TUESDAY 23 JANUARY 2018

INTERNAMemoria del cante flamenco de la Segunda República
Publicado por Álvaro Corazón Rural en:

la revista JOT DOWN

Cada vez que ha venido alguien extranjero a visitarme a España me ha pedido que por favor le lleve a escuchar flamenco. Pero no a un sitio para turistas, sino «donde lo escucháis vosotros». He tenido que explicar una y otra vez que no es precisamente mayoritario el español que el viernes noche se va a escuchar flamenco, que muchos españoles no han pisado una juerga flamenca en su vida, que la música más genuina del país, con la que se adornan los anuncios de «visite España», le resbala a la mayoría. Incluso que es más frecuente el que te suelta un repugnante y medio racista «me gusta la guitarra, pero no la voz» que quien distinga y admire los palos del flamenco.

Porque tenemos asumido que el flamenco es un género minoritario. Diego Manrique siempre ha reiterado en su columna que Camarón vendía muy poco en España. Y encima, La leyenda del tiempo, el disco que ahora todo el mundo dice admirar, los gitanos iban a devolverlo al Corte Inglés quejándose de que ese no era Camarón, o su Camarón. Sí que debe de haber razones objetivas para el desapego del español medio hacia esta música. Para empezar, que no se disfruta de forma instantánea, hacen falta años profundizando si no se ha mamado de cuna. Pero en la triste historia de España quizá haya un hecho determinante: Franco.

Cierto es que con la cantidad de sangre que corrió en el genocidio español, las familias que se separaron y las vidas que se truncaron, puede resultar obsceno preguntarse por cómo habría sido la evolución del cante flamenco en nuestro país sin el conflicto. Pero si este apartado de nuestra cultura popular cambió para siempre tras la guerra civil, fue precisamente porque buena parte de estos artistas eran afines a la república y como tales fueron asesinados, represaliados o desaparecieron. Lo mismo que su arte, cuyo contenido social y político fue silenciado y prohibido durante el régimen.

Para Juan Vergillos, historiador del flamenco, existe un antes y un después en el cante con la destrucción del estado democrático de 1931: «El cambio fue absolutamente radical. Franco se ocupó de despolitizar el flamenco y convertirlo en un fenómeno étnico en lugar de político. También con la Segunda Guerra Mundial cundió el miedo en todo el planeta, el miedo al otro, y surgió el arte de los gitanos, de los negros, etc. Antes el arte era arte, no tenía un color específico».

En el impagable ensayo de Alfredo Grimaldos Historia social del flamenco (Península, 2010) se documenta que ya en los inicios del siglo XIX sucesos de gran importancia política como la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis o el fusilamiento de Torrijos fueron recogidos por el cante de la época, que se alineaba con la revolución liberal española. Y en el libro del doble cedé Cantes y cantos de la República, editado por Marita y la Agencia Andaluza del Flamenco, se hace referencia a los cantaores de los años treinta como precursores de la canción protesta que conquistó los mercados de todo el mundo en la era hippie. «Este tipo de cuestiones está en el flamenco desde su origen», opina Vergillos, «ya cantó Siverio la “Seguiriya de Riego”, pero lo que pasó a partir de 1931 es que por fin se podía hablar abiertamente de estos temas».

Hasta el punto de que la exaltación de la República y sus héroes o de la bandera tricolor y las referencias a problemas sociales llegaron a convertirse en una moda propiamente dicha, un género en sí mismo. «Gran parte de los flamencos eran gente del pueblo, así que la mayoría se alineó con el nuevo régimen. También fue una moda, no estrictamente flamenca, sino española, y algunos se sumaron por seguirla, claro. Tal y como señaló Pericón de Cádiz en sus deliciosas memorias, donde comentó que él cantó letras reivindicativas para llegar a un público mayor», explica este historiador.

Así aparecieron los fandangos republicanos y sus derivados, la mayoría grabados por discográficas de Barcelona. El flamenco había alcanzado gran relevancia en esta ciudad desde la Exposición Universal con la apertura de nuevos locales con espectáculos dirigidos tanto al público local como al primer turismo y visitantes de la aristocracia europea, como relata Montse Madrilejos en la revista de investigación sobre flamenco La Madrugá (nº2, junio 2010). Estos sellos juntaron a los guitarristas locales más importantes del momento, como Pepe Hurtado, Manolo Bulerías y Miguel Borrull hijo, con los cantantes que más frecuentaban Cataluña y aprovechaban su estancia para grabar.

Uno de ellos era Manuel Vallejo, autor del primer disco dedicado a la Segunda República con música del maestro Quiroga, un fandango en recuerdo de los militares republicanos sublevados en Jaca en 1930, Galán y García Hernández, fusilados inmediatamente después. También Chato de Ventas, el Gran Fanegas o el Guerrita registraron piezas de adhesión al nuevo régimen, como la de este último, murciano, «España es republicana, de matices tricolor».

Quiero decir con pasión
este fandango que canto.
Quiero decir con pasión
España republicana
y lo es de corazón.
¡Abajo la ley tirana!
De matices tricolor
España tiene bandera
de matices tricolor
amarillo, rojo y lila
colores que son de amor
¡Juntarse a nuestras filas!

Poco después, en 1932, Pastora Pavón Cruz «la Niña de los peines» tomó un invento del Niño de Marchena, el cante por colombianas, y creó una variante festera que tituló «La bandera de mi patria», una de las composiciones más bonitas y desgraciadamente olvidadas de la época, donde el entusiasmo republicano llegaba a tomar cierto cariz de nacionalismo español. Un impulso del que surgieron sindicatos de artistas y recitales comprometidos con los trabajadores.

Niña de los Peines – La bandera de mi patria (Colombianas)

Acompañada a la guitarra por Niño Ricardo.
Unas de las primeras grabaciones conocidas de la colombiana.

«El flamenco en la República era la música popular. El primer cine sonoro en España es cine musical y más en concreto cine flamenco, protagonizado por Angelillo, Niño de Utrera, Guerrita. Algunas de estas películas las dirigió Luis Buñuel, entonces afiliado al PCE. Eran artistas muy populares y la guerra los sumió en un olvido lamentable», cuenta Vergillos.

Porque el 18 de julio de 1936 cayó sobre ellos con la misma crueldad que sobre el resto de españoles. Fue el propio barrio de Triana, una de las cunas del flamenco, uno de los primeros escenarios de la guerra. Sus defensores resistieron hasta el día 21 a los regulares, que se ensañaron con la población civil violando, saqueando y asesinado a sangre fría.

En estos días negros, Juanito Valderrama, por ejemplo, cavó trincheras en un batallón de fortificaciones hasta que logró dejar el pico y la pala cantando para las tropas canciones tradicionales cuyas letras, como él sabía muy bien, serían del gusto de la CNT. En la Barcelona revolucionaria del 37, documenta Madrilejos, «la gran mayoría de cantaores, bailaores y guitarristas flamencos se amoldaron a las corrientes políticas dominantes en cada momento. En unos casos la actitud adoptada se debió a consideraciones de tipo ideológico, en otros a simple oportunismo político, cuando no a puro instinto de supervivencia. No faltaron aquellos que se posicionaron fundamentalmente por el deseo de satisfacer al público al que se dirigían, ni los que se vieron envueltos en conflictos que no entendían o no querían entender».

El Chato de Ventas, el cantaor de Lavapiés, recordado por sus milongas humorísticas, entre ellas una sobre el estatuto de Cataluña, volvía de una gira por Andalucía cuando fue apresado mientras pasaba la noche en Cáceres. Se difundió el bulo de que había muerto «de un susto» ante el anuncio de su fusilamiento, pero Manuel Cerrejón, productor del aludido Cantes y cantos de la República entrevistó a su nieta y le contó que le ejecutaron fusilado como los demás. En la partida de defunción, no obstante, escribieron que falleció por una insuficiencia cardíaca. Y Corruco de Algeciras, natural de La Línea, autor de fandangos republicanos como «Lleva una franja morá», murió en el frente de Balaguer en la batalla del Segre en 1938. Solo tenía veintiocho años.

Lleva una franja morá,
triunfante nuestra bandera,
lleva una franja morá,
la conquistó España entera:
por Hernández y Galán
rompió España sus cadenas.

Antonio García «Chaconcito», niño prodigio del cante, murió en el frente de Madrid, combatiendo y cantando coplas contra los nacionales. Antonio Pérez Guerrero «el Sevillano» fue internado en el campo de concentración de las Agustinas. Incluso el propio Ramón Perelló, autor de la letra de «Mi jaca», la canción que más se escuchó en ambos bandos durante la contienda, fue encarcelado en el Puerto de Santa María.

En otros casos, los artistas vieron morir a sus familiares. Luis Caballero, cantaor payo, fue encarcelado con diecisiete años al inicio de la guerra. Su padre era sindicalista y republicano. Desde la ventana de su celda, Luis pudo ver un día a su madre caminar por la calle de luto y descompuesta, así supo que habían fusilado a su padre. También el bailaor eterno Farruco cuenta en una entrevista con Alfredo Grimaldos que su padre fue comandante de un batallón de la 30ª Brigada Mixta del Ejército Popular Republicano y por eso fue fusilado en Madrid con treinta y cuatro años. Había mandado un batallón de payos y gitanos en la defensa de la capital. Su madre, mientras tanto «con el pelo corto y mono azul de miliciana”» cavó trincheras en Madrid y por ese motivo sufrió cuatro años de cárcel.

«Nadie se ocupó de reivindicar todas estas figuras en la posguerra y al final su memoria se olvidó», rememora Vergillos. El flamenco tuvo que empezar de cero después de la guerra. «Las estructuras del flamenco habían volado por los aires, los circuitos de recitales, etc. Como el propio Juanito Valderrama dijo “donde antes cantábamos, las plazas de todos, estaban fusilando a la gente”. Él mismo tuvo que reconducir su carrera hacia la copla, que era el único formato musical posible en la inmediata posguerra».

Se podría decir, además, que al final de la guerra en el mundo del flamenco hubo una fuga de cerebros: «En la guitarra se fueron, para no volver, Sabicas o Esteban de Sanlúcar, este un poco más tarde. En el cante, Angelillo, que era la gran estrella de los treinta, Niño de Utrera, el Pena… Pero es que en el baile se fueron todos, hasta Carmen Amaya. La Argentinita murió en Nueva York. Y la Argentina, en Biarriz. El baile flamenco de antes de la guerra se codeaba con Picasso, Falla, Dalí o Lorca, artistas que trabajaban para el flamenco, o los flamencos para ellos. Esto no volvió a ocurrir hasta los años setenta».

No se puede negar, por otra parte, que no hubiera casos desgraciados en sentido inverso. Juanito de Marchena, al que alistaron a la fuerza el bando republicano, estuvo entre los que se unieron a la «Columna flamenca» de Jaén, que iban cantando a las tropas o en los teatros colectivizados. Una noche discutió con un sargento, fue enviado al frente y tras confesar a sus compañeros de trinchera que era de derechas, esperaron a que tratara de cruzar al otro bando para matarlo. O el caso de Luis Llace, un gran guitarrista a juicio de Vergillos, que solo porque le gustaba «vestir elegantemente», en el Madrid sitiado, recibió tal paliza que murió a los pocos días.

Pero con la implantación del nuevo régimen, el silencio imperó para todos. El contenido social desapareció del cante, lo mismo que sus reivindicaciones. Casos como los de Bizco Amate, destacados en el libro de Grimaldos, solo pudieron darse en la más absoluta marginalidad. Este cantaor, gitano de Sevilla, vivía debajo de un puente y frecuentaba constantemente las comisarías. Suya fue esta pieza en la que sobrevivía la tradición contestataria del género:

A mí me preguntó un juez
que de qué me mantenía
yo le dije que robando
como se mantiene usía,
¡pero yo no robo tanto!

La conciencia de la masacre perpetrada contra ellos no se puso de manifiesto hasta 1968, cuando José Menese tuvo el valor de cantar su «Romance de Juan García», nombre con el que se refería a todos los que sufrieron el paseo. A los braceros que fueron ejecutados in situ en Andalucía por falangistas e hijos de señoritos a caballo que bromeaban diciendo que aquellas batidas eran la verdadera «reforma agraria», que por fin los campesinos iban a tener un trozo de tierra para ellos.

Fue sentenciado Juan García
a golpes de mosquetón
primera noche de agosto
sin jueces ni defensor.
No era por miedo su llanto
porque llorando salió
llorando porque dejaba
lo que en su casa dejó.
Lo sacaron amarrao
y amarraíto quedó
a dos pasos del camino
en el camino de Morón.
Así murió Juan García
testamento no escribió
pero lo que Juan dejaba
el pueblo lo recogió.

El olvido de todos estos artistas ha servido para establecer la que para Vergillos es la gran polémica «política» actual del flamenco: «La de los que pretenden que es un arte de la caverna, un arte marginal, minoritario, y los que creemos que en otro tiempo fue el arte más popular de España, y que se codeaba con los artistas de vanguardia en los veinte y los treinta; los que creen que es patrimonio de unos cuantos y los que pensamos que es un lenguaje a disposición del que tenga algo que decir». Una constatación más de que el genocidio en España no solo derramó sangre, sino que también aniquiló la esencia cultural de nuestro pueblo.

 

 

 

Leer más ...

Manuel Azaña murió en el exilio en Montauban (Francia) el 3 de noviembre de 1940, tenía 60 años. Es recordado, fundamentalmente, por ser el presidente de la II República Española en el periodo más doloroso; 1936-1939. Pero Azaña, además, fue Presidente del Gobierno (1931-1933) Ministro de Guerra, diputado en varias legislaturas… y gran escritor; obtuvo el Premio Nacional de Literatura (1926).
Tanto en la política como en la literatura y en el campo del Derecho (pertenecía a la Academia de Jurisprudencia) defendió con convicción la libertad y universalidad de la enseñanza, la igualdad entre los ciudadanos, el sufragio universal, la libertad de asociación de los trabajadores, la democracia parlamentaria, la justicia social, el fin del caciquismo y la reforma agraria, el Estado federal, el divorcio y la democratización del ejército, como cuestiones básicas a alcanzar mediante la unión de los partidos de izquierdas bajo un Estado laico y soberano, estableciendo como única forma de gobierno democrático la república.
Es indescriptible el dolor que le produjo como demócrata, republicano y sobre todo como Presidente el golpe de Estado fascista del 18 julio de 1936. Intentó por varias vías diplomáticas frenar la masacre que suponía esa guerra. Es famoso su discurso dos años después un 18 de julio en Barcelona donde llamaba a la reconciliación con la consigna “paz, piedad, perdón”.
A pesar de su clara visión de cómo se desarrollaban los acontecimientos y cuál sería el desenlace dio un ejemplo más de su talla como político no dimitiendo como Presidente de la República; sus destinos estaban unidos. En sus escritos deja constancia de ello: La rebelión militar es un crimen de lesa humanidad. No existe ninguna justificación para una guerra (lo denomino delito) aunque fuesen ciertos todos los males de los que acusan a la República. La República es la legalidad. Además de estas reflexiones políticas, había una humana de gran peso para Azaña; no dimitía por respeto a los combatientes.
El 5 de febrero de 1939 el Presidente salía camino del exilio, como tantos miles de españoles, pasando a Francia por el puesto de Chable-Beaumont. En junio se instala en Montauban por ser zona libre en una Francia dividida; su familia y amigos, en zona ocupada por el ejército nazi, fueron detenidos por la Gestapo con ayuda de la Falange que también intentó la detención de Azaña. El embajador de México lo protegió hasta el último momento; cuando falleció M. Azaña al año siguiente, Petain prohibió un entierro de Jefe de Estado e imponía la bandera rojigualda en el féretro. Ante tan gran ignominia el Embajador de México Luis I. Rodríguez Taboada anunció “Lo cubrirá la bandera de México; para nosotros será un privilegio; para los republicanos, una esperanza; y para ustedes una dolorosa lección”.

Leer más ...

In memoriam Lény Escudero

leny-escudero1

Lény Escudero Vivre pour des idées

Lény Escudero – Vivre pour des idées

Hace apenas unos días ha fallecido Joaquín Escudero, más conocido por su nombre artístico Leny Escudero. En 1939, junto con sus padres republicanos, se exilió en Francia cuando tenía siete años. Refugiados en Mayenne, Leny vivió su infancia y juventud en esta pequeña ciudad hasta su traslado a Paris. Autor, compositor e intérprete era considerado un gran poeta. Fue un cantante popular muy comprometido; en “Vivir para las ideas” trata la guerra de España o en “Planeta loco” denuncia las dictaduras, nunca renunció a sus convicciones comunistas negándose a participar en las modas de la música y en los show-business, por más lucrativos que fuesen y ello le supusiese pérdida de contratos. Aunque su carrera de cantautor le dio la fama internacional, también participó como actor en numerosas películas y series de televisión. Tenía el premio de la Academia Charles Cros. La ministra de Cultura de Francia, Fleur Pellerin, le describió, en un comunicado, como “uno de los mejores cantautores de su generación” capaz de “encarnar la poesía de la vida” en sus partituras con “aires tiernos y melancólicos”.

Desde la Asociación de Descendientes del Exilio Español reconocemos, agradecemos y no olvidamos la labor de Leny Escudero en pro de la libertad y la democracia.

Leer más ...

CHARLA CON INMORTALES | Lydie SALVAYRE con Georges BERNANOS

Lunes 28 de septiembre a las 20:00
Teatro del Institut français de España en Madrid – C/ Marqués de la Ensenada, 10
Reserva en libro@institutfrancais.es

La ganadora franco-española del último Premio Goncourt por su novela Pas pleurer (ed. Seuil), rendirá un homenaje al famoso escritor francés Georges Bernanos, primero a avor y luego en contra del franquismo durante la guerra civil española. Hija de una pareja de republicanos españoles (padre andaluz y madre catalana) en exilio en Francia y escritora consagrada, traducida en más de 20 países, Lydie Salvayre explicará lo que la llevó a mezclar, en su obra, la voz de su propia madre con la del autor de Grands Cimetières sous la lune (Grandes Cementerios bajo la luna), usando un conmovedor e impertinente frañol. Contaremos con la presencia de Mercedes Allende Salazar, Filósofa, para moderar el evento.

PAS PLEURER

Lydie Salvayre narra en No llorar la historia de su madre, Montse, nacida en un pueblo de Lérida, que en 1936, con apenas quince años, se va a Barcelona con su hermano anarquista. En la ciudad la joven vivirá el despertar al amor y el júbilo revolucionario de
los días posteriores al estallido de la Guerra Civil. En la novela se conjuga el presente desde el que Montse desgrana sus recuerdos de aquellos maravillosos días de libertad de
agosto del 36 con la narración de la estancia de Georges Bernanos en Mallorca y su proceso de escritura de Los grandes cementerios bajo la luna –la condena de un católico durante la sangrienta represión fascista–. Montse Monclús narra la vuelta de Barcelona a su tierra natal y su matrimonio. A través de la resurrección de la lengua materna, con su prosa Salvayre construye un apasionante relato coral sobre el complejo entramado político de la Guerra Civil, y sobre el exilio y la herencia que dejó a los hijos de los que tuvieron que dejar España para salvar sus vidas. Como si la primera marcha de Montse de su pueblo natal hubiera marcado para siempre un destino en fuga.

 

LYDIE SALVAYRE

Lydie Salvayre, nacida Lydie Arjona en Autainville en 1948, es una escritora de lengua francesa. Es hija de una pareja de republicanos españoles que llevan desde el final de la uerra Civil Española en exilio en el sur de Francia. De padre andaluz y de madre catalana, pasa su infancia en Auterive, cerca de Toulouse, en una humilde colonia de refugiados españoles. El francés no es su idioma materno, pero lo descubre y se familiariza con él a través de la literatura. Después del bachillerato, estudia Letras en la Universidad de Toulouse. En 1969, empieza los estudios de Medicina. Después de conseguir sus diplomas de Letras y de Medicina, se especializa en psiquiatría en Marsella donde ejerce varios años como psiquiatra en la clínica de Bouc-Bel-Air. Lydie Salvayre empieza a escribir a finales de los años setenta y, a principios de los años 80, publica sus textos en unas revistas literarias de Aix-en-Provence y de Marsella.
Su obra La Compañía de los espectros, está galardonada en 1997con el Premio Novembre y la revista literaria Lire la elige “Mejor libro del año”. Lydie Salvayre recibe el Premio François Billetdoux por su novela B.W. En 2014, gana el Premio Goncourt con su novela No llorar, que trata de la Guerra civil española a través de las figuras del escritor Georges Bernanos y del personaje de Montse, inspirado por la propia madre de Lydie Salvayre, que le cuenta a su hija la Revolución libertaria de 1936 en la cual había tomado parte. Su obra ha sido traducida a unos veinte idiomas.

Leer más ...

Walter Benjamin.

En recuerdo de Walter Benjamin

Hace 75 años, el 26 o 27 (no se sabe con seguridad) de septiembre de 1940, W. Benjamin hacia el camino contrario a nuestros exiliados españoles un año antes. Al poco tiempo de llegar se quitó la vida en Portbou (Girona); pueblo al que llegó huyendo de espanto nazi, después de sumergirse en la Francia colaboracionista y en la España pronazi de Franco. El itinerario lo concibió como un tránsito hacia Portugal donde embarcaría para Nueva York.

Benjamin cruzó con otros refugiados los Pirineos a pie, con una débil salud, padecía una dolencia cardíaca, y una pesada maleta de la que no se separaba porque contenía “documentos más importantes que mi vida, y de ningún modo se debe extraviar”. Pero la maleta con los documentos que custodiaba se extravió y nunca fue recuperada. Se desconoce el contenido de dicha maleta, aunque se mantiene la hipótesis de que eran sus tesis sobre la filosofía de la historia, publicadas póstumamente.

Cementerio de Portbou. A la izquierda monumento en recuerdo a Benjamin: un túnel que termina en el mar.

Al llegar a Portbou todo el grupo fue detenido por la guardia civil, quien les comunicó que a la mañana siguiente serían deportados de vuelta a Francia; no poseían la visa de salida. Benjamin tenía visa de tránsito en España y entrada a Estados Unidos donde era esperado por Theodor Adorno. Benjamin, judío y marxista, sabía que la vuelta a Francia suponía la entrega a la Gestapo y el destino era un campo de exterminio. Aquella noche tomó la decisión de quitarse la vida, antes de que las autoridades españolas lo entregaran a los nazis. Ironías del destino; la restricción a los visados de salida fue levantada unos días después. El grupo en el que iba Benjamin consiguió atravesar España, llegar a Lisboa y posteriormente a Estados Unidos.

Sus compañeros de viaje pagaron el alquiler del nicho en el cementerio del pueblo por cinco años, después sus restos fueron trasladados a una fosa común del cementerio. A pesar de ser judío y suicida lo enterraron en un cementerio católico porque el doctor Vila en el certificado de defunción hizo constar que falleció por aneurisma cerebral. También consta su apellido como nombre; Benjamín Walter. Con nombre españolizado y sin relación con un parentesco judío.

¿Se podría haber salvado? Con toda seguridad. En enero de 1938 su amigo Theodor   Adorno huía hacia Nueva York y le aconsejó que fuese con él, pero Benjamin le respondió: “Hay posiciones por defender en Europa”. Ese mismo año, su hermano, concejal comunista en Berlín era detenido, murió en 1942 en el campo de Mauthausen. A Walter en 1939 le retiraron la nacionalidad alemana. Establecido en Francia y a pesar del peligro que le acechaba no quería abandonar París. Llevaba inmerso en un proyecto la última década y era en la Biblioteca Nacional donde estaba la documentación que necesitaba. Abandonó París en el último momento, el 14 de junio de 1940, cuando la ciudad cae bajo el dominio nazi.

Obra del escultor Dani Karavan. Invoca el dolor y la tragedia asociada al exilio. Se encuentra al lado del cementerio de Portbou donde fue enterrado Walter Benjamin.

Walter Benjamin destacó en un tiempo en que era difícil destacar. Las reflexiones más profundas y vanguardistas las produce una generación de intelectuales de la talla de Bertolt Brecht, Theodor Adorno, Max Hokheimer, Hannah Arendt, Hermann Hesse, Kurt Weil, Georg Lukács, Georges Bataille, Franz Hessel, Rainer Maria Rilke y muchos otros. Una época de producción intelectual comparable a la Ilustración o la Grecia clásica.

Intelectualmente se enmarcaba en la herencia hegeliana, aportó una visión profunda de la filosofía marxista. Intentó explicar los mecanismos con que la sociedad capitalista moldea la conciencia y las prácticas de quienes la habitan. No fue un escéptico, todo lo contario, creía en la acción política que acabaría con la barbarie capitalista. Critica la hipocresía de la democracia burguesa y al capital financiero e industrial alemán que apoyó al nazismo

En otro ámbito fue un gran conocedor de la obra de Charles Baudelaire, autor que tradujo al alemán. Escribió sobre Friedrich Hölderlin y Marcel Proust, así como sobre J.W. Goethe. Analizó en profundidad el pensamiento de Kant y Platón antes de comenzar su tesis doctoral, defendida en 1919. Se interesó por la función social del arte y los efectos de las nuevas técnicas de reproducción. La filosofía, la historia, el arte, la literatura y la política siempre fueron sus campos de estudio y producción.

Demasiado intelectual para sobrevivir entre tanta barbarie.

Recordamos también a las víctimas de otro 27 de septiembre más próximo; 1975, en España se producen los cinco últimos fusilamientos de la dictadura que acabaron con la vida de Ramón García Sanz, José Baena Alonso, José Luis Sánchez-Bravo, Juan Paredes Txiki y Ángel Otaegui Echevarría.

Asociación Descendientes del Exilio Español

 

Leer más ...

Eduardo Galeano, gracias.

Mi acercamiento al escritor Eduardo Galeno fue, al igual que muchos de sus lectores, con el libro Las venas abiertas de América Latina, lectura obligada en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid donde yo era estudiante. Esta obra de juventud, comenzó a escribirla cuando tenía 27 años, se ha convertido en un clásico de la literatura latinoamericana y de la literatura política.

Si bien, el propio autor ha reconocido en varias ocasiones no tener la formación necesaria cuando la escribió; su objetivo era escribir una obra de economía política, no de literatura.

A pesar de su juventud no era su primer libro, cuando en 1971 se publica tenía ya 6 libros editados, pero sin duda es de los más leídos y conocidos; hasta tal punto que cuando se hace referencia al mismo se habla familiarmente  de las venas.

Su último libro se publicará a título póstumo; Mujeres, otro de los grandes temas de Galeano, además del futbol. Pero me gustaría detenerme en el penúltimo libro; Los hijos de los días. Lo presentó en la Casa de América, su América, en mayo de 2012. Muchas personas hicimos horas de cola para oír a Galeano. Él, muy paciente, pocas personas transmiten la indignación con tanta serenidad como Galeano, seleccionó algunas historias y las fue desgranando apaciblemente a lo largo de la tarde, sin prisa.

Días después, con motivo de la feria del libro, Eduardo Galeano firmaba este libro en la caseta de la editorial. Algunas de las personas llevaban las venas. El personal de la editorial se esforzaba amablemente en anunciar que ese no era el libro que estaba firmando el escritor. Creo que a él le daba igual uno que otro, también creo que esta tarea de marketing no le gustaba, pero pacientemente firmaba, eso sí sin abrazos, sin besos a los compradores y sin dedicatorias falsas.

Asistí a la caseta, al igual que sucedió en la Casa de América había una larga cola de personas esperando. Yo no llevaba ningún libro, ni las venas ni Los hijos de los días; esto sorprendió mucho a Galeano. Cuando estaba frente a él, le expresé que estaba allí para darle las gracias por el homenaje tan bonito que, tanto en el libro como en la selección de textos comentados por él, había hecho a los exiliados republicanos españoles. En ese momento Galeano se puso en pie rodeo la mesa y me abrazó al tiempo que me decía “soy yo el que tiene mucho que agradecer a los exiliados republicanos españoles” “¡Que lecciones de ética nos han dado!”.

Más allá de esta experiencia personal que siempre guardaré como un bonito recuerdo, con la muerte de Eduardo Galeano muere una parte de la voz de los condenados a la miseria.

Pilar Nova Melle. Publicado en Sociólogos sin Fronteras el 13 de abril de 2014, día del fallecimiento de Eduardo Galeano

Leer más ...

"Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que la de las personas célebres". Walter Benjamin

  • si-2
  • si-1
  • si4
  • si2-recor
  • si-abocados-exodo
  • si-la_verdadera_nueve
  • si-paso-frontera-prats-de-mollo
  • si-collag
  • si-recor
  • siabocados-exodo