra Civil y el franquismo. Entiendo por regresividad la vuelta hacia atrás, desdeñando los progresos realizados en la recuperación documentada y contrastable de todo ese pasado agónico y controvertido.
Cualquier obra de historia es, por supuesto, una construcción. En general se basa en la combinación de factores hermenéuticos y heurísticos perfectamente determinados. Cuentan, en particular, la personalidad del investigador, su trayectoria, su formación técnica, su experiencia y, no en último término, su ideología; la naturaleza de los temas sobre los que proyecte su atención; el mayor o menor cuidado en la identificación, selección y tratamiento de las fuentes; la comparación de su relato con el de sus pares y, no en último término, su curiosidad por enriquecer en la mayor medida posible el acervo de conocimientos contrastables. No todo lo que se escribe sobre el pasado es historia ni tampoco coincide con la aplicación de protocolos o cánones reconocidos en la profesión. El vínculo con las fuentes es, en ellos, fundamental.
Alberto Reig ha publicado hace unos meses, en la prestigiosa editorial Siglo XXI de España, un nuevo libro contra las distorsiones en los relatos de varios autores (algunos son incluso historiadores profesionales) que más que historia escriben “historietografía”, un neologismo por él acuñado y que servidor a veces le ha tomado prestado. Con él denota a pervivencia de los miasmas que se esparcieron en los relatos acuñados en la mitología aceptada por el franquismo y mantenida hasta la fecha con artilugios conceptuales y del estilo para salvar de ella lo que en la actualidad puede parecer mínimamente salvable. Esto significa la negación del progreso en materia de conocimiento histórico, ya sea por capas, estratos o etapas sucesivas, y la subsistencia de una supuesta “verdad” supra-temporal, tal y como la definió la necesidad de Franco y sus adláteres de explicar los orígenes de la Guerra Civil, los determinantes esenciales de su evolución y su imbricación con una dictadura de casi cuarenta años.

Tal regresividad es algo que no constata solo Alberto Reig. Santos Juliá, por ejemplo, ha escrito abundantes páginas al respecto, reconociendo que los acuerdos centrales a los que parecíamos haber llegado los historiadores hace 15 o 20 años han saltado por los aires. Si algún lector acude a los DVDs de “España en guerra” y escucha los comentarios que acompañan las imágenes podrá tener una idea de cuáles eran. No en vano el equipo de redacción insistió en que la imagen debía ajustarse al texto y tal texto fue consensuado entre los 14 o 15 historiadores que participamos. Nunca se ha publicado —una lástima— y quizá no estaría de más que alguien lo pusiera al día porque es un hecho que la investigación histórica no ha dejado de progresar en los últimos 30 años.

Se han enhebrado numerosas explicaciones de por qué ha sucedido lo que ha sucedido y se ha explicado desde múltiples ángulos: sociología, ciencia política, sicología social, sicoanálisis y, por supuesto, la historia misma. En el bien entendido de que España no es un país extraño en el que ocurran esas cosas extrañas. Ejemplos hasta cierto punto similares han figurado de forma prominente en los últimos tiempos en Italia o Estados Unidos, que también atravesaron por guerras civiles desgarradoras y que tienen la ventaja de no ser casos demasiado exóticos. El hilo común son los cambios políticos y parapolíticos acaecidos en las respectivas sociedades: los triunfos de Berlusconi o de Trump han reabierto grietas que parecían cerradas. El del PP en las elecciones de 1996 favoreció la regresividad autóctona e incluso foránea, entre algún que otro historiador extranjero. Pero lo que en España desató una contraofensiva fue el incesante goteo de informaciones, que han calado en un amplio sector de la sociedad, sobre los horrores, hasta entonces silenciados, de la represión franquista en la guerra y en la postguerra. El fenómeno de las tumbas olvidadas, los relatos sobre ejecuciones sumarias y la farsa de los consejos de guerra (incluido el TOP de años posteriores) han lastrado para siempre las versiones unilaterales franquistas sobre los “desmadres” de la represión republicana, reducida a la mitad o a un tercio del volumen propagado por los cuentistas de la dictadura.

El objeto de la ira para Alberto Reig es, pues, el mal llamado “revisionismo” patrio. Digo mal llamado porque la investigación histórica genuina es siempre revisionista. No puede ser de otra manera. Los progresos en historia dependen del descubrimiento de nuevas fuentes y de la aplicación de construcciones conceptuales y metodológicas que se encuentran en proceso de cambio. Entre ambas variables existe una interacción constante. Hace años surgió la preocupación por el factor género en los estudios históricos. Su aplicación abrió toda una serie de fuentes nuevas o permitió “revisitar” las ya conocidas. Hoy las construcciones culturales están de moda. Han permitido generar nuevos conocimientos y nuevas interpretaciones. La historia se mueve y del pasado puede decirse que hoy ya no es lo que era ayer. Es la demostración del auténtico revisionismo en la investigación.

Lo que en el discurso vulgar suele pasar por “revisionismo” es el intento de volver, en la medida posible, a los orígenes: la República fue un desastre; la Guerra Civil fue inevitable; se ganó gracias al genio de Franco; el régimen subsiguiente fue una dictadura rápidamente atemperada; el franquismo favoreció la evolución económica y social de España; creó una amplia clase media y, en definitiva, sentó las bases de una última “regeneración” (a veces se dice que sin proponérselo conscientemente) que acomodó una transición más o menos inevitable, ya que “no podía haber franquismo sin Franco”. En una aplicación del método más tautológico posible se afirma que sin Franco no es concebible la España de nuestros días. Algo como decir que sin Hitler no se comprende la Alemania de hoy. ¿Conclusión? Habría que elevar a ambos todas las estatuas posibles, aunque en el segundo caso con extremo cuidado y solo metafóricamente porque en Alemania sería un delito previsto en el código penal. Por su parte, en España han ido desapareciendo las razones que hubo en su momento (aunque, algunos pensarán, siempre quedan los corazones y la necesidad de oponer una “contramemoria” o un contrarrelato que sirva de baluarte para los convencidos, aquellos a quien se refería Ricardo de la Ciervacomo los que no deseaban que les robaran “nuestra historia”). Todo para ganar puntos en la pugna político-ideológica de nuestros días.

Alberto Reig, estudioso preciso e inmisericorde del historiador de cámara de Franco, ha leído la extensa obra de numerosos “revisionistas” y camelistas. Aplica un método de análisis y contextualización implacable para poner al descubierto sus miserias, sus contradicciones y su desprecio por los hallazgos según los protocolos metodológicos generalmente aceptados. No deja títeres con cabeza y sigue a rajatabla la máxima de “al pan, pan y al vino, vino”. ¿Por qué andarse con elucubraciones y palabras de buen tono para quienes falsean ese pasado que en su totalidad es incognoscible, pero del que conocemos un retazo cada vez más amplio, incluido su lado más sombrío?

Los afectados (siempre con menos títulos) se quejarán, tal vez, del sarcasmo y de la ironía del profesor Reig. Pero, ¿por qué deberían extrañarse? Han elaborado con denuedo su aportación a la regresividad en las condiciones creada por unas autoridades que no han sido capaces de proseguir la desclasificación de fuentes todavía cerradas a la investigación. Con excusas grotescas o, ahora, simplemente sin excusas. ¿Conocen los lectores alguna manifestación de, valga el caso, la señora ministra de Defensa explicando razonablemente por qué no continúa con la política de apertura de archivos que se detuvo con su nunca olvidado predecesor? ¿Y qué decir de los archivos del Ministerio de la Gobernación?

Si los lectores quieren pasar un buen rato, reírse (o llorar, según se mire) de la regresividad de autores que suelen mostrarse muy activos en las redes sociales y en ciertos medios de comunicación, perfectamente identificados con sus escasas grandezas y abundantes miserias tendrán pocas posibilidades más entretenidas de hacerlo que si repasan las suculentas páginas que Alberto Reig nos ha entregado. En ellas verán reproducidas muchas de sus afirmaciones en una amplia gama que va de la idiotez pura y dura a una incomprensible autosuficiente metodológica. Sin el menor recato declaro ser un admirador de la inmensa paciencia de que el catedrático de Tarragona ha hecho gala para no estallar y sí para escribir una obra sardónica y divertida. No se la pierdan.

*Ángel Viñas es historiador. Sus últimos libros, Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco (Crítica, 2016) y La otra cara del caudillo (Crítica, 2015).

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Allez,  Allez…! es un Libro – Disco publicado recientemente donde se recoge el Cancionero Popular de los Refugiados Republicanos Españoles en los campos de concentración franceses.

En el interior del libro, además del disco, encontrarás como obsequio, un póster del AUCA DEL REFUGIAT, editado en 1944 por las Brigadas Internacionales en Toulouse, y que hemos rescatado también para esta edición.
Para adquirirlo escribe  al correo: cucoperez@cucoperez.com

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Foto de Negrín en la Sociedad de Naciones. Fondo Archivo de la Fundación Juan Negrín

 

“Hemos sido las primeras víctimas. Tened cuidado. No seremos las únicas”, afirmó Juan Negrín el 14 de septiembre de 1937 en Ginebra, ante los periodistas acreditados en la Sociedad de Naciones.

Fue el primero de los tres discursos que ofreció el jefe de Gobierno de la República ante el organismo internacional, cuatro meses después de acceder al cargo y 16 antes de perder la guerra.

Hace ahora 80 años, Juan Negrín López (las Palmas de Gran Canaria 1892- París, 1956) acudió a Ginebra para exigir a los países miembros de la Sociedad de Naciones (SDN) la retirada de las tropas extranjeras del conflicto español.

Con motivo de este aniversario la Fundación Juan Negrín publica los tres discursos en su página web en la fecha en la que fueron leídos: el primero ante la Asociación Internacional de Periodistas acreditados en Ginebra, mañana 14 de septiembre; el segundo, dirigido al Consejo de la SDN, el día 16, y el tercero pronunciado ante la Asamblea, el próximo lunes 18 de septiembre.

Ante los periodistas acreditados en Ginebra, Negrín alaba a la buena prensa, denuncia a los “maestros en el arte de la trapacería” y afirma que “la esperanza” de su país es que “la verdad (…) acaba por imponerse”.

Al Consejo le habla del “criminal bombardeo de Almería” por parte de Alemania, y le indica con ironía que “sería preciso “prescindir de la ficción según la cual las agresiones a los barcos mercantes en el Mediterráneo son una especie de fenómeno de la naturaleza”, cuando son obra de Italia.

Ante la Asamblea distingue entre los “voluntarios de veras”, que acuden en defensa de la República “convencidos de que la causa de España es la causa de la libertad mundial”, y “las divisiones italianas; los artilleros, aviadores y tanquistas alemanes, los contingentes marroquíes”, a los que sin razón también se ha pretendido llamar “voluntarios”.

Según expone el historiador Enrique Moradiellos, esta fue la tercera ocasión en la que la Sociedad de Naciones -antecedente de las Naciones Unidas- trató el conflicto español, siempre sin éxito para los intereses de la República.

Negrín denuncia en Ginebra “la ficción de la no-intervención” que ata de pies y manos a la República mientras Italia y Alemania campan a sus anchas.

“La amistad de Alemania e Italia a los rebeldes no es otra cosa que un pacto de ocupación”, proclama ante la Asamblea general de la Sociedad de Naciones.

El presidente español reclama que la Sociedad de Naciones reconozca y ponga fin a las agresiones de Alemania e Italia sobre España, la retirada de los combatientes no españoles, y que se devuelva al Gobierno español su derecho a adquirir armas, esenciales para combatir a los rebeldes.

Los tres discursos fueron publicados en el volumen “Textos y discursos políticos. Juan Negrín”, dirigido por Enrique Moradiellos y editado por la Fundación Juan Negrín y el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (Madrid, 2010).

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"Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que la de las personas célebres". Walter Benjamin

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