WEDNESDAY 25 APRIL 2018

marcos anaEl próximo día 20 de enero Marcos Ana cumple 96 años. Con mucho sentido del humor cuando cumple años dice “son años de edad”, de vida tengo muchos menos. ¿Cómo es posible?
Marcos, a la edad le resta los 23 años que pasó en la cárcel, así este mes cumple 73 años. Entró en prisión con 19 años y salió con 42. Es la persona que de manera continuada ha pasado más tiempo en las cárceles franquistas.

Su verdadero nombre es Fernando Macarro. Con quince años se afilió a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Al producirse el golpe fascista contra el gobierno democrático de la II República, en julio de 1936, se va al frente, pero le devolvieron a casa por ser menor de edad. Se incorporó finalmente en 1938. Al acabar la guerra fue encarcelado y torturado. Le denunció un amigo que se había hecho confidente. Estuvo en la cárcel de Porlier, recuerda cuando las madres iban a llevar “el paquete” y se tenían que volver, el funcionario les decía “No, señora, su hijo ha sido fusilado”. Muchas mañanas no sólo faltaban los que habían fusilado, sino que también muchos aparecían muertos de hambre o de frío.

Se le juzgó en dos ocasiones y en las dos la pena fue condena de muerte; era lo habitual en esos días. Cuando las penas se conmutaron por 30 años de prisión a Marcos Ana le cayeron 60 años. En la cárcel comenzó a escribir poemas, en la década de los cincuenta, firmando como Marcos Ana, en homenaje a sus padres. En Porlier coincidió con Buero Vallejo y con Miguel Hernández, cuando éste murió en 1942 en la cárcel de Alicante, los presos le hicieron un homenaje clandestinamente, lo titularon Sino sangriento. En esta misma cárcel participó en la creación del periódico Juventud, en 1943. Posteriormente fue trasladado a las prisiones de Ocaña, Alcalá de Henares y Burgos; donde permaneció de 1946 a 1961.

En uno de sus poemas ante el interés de Rafael Alberti por su situación, le respondía:

Mi vida
os la puedo contar en dos palabras:
Un patio
y un trocito de cielo donde a veces pasan
una nube pérdida y algún pájaro
huyendo de sus alas.

Cuenta que al salir de prisión vomitaba los alimentos, no podía subir a un vehículo, sus ojos no se adaptaban a espacios abiertos y cuando salía al campo se mareaba… no conocía y no entendía muchas cosas del mundo al que había salido.
Se exilia en Francia; el Partido Comunista al que se había afiliado en 1937, le encarga organizar el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE) presidido por Picasso y con el apoyo de intelectuales franceses como Yves Montand, Piccoli, Jean Paul Sartre, Jean Cassou y los exiliados españoles; ayudan a dar conocer en todo el mundo la situación de los presos políticos en España. La noche antes del fusilamiento de Julián Grimau (20 abril 1963), hizo un último llamamiento a la clemencia desde Radio París.
Fue amigo de Pablo Neruda. En relación al Ché cuenta una anécdota; cuando en Bolivia mataron a Ernesto Guevara en el macuto que portaba con sus pertenencias encontraron los poemas de Marcos Ana.
Volvió del exilio a finales de 1976 cuando el Gobierno Español le entregó el pasaporte.
Se da a conocer en nuestro país con la publicación del libro Decidme cómo es un árbol (2007) su gran amigo José Saramago le hace el prólogo. En 2009 es propuesto para el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia por la Universidad de Granada, a pesar de los muchos apoyos nacionales e internacionales de personas muy relevantes, no se lo concedieron. En 2010 fue el primer galardonado con el Premio René Cassin de Derechos Humanos, otorgado por el Gobierno Vasco por su actitud al salir de prisión, al defender “la paz y el diálogo y rechazar cualquier deseo de venganza”.
Con este motivo, Marcos Ana declaraba:

“La única venganza a la que yo aspiro es a ver triunfantes los nobles ideales de libertad y justicia social, por los que hemos luchado y por los millares de demócratas españoles perdieron la libertad o su vida”.

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En recuerdo de las víctimas del holocausto.
La palabra holocausto proviene de la traducción griega del término olokaustos y del latín holocaustum; según la Real Academia Española de la Lengua significa: “Gran matanza de seres humanos, especialmente la que tiene como fin exterminar un grupo social por motivos de raza, religión o política”.
Durante el Tercer Reich uno de sus principales objetivos fue la reestructuración racial de Europa. Entre sus prioridades estaban, además de los judíos, los gitanos, los eslavos, los discapacitados y los homosexuales. Si bien incluyen en la planificación también a los prisioneros de guerra soviéticos, testigos de Jehová, comunistas y los disidentes políticos. Se estiman en 11 o 12 millones las víctimas del Holocausto, de las cuales más de la mitad eran judíos.
Cíclicamente en la historia de la humanidad emerge “el judío” como el origen de todos los males, en especial del internacionalismo, el pacifismo, la democracia y el marxismo, y se le atribuye la responsabilidad del surgimiento del cristianismo, la Ilustración y la masonería. Se estigmatizaba a los judíos como “la degeneración racial”, “el cosmopolitismo desarraigado” “el capital internacional” y “la amenaza de la revolución mundial”. Eran por tanto el “enemigo mundial”.
En el siglo XX, en Alemania se culpabilizó a los judíos de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial. Fue una actitud general entre los soldados, así en diciembre de 1918, un grupo de veteranos de la guerra creó la asociación “Casco de acero”, de carácter nacionalista y antisemita.
Los sentimientos antijudíos se recrudecieron con las crisis económicas y políticas que se desarrollaron entre 1918 y 1923. Existía la creencia entre las clases medias y bajas que los judíos habían obtenido ganancias económicas a costa de la guerra y las reparaciones posteriores, y la convicción de que el capital estaba en manos de judíos. Por otro lado, se asociaba a los judíos con actividades subversivas por el papel desempeñado algunos de ellos como; Rosa Luxemburgo, Gustav Landauer, Kurt Eisner, Eugen Leviné y otros.
Con la llegada de Hitler al poder en enero de 1933, se aprobaron en Alemania más de 1.400 leyes contra los judíos entre 1933 y 1939. En 1933, ya había en Alemania más de cuatrocientas asociaciones antisemitas, y alrededor de setecientas publicaciones periódicas antijudías. En estas publicaciones se advierte no sólo de la amenaza económica y política, sino también del peligro para la pureza de la raza. La permisividad de costumbres, la cultura modernista y la actividad política radical de Berlín de los años veinte, es atribuida directamente a judíos y marxistas.
El régimen nazi con el fin de acabar con la influencia de los judíos consideró que las leyes no eran lo suficiente efectivas y construyó campos de concentración, de trabajo y de exterminio. Entre marzo de 1933, fecha en que se abrió el primero, hasta 1945, con el fin de la guerra, se habían construido más de 1000 campos en Alemania y los países ocupados.
Todos los españoles que acabaron en los campos de concentración nazis se habían exiliado en Francia tras la victoria franquista de 1939. La mayoría de los deportados españoles combatían en el Ejército francés durante la Segunda Guerra Mundial, capturados por los nazis fueron enviados a los campos. Otro porcentaje perteneció a la Resistencia, fueron detenidos por la policía francesa y la Gestapo y conducidos a los campos. Un caso excepcional fue el “convoy de los 927”, formado exclusivamente por civiles que se encontraban refugiados en el campo de Les Alliers, junto a la ciudad francesa de Angulema. Hay constancia documental, de 9.328 exiliados españoles deportados. De ellos murieron 5.185, sobrevivieron 3.809 y figuran como desaparecidos 334.
Hubo españoles en los campos de Mauthausen, Dachau, Buchenwald, Ravensbrück, Bergen Belsen, Auschwitz, Flossenbürg, Natzweiler, Neuengamme, Sttuthof, Sachsenhausen, Gross-Rosen, Aurigny, Guernesey y Neu Bremm.
El número exacto de personas asesinadas durante el régimen nazi no se ha podido determinar.
Mucho tiempo después de estos hechos; el 1 de noviembre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en la Resolución 60/7 asignar el 27 de enero como el Día Internacional de Conmemoración de las víctimas del Holocausto. Se eligió ese día porque fue el 27 de enero 1945 cuando el Ejército Soviético liberó a los presos del campo de concentración de Auschwitz.
Establecer un día internacional tiene como objetivo que los Estados miembros de la ONU elaboren programas educativos para enseñar a las futuras generaciones la realidad histórica de unos hechos repudiables como los acontecidos durante el Holocausto, con el fin de evitar actos de genocidio en el futuro.

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Ha muerto un héroe

La Asociación de Descendientes del Exilio Español siente una inmensa tristeza al recibir la noticia del fallecimiento de José Antonio Alonso Alcalde, comandante Robert; guerrillero antifascista.
Nos deja el testimonio de una vida ejemplar; en 1936, cuando se produce el golpe de Estado por el general Franco, se alista como voluntario en las milicias para defender la legalidad republicana. Participó de manera activa en diversas batallas y al finalizar la guerra cruzó con su batallón el Pirineo camino del exilio. Fue internado en los campos de Argèles sur Mer y Saint Cyprien y posteriormente destinado al Servicio de Trabajo Obligatorio, participando en la construcción de carreteras en la Línea Maginot. Con la ocupación de Francia por el ejército de Hitler se incorpora al XIV cuerpo de guerrilleros en la resistencia. Con sólo 25 años es nombrado, por parte del Partido Comunista, Jefe del Estado Mayor de la Tercera Brigada de Guerrilleros Españoles en el sur de Francia, al frente de 300 guerrilleros.
El 23 de agosto de 1944 la Agrupación de Guerrilleros Españoles bajo su dirección toma la ciudad de Foix. Posteriormente apresaron una columna de 1.350 soldados del ejército alemán que se rindieron después de muchas horas de duros combates. Fue decisiva su intervención en la liberación de las regiones próximas al Pirineo.
Una vez derrotado el nazismo en Europa el objetivo es acabar con el fascismo en España. Participa en la operación Reconquista en el valle de Arán. El PCE consideró que los guerrilleros podrían repetir las hazañas desarrolladas en la resistencia contra los nazis; el comandante Robert, como militante comunista, con disciplina aceptó participar en la acción.

Este gran luchador ha fallecido el día 16 de diciembre a los 97 años de edad en Agen, Francia. Con él se va una parte de esa historia épica, fiel a los ideales republicanos y valientes hasta la muerte. Su trayectoria de entrega y lucha fue reconocida con las distinciones de Caballero y Oficial de la Legión de Honor de Francia, Caballero de la Legión de la República Polaca, Medalla de Lealtad a la República Española, Roseta del Primer Orden Nacional francés y Ciudadano de Honor de la ciudad de Foix.

Persona muy querida y admirada entre los exiliados, el comandante Robert será siempre recordado por su compromiso con la democracia y la libertad. Consideraba un deber rehabilitar la memoria de los que cayeron y testimoniar lo que vivió; seguiremos su ejemplo.

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Los pilotos de Kirovabad, los últimos aviadores de la II República

30 noviembre, 2015 •

Reseña del Acto publicada en el Semanario Digital, Crónica Popular

Setenta y cinco años después, los últimos aviadores de la II República, los pilotos formados en la Escuela de Aviación Soviética de Kirovabad, recibieron un merecido homenaje en el Ateneo de Madrid, el pasado 25 de noviembre, en un acto organizado por la Asociación de Descendientes del Exilio Español y la Embajada en España de la República de Azerbaiyán, integrada en la URSS de 1920 a 1991.

Entre el numeroso público asistente se encontraban varios descendientes de estos pilotos, así como la hija de la traductora Clarita, que sirvió de intérprete durante los tres años en que Kirovabad entrenó a los aviadores españoles.

Vicente Montejano en su etapa de piloto

 Sin duda, lo más entrañable del acto fue la presencia de Vicente Montejano Moreno, de 97 años, el único piloto de Kirovabad que sobrevive, que fue recibido con un largo y emocionado aplauso y que declaraba emocionado: “Al final, todo merece la pena: Merecía la pena pasar por todo aquello cuando, 75 años después, hay mucha gente que sigue manteniendo el recuerdo y el espíritu de quienes lo vivimos en primera persona.

Merece la pena el esfuerzo de salir de casa, a pesar del peso de los años, cuando después se puede disfrutar de esos recuerdos y de la acogida, la amabilidad y el cariño de personas individuales, de representantes de asociaciones y del Embajador del recordado y querido pueblo azerí.

Una tarde dura, pero inolvidable, amigos; ¡muchas gracias!”

La Presidenta de la Asociación de Descendientes del Exilio Español, Pilar Nova Melle, realizó la introducción al acto sintetizando este desconocido capítulo de nuestra historia. Expuso como, pocos meses después del inicio de la guerra, el Gobierno de la II República tenía urgente necesidad de formar a nuevos aviadores y, para este fin, llegó a un convenio con el de la URSS, mediante el cual más de 500 jóvenes voluntarios se formaron, de 1936 a 1939, como pilotos en la Escuela Militar de Vuelo nº 20, creada en la ciudad de Ganyá, la segunda ciudad de Azarbaiyán, tras su capital, Bakú y entonces llamada Kirovabad, en memoria del dirigente bolchevique Serguei Mirónovich Kóstrikos, conocido con el sobrenombre de Kirov.

En aquella Escuela de Aviación, medio millar de españoles recibieron de los soviéticos una formación acelerada de pilotos, teniendo que asimilar en siete meses las enseñanzas que normalmente se realizaban en tres años. De vuelta a España sustituyeron a los pilotos veteranos de la aviación de preguerra y a los voluntarios de las Brigadas Internacionales. Entre ellos, se formó como piloto de guerra Rómulo Negrín, hijo del Presidente del Consejo de Ministros de la II República, el doctor Juan Negrín. Regresado a España, Rómulo Negrín alcanzó el grado de sargento y formó parte de la Escuadrilla de cazas Polikarpov, popularmente conocidos entre los republicanos españoles como Chatos. Al finalizar la guerra civil, los 180 pilotos españoles que se encontraban en Kirovabad continuaron su lucha contra el nazismo. Su misión fue proteger Bakú, zona de donde se extraía el 70% del petróleo que abastecía a las tropas de la URSS, y que, por tanto, se había convertido en un objetivo principal del ejército de Hitler.

A continuación intervino Pablo Gil, productor del documental Sobre el cielo de Azerbaiyán, que resaltó el reconocimiento de la República de Azerbaiyán a sus defensores contra el nazismo. Dijo sentir vergüenza recordando que en España no existe aún ese reconocimiento a los defensores de la democracia y añadió que en Azerbaiyán es tal el respeto a la memoria histórica que existen monumentos incluso a los pilotos e instructores muertos en accidente. Al igual que la Presidenta de la Asociación de Descendientes del Exilio Español, agradeció la sensibilidad al  Embajador Altai Efendiev por la ayuda incondicional en la tarea de dar a conocer la participación de los españoles en la derrota del nazismo.

Seguidamente, hizo uso de la palabra Mercedes Caldevilla, hija de uno de los pilotos de Kirovabad, el capitán Juan Caldevilla. Ilustró con algunas anécdotas personales los hechos y vivencias de aquellos pilotos y recordó el duro entrenamiento a que estaban sometidos por las circunstancias de la guerra, así como la juventud de todos ellos. Según relató, su padre dirigía una escuadrilla en la guerra civil española con solo 24 años, y acompañando a un grupo de nuevos alumnos volvió de nuevo a Kirovabad, en donde le sorprendió el final de la guerra, por lo que participó en la II Guerra Mundial formando parte del Ejército Soviético. Mercedes Caldevilla agradeció el homenaje, pero reivindicó el recuerdo a todos los que lucharon por la libertad y por ello fueron represaliados con el exilio, la prisión o fueron fusilados.

Pablo Gil, productor de Sobre el cielo de Azerbaiyán, Pilar Nova Melle, presidenta de la Asociación Descendientes del Exilio Español, Mercedes, Caldevilla, hija de uno de los pilotos de Kirobavad y el Embajador de Azerbaiyán en España, Altai Efendiev.

Finalmente cerró el turno de intervenciones el Embajador de la República de Azerbaiyán en España, Altai Efendiev, que destacó el gran cariño que profesa su pueblo a estos valientes pilotos que, sin hablar el idioma ni conocer el país, lucharon por defenderlo. Manifestó la deuda de los azeríes con los españoles, señalando la importancia que tenían en la II Guerra Mundial esos pozos petrolíferos que los pilotos españoles contribuyeron a salvaguardar. “Es una historia – afirmó- que hermana a ambos países”. Resaltó las similitudes entre España y Azerbaiyán – “somos muy similares, amistosos y hospitalarios, compartimos valores, tal vez por ello perdure un entrañable recuerdo entre ambos pueblos- y hoy, después de tantos años, se recuerda la gesta de los pilotos de Kirovabad y nosotros tenemos la obligación de contar esto a los jóvenes”.

Concluidas las diferentes intervenciones se proyectó el documental Sobre el cielo de Azebaiyan. Un film de 56 minutos de duración, dirigido por Sagrario Perpiñán y coproducida por la empresa valenciana Volya Productions, que dirige Pablo Gil, y la azerbaiyana Salname, de Kamil Memmedov, bajo la producción ejecutiva de Eleonora Vatral, con la colaboración del Ministerio de Cultura de Azerbaiyán y el Gobierno de este país del Mar Caspio.

El documental lo puedes descargar en esta página aquí

 

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INTERNAMemoria del cante flamenco de la Segunda República
Publicado por Álvaro Corazón Rural en:

la revista JOT DOWN

Cada vez que ha venido alguien extranjero a visitarme a España me ha pedido que por favor le lleve a escuchar flamenco. Pero no a un sitio para turistas, sino «donde lo escucháis vosotros». He tenido que explicar una y otra vez que no es precisamente mayoritario el español que el viernes noche se va a escuchar flamenco, que muchos españoles no han pisado una juerga flamenca en su vida, que la música más genuina del país, con la que se adornan los anuncios de «visite España», le resbala a la mayoría. Incluso que es más frecuente el que te suelta un repugnante y medio racista «me gusta la guitarra, pero no la voz» que quien distinga y admire los palos del flamenco.

Porque tenemos asumido que el flamenco es un género minoritario. Diego Manrique siempre ha reiterado en su columna que Camarón vendía muy poco en España. Y encima, La leyenda del tiempo, el disco que ahora todo el mundo dice admirar, los gitanos iban a devolverlo al Corte Inglés quejándose de que ese no era Camarón, o su Camarón. Sí que debe de haber razones objetivas para el desapego del español medio hacia esta música. Para empezar, que no se disfruta de forma instantánea, hacen falta años profundizando si no se ha mamado de cuna. Pero en la triste historia de España quizá haya un hecho determinante: Franco.

Cierto es que con la cantidad de sangre que corrió en el genocidio español, las familias que se separaron y las vidas que se truncaron, puede resultar obsceno preguntarse por cómo habría sido la evolución del cante flamenco en nuestro país sin el conflicto. Pero si este apartado de nuestra cultura popular cambió para siempre tras la guerra civil, fue precisamente porque buena parte de estos artistas eran afines a la república y como tales fueron asesinados, represaliados o desaparecieron. Lo mismo que su arte, cuyo contenido social y político fue silenciado y prohibido durante el régimen.

Para Juan Vergillos, historiador del flamenco, existe un antes y un después en el cante con la destrucción del estado democrático de 1931: «El cambio fue absolutamente radical. Franco se ocupó de despolitizar el flamenco y convertirlo en un fenómeno étnico en lugar de político. También con la Segunda Guerra Mundial cundió el miedo en todo el planeta, el miedo al otro, y surgió el arte de los gitanos, de los negros, etc. Antes el arte era arte, no tenía un color específico».

En el impagable ensayo de Alfredo Grimaldos Historia social del flamenco (Península, 2010) se documenta que ya en los inicios del siglo XIX sucesos de gran importancia política como la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis o el fusilamiento de Torrijos fueron recogidos por el cante de la época, que se alineaba con la revolución liberal española. Y en el libro del doble cedé Cantes y cantos de la República, editado por Marita y la Agencia Andaluza del Flamenco, se hace referencia a los cantaores de los años treinta como precursores de la canción protesta que conquistó los mercados de todo el mundo en la era hippie. «Este tipo de cuestiones está en el flamenco desde su origen», opina Vergillos, «ya cantó Siverio la “Seguiriya de Riego”, pero lo que pasó a partir de 1931 es que por fin se podía hablar abiertamente de estos temas».

Hasta el punto de que la exaltación de la República y sus héroes o de la bandera tricolor y las referencias a problemas sociales llegaron a convertirse en una moda propiamente dicha, un género en sí mismo. «Gran parte de los flamencos eran gente del pueblo, así que la mayoría se alineó con el nuevo régimen. También fue una moda, no estrictamente flamenca, sino española, y algunos se sumaron por seguirla, claro. Tal y como señaló Pericón de Cádiz en sus deliciosas memorias, donde comentó que él cantó letras reivindicativas para llegar a un público mayor», explica este historiador.

Así aparecieron los fandangos republicanos y sus derivados, la mayoría grabados por discográficas de Barcelona. El flamenco había alcanzado gran relevancia en esta ciudad desde la Exposición Universal con la apertura de nuevos locales con espectáculos dirigidos tanto al público local como al primer turismo y visitantes de la aristocracia europea, como relata Montse Madrilejos en la revista de investigación sobre flamenco La Madrugá (nº2, junio 2010). Estos sellos juntaron a los guitarristas locales más importantes del momento, como Pepe Hurtado, Manolo Bulerías y Miguel Borrull hijo, con los cantantes que más frecuentaban Cataluña y aprovechaban su estancia para grabar.

Uno de ellos era Manuel Vallejo, autor del primer disco dedicado a la Segunda República con música del maestro Quiroga, un fandango en recuerdo de los militares republicanos sublevados en Jaca en 1930, Galán y García Hernández, fusilados inmediatamente después. También Chato de Ventas, el Gran Fanegas o el Guerrita registraron piezas de adhesión al nuevo régimen, como la de este último, murciano, «España es republicana, de matices tricolor».

Quiero decir con pasión
este fandango que canto.
Quiero decir con pasión
España republicana
y lo es de corazón.
¡Abajo la ley tirana!
De matices tricolor
España tiene bandera
de matices tricolor
amarillo, rojo y lila
colores que son de amor
¡Juntarse a nuestras filas!

Poco después, en 1932, Pastora Pavón Cruz «la Niña de los peines» tomó un invento del Niño de Marchena, el cante por colombianas, y creó una variante festera que tituló «La bandera de mi patria», una de las composiciones más bonitas y desgraciadamente olvidadas de la época, donde el entusiasmo republicano llegaba a tomar cierto cariz de nacionalismo español. Un impulso del que surgieron sindicatos de artistas y recitales comprometidos con los trabajadores.

Niña de los Peines – La bandera de mi patria (Colombianas)

Acompañada a la guitarra por Niño Ricardo.
Unas de las primeras grabaciones conocidas de la colombiana.

«El flamenco en la República era la música popular. El primer cine sonoro en España es cine musical y más en concreto cine flamenco, protagonizado por Angelillo, Niño de Utrera, Guerrita. Algunas de estas películas las dirigió Luis Buñuel, entonces afiliado al PCE. Eran artistas muy populares y la guerra los sumió en un olvido lamentable», cuenta Vergillos.

Porque el 18 de julio de 1936 cayó sobre ellos con la misma crueldad que sobre el resto de españoles. Fue el propio barrio de Triana, una de las cunas del flamenco, uno de los primeros escenarios de la guerra. Sus defensores resistieron hasta el día 21 a los regulares, que se ensañaron con la población civil violando, saqueando y asesinado a sangre fría.

En estos días negros, Juanito Valderrama, por ejemplo, cavó trincheras en un batallón de fortificaciones hasta que logró dejar el pico y la pala cantando para las tropas canciones tradicionales cuyas letras, como él sabía muy bien, serían del gusto de la CNT. En la Barcelona revolucionaria del 37, documenta Madrilejos, «la gran mayoría de cantaores, bailaores y guitarristas flamencos se amoldaron a las corrientes políticas dominantes en cada momento. En unos casos la actitud adoptada se debió a consideraciones de tipo ideológico, en otros a simple oportunismo político, cuando no a puro instinto de supervivencia. No faltaron aquellos que se posicionaron fundamentalmente por el deseo de satisfacer al público al que se dirigían, ni los que se vieron envueltos en conflictos que no entendían o no querían entender».

El Chato de Ventas, el cantaor de Lavapiés, recordado por sus milongas humorísticas, entre ellas una sobre el estatuto de Cataluña, volvía de una gira por Andalucía cuando fue apresado mientras pasaba la noche en Cáceres. Se difundió el bulo de que había muerto «de un susto» ante el anuncio de su fusilamiento, pero Manuel Cerrejón, productor del aludido Cantes y cantos de la República entrevistó a su nieta y le contó que le ejecutaron fusilado como los demás. En la partida de defunción, no obstante, escribieron que falleció por una insuficiencia cardíaca. Y Corruco de Algeciras, natural de La Línea, autor de fandangos republicanos como «Lleva una franja morá», murió en el frente de Balaguer en la batalla del Segre en 1938. Solo tenía veintiocho años.

Lleva una franja morá,
triunfante nuestra bandera,
lleva una franja morá,
la conquistó España entera:
por Hernández y Galán
rompió España sus cadenas.

Antonio García «Chaconcito», niño prodigio del cante, murió en el frente de Madrid, combatiendo y cantando coplas contra los nacionales. Antonio Pérez Guerrero «el Sevillano» fue internado en el campo de concentración de las Agustinas. Incluso el propio Ramón Perelló, autor de la letra de «Mi jaca», la canción que más se escuchó en ambos bandos durante la contienda, fue encarcelado en el Puerto de Santa María.

En otros casos, los artistas vieron morir a sus familiares. Luis Caballero, cantaor payo, fue encarcelado con diecisiete años al inicio de la guerra. Su padre era sindicalista y republicano. Desde la ventana de su celda, Luis pudo ver un día a su madre caminar por la calle de luto y descompuesta, así supo que habían fusilado a su padre. También el bailaor eterno Farruco cuenta en una entrevista con Alfredo Grimaldos que su padre fue comandante de un batallón de la 30ª Brigada Mixta del Ejército Popular Republicano y por eso fue fusilado en Madrid con treinta y cuatro años. Había mandado un batallón de payos y gitanos en la defensa de la capital. Su madre, mientras tanto «con el pelo corto y mono azul de miliciana”» cavó trincheras en Madrid y por ese motivo sufrió cuatro años de cárcel.

«Nadie se ocupó de reivindicar todas estas figuras en la posguerra y al final su memoria se olvidó», rememora Vergillos. El flamenco tuvo que empezar de cero después de la guerra. «Las estructuras del flamenco habían volado por los aires, los circuitos de recitales, etc. Como el propio Juanito Valderrama dijo “donde antes cantábamos, las plazas de todos, estaban fusilando a la gente”. Él mismo tuvo que reconducir su carrera hacia la copla, que era el único formato musical posible en la inmediata posguerra».

Se podría decir, además, que al final de la guerra en el mundo del flamenco hubo una fuga de cerebros: «En la guitarra se fueron, para no volver, Sabicas o Esteban de Sanlúcar, este un poco más tarde. En el cante, Angelillo, que era la gran estrella de los treinta, Niño de Utrera, el Pena… Pero es que en el baile se fueron todos, hasta Carmen Amaya. La Argentinita murió en Nueva York. Y la Argentina, en Biarriz. El baile flamenco de antes de la guerra se codeaba con Picasso, Falla, Dalí o Lorca, artistas que trabajaban para el flamenco, o los flamencos para ellos. Esto no volvió a ocurrir hasta los años setenta».

No se puede negar, por otra parte, que no hubiera casos desgraciados en sentido inverso. Juanito de Marchena, al que alistaron a la fuerza el bando republicano, estuvo entre los que se unieron a la «Columna flamenca» de Jaén, que iban cantando a las tropas o en los teatros colectivizados. Una noche discutió con un sargento, fue enviado al frente y tras confesar a sus compañeros de trinchera que era de derechas, esperaron a que tratara de cruzar al otro bando para matarlo. O el caso de Luis Llace, un gran guitarrista a juicio de Vergillos, que solo porque le gustaba «vestir elegantemente», en el Madrid sitiado, recibió tal paliza que murió a los pocos días.

Pero con la implantación del nuevo régimen, el silencio imperó para todos. El contenido social desapareció del cante, lo mismo que sus reivindicaciones. Casos como los de Bizco Amate, destacados en el libro de Grimaldos, solo pudieron darse en la más absoluta marginalidad. Este cantaor, gitano de Sevilla, vivía debajo de un puente y frecuentaba constantemente las comisarías. Suya fue esta pieza en la que sobrevivía la tradición contestataria del género:

A mí me preguntó un juez
que de qué me mantenía
yo le dije que robando
como se mantiene usía,
¡pero yo no robo tanto!

La conciencia de la masacre perpetrada contra ellos no se puso de manifiesto hasta 1968, cuando José Menese tuvo el valor de cantar su «Romance de Juan García», nombre con el que se refería a todos los que sufrieron el paseo. A los braceros que fueron ejecutados in situ en Andalucía por falangistas e hijos de señoritos a caballo que bromeaban diciendo que aquellas batidas eran la verdadera «reforma agraria», que por fin los campesinos iban a tener un trozo de tierra para ellos.

Fue sentenciado Juan García
a golpes de mosquetón
primera noche de agosto
sin jueces ni defensor.
No era por miedo su llanto
porque llorando salió
llorando porque dejaba
lo que en su casa dejó.
Lo sacaron amarrao
y amarraíto quedó
a dos pasos del camino
en el camino de Morón.
Así murió Juan García
testamento no escribió
pero lo que Juan dejaba
el pueblo lo recogió.

El olvido de todos estos artistas ha servido para establecer la que para Vergillos es la gran polémica «política» actual del flamenco: «La de los que pretenden que es un arte de la caverna, un arte marginal, minoritario, y los que creemos que en otro tiempo fue el arte más popular de España, y que se codeaba con los artistas de vanguardia en los veinte y los treinta; los que creen que es patrimonio de unos cuantos y los que pensamos que es un lenguaje a disposición del que tenga algo que decir». Una constatación más de que el genocidio en España no solo derramó sangre, sino que también aniquiló la esencia cultural de nuestro pueblo.

 

 

 

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"Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que la de las personas célebres". Walter Benjamin

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