FRIDAY 22 NOVEMBER 2019

Presentacion del libro TALENTO Y EXILIO: LA DIASPORA DEL CONOCIMIENTO

 

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TALENTO Y EXILIO: LA DIÁSPORA DEL CONOCIMIENTO

Pedro López López, Pilar Nova Melle y Juan Miguel Sánchez Vigil (coords.).

Editorial Punto Rojo, Sevilla, 2019.

Se trata de una publicación reciente, iniciativa de la Asociación de Descendientes del Exilio Español. El propio título responde con precisión al contenido que encontrará el lector. Por un lado Talento; los coordinadores del libro han procurado mostrar un amplio abanico de destacados profesionales; arquitectos, pintores, filósofos, médicos, químicos, físicos, pintores, escultores, escritores, etc. Entre ellos, dos mujeres que destacaron en profesiones impensables para la mujer de la primera mitad del siglo pasado; la aviadora Mari Pepa Colomer y la deportista de élite Ana María Martínez Sagi. La república hizo posible un cambio social modernizador y la mujer fue la gran protagonista. El talento femenino emergió en cuanto se le dio la oportunidad.

En la década de los años treinta España estaba en la vanguardia mundial, desde el punto de vista cultural hubo un florecimiento general; una especie de Renacimiento. La Constitución de 1931, garante de la libertad de expresión, abonaba el terreno de la creatividad.

Por otro lado Exilio; todas las semblanzas recogidas tienen el denominador común de padecer el exilio. Muchos de ellos jamás volverían a España, pero todos con España presente; nunca se desvincularon. Una buena prueba de ello es que fueron los fundadores de revistas, colegios, casas de España, introductores del hispanismo en las universidades. Fueron los grandes difusores de nuestra cultura. A ellos les debemos, por ejemplo; la promoción de la lengua española en los países del este de Europa, reeditando obras de autores del Siglo de Oro español y también contemporáneos como los de la Generación el 98 y de la Generación del 27. Y como no; España siempre en el legado escultórico o pictórico.

Si en la década de los años cincuenta se recuperaron en España los índices económicos de 1935, desde la perspectiva del conocimiento no hubo recuperación posible. La pérdida de saberes que supuso el exilio ha sido irrecuperable.

En este pequeño libro, pero rico de contenido, han participado 25 autores elaborando una difícil síntesis biográfica de cuarenta grandes intelectuales y artistas de la II República que se vieron abocados al exilio al finalizar la guerra civil. Se lee con avidez porque es ameno, porque se descubren cosas, porque los autores han cuidado la combinación de una redacción rigurosa en contenidos descriptivos a la vez que una valiosa aportación al conocimiento de la memoria histórica de nuestro país.

Acabada la lectura del libro, uno se queda con la sensación de querer conocer más. Afortunadamente, los coordinadores se han comprometido a seguir trabajando para ampliar el número de semblanzas, cubriendo aquellas profesiones que no han sido incluidas en esta edición.

En mi opinión, este libro tiene el mérito de cubrir un espacio, no suficientemente explorado con anterioridad por las publicaciones dedicadas al exilio; a veces se conocen más las vidas que las obras de muchos de los reseñados.

Finalmente señalar que aunque los coordinadores y muchos de los autores son profesores universitarios, sin mermar en el rigor, no han pretendido escribir un libro académico, sino un libro para el público general, es perfectamente accesible a todo tipo de lectores. En definitiva, es un libro de interés para cualquier lector interesado en el conocimiento de la historia del exilio republicano español, así como en la historia de nuestro país.

Jaime Gómez, periodista.

 

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Tres mil niñas y niños, de entre cuatro y quince años, fueron evacuados a la Unión Soviética, durante la Guerra Civil española y quedaron aislados de sus familias. Son conocidos como los “Niños de Rusia”. En ese país fueron lo que hoy llamamos “refugiados”.

¿Qué fue de ellos? ¿Qué de sus padres y hermanos, quebrados por la ausencia? ¿Qué de los que volvieron? ¿Qué de los que quedaron, para siempre, allí?

Cada cual sería merecedor de su propio relato. Esta novela nos lleva por el hilo conductor del periplo de uno de ellos: Tino, el primero en retornar a España.

Pocos días antes del golpe franquista del 18 de julio de 1936, con once años de edad, salió de su casa de Oviedo, para pasar una quincena de vacaciones en la Colonia de Salinas; un campamento de verano en Avilés. No volvió a reencontrarse con sus seres queridos hasta cinco años y medio después.

Los primeros catorce meses quedaría separado de su familia por el cerco de Oviedo. Después saldría, desde Gijón, en una épica navegación hacia el Mar Báltico con destino a la URSS. En la región de Moscú y en Leningrado viviría sus años de infancia y primera juventud. Combatiente voluntario del Ejército Rojo Soviético, en el frente de Karelia, fue hecho prisionero e internado en un campo de concentración finlandés, dirigido por los nazis, hasta su retorno a España.

La mayoría vivimos una vida pero hay unos pocos a quiénes, el azar, les depara vivir varias dentro de la suya. Aquellos “Niños” tuvieron ese destino.

Sirva esta narración para que, el recuerdo de estas otras víctimas de la guerra y el exilio, no quede en el olvido y porque, la memoria, al igual que la palabra, “es un arma cargada de futuro”.

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Reseña trascrita del digital infolibre.es

  • Alberto Reig denuncia la pervivencia de los miasmas que se esparcieron en los relatos acuñados en la mitología aceptada por el franquismo
  • Lo que se conoce como “revisionismo” es el intento de volver a los orígenes: la República fue un desastre; la Guerra Civil fue inevitable

Desde hace muchos años Alberto Reig, catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, ha dedicado especial atención al fenómeno de la regresividad en el relato sobre la República, la Guerra Civil y el franquismo. Entiendo por regresividad la vuelta hacia atrás, desdeñando los progresos realizados en la recuperación documentada y contrastable de todo ese pasado agónico y controvertido.
Cualquier obra de historia es, por supuesto, una construcción. En general se basa en la combinación de factores hermenéuticos y heurísticos perfectamente determinados. Cuentan, en particular, la personalidad del investigador, su trayectoria, su formación técnica, su experiencia y, no en último término, su ideología; la naturaleza de los temas sobre los que proyecte su atención; el mayor o menor cuidado en la identificación, selección y tratamiento de las fuentes; la comparación de su relato con el de sus pares y, no en último término, su curiosidad por enriquecer en la mayor medida posible el acervo de conocimientos contrastables. No todo lo que se escribe sobre el pasado es historia ni tampoco coincide con la aplicación de protocolos o cánones reconocidos en la profesión. El vínculo con las fuentes es, en ellos, fundamental.
Alberto Reig ha publicado hace unos meses, en la prestigiosa editorial Siglo XXI de España, un nuevo libro contra las distorsiones en los relatos de varios autores (algunos son incluso historiadores profesionales) que más que historia escriben “historietografía”, un neologismo por él acuñado y que servidor a veces le ha tomado prestado. Con él denota a pervivencia de los miasmas que se esparcieron en los relatos acuñados en la mitología aceptada por el franquismo y mantenida hasta la fecha con artilugios conceptuales y del estilo para salvar de ella lo que en la actualidad puede parecer mínimamente salvable. Esto significa la negación del progreso en materia de conocimiento histórico, ya sea por capas, estratos o etapas sucesivas, y la subsistencia de una supuesta “verdad” supra-temporal, tal y como la definió la necesidad de Franco y sus adláteres de explicar los orígenes de la Guerra Civil, los determinantes esenciales de su evolución y su imbricación con una dictadura de casi cuarenta años.

Tal regresividad es algo que no constata solo Alberto Reig. Santos Juliá, por ejemplo, ha escrito abundantes páginas al respecto, reconociendo que los acuerdos centrales a los que parecíamos haber llegado los historiadores hace 15 o 20 años han saltado por los aires. Si algún lector acude a los DVDs de “España en guerra” y escucha los comentarios que acompañan las imágenes podrá tener una idea de cuáles eran. No en vano el equipo de redacción insistió en que la imagen debía ajustarse al texto y tal texto fue consensuado entre los 14 o 15 historiadores que participamos. Nunca se ha publicado —una lástima— y quizá no estaría de más que alguien lo pusiera al día porque es un hecho que la investigación histórica no ha dejado de progresar en los últimos 30 años.

Se han enhebrado numerosas explicaciones de por qué ha sucedido lo que ha sucedido y se ha explicado desde múltiples ángulos: sociología, ciencia política, sicología social, sicoanálisis y, por supuesto, la historia misma. En el bien entendido de que España no es un país extraño en el que ocurran esas cosas extrañas. Ejemplos hasta cierto punto similares han figurado de forma prominente en los últimos tiempos en Italia o Estados Unidos, que también atravesaron por guerras civiles desgarradoras y que tienen la ventaja de no ser casos demasiado exóticos. El hilo común son los cambios políticos y parapolíticos acaecidos en las respectivas sociedades: los triunfos de Berlusconi o de Trump han reabierto grietas que parecían cerradas. El del PP en las elecciones de 1996 favoreció la regresividad autóctona e incluso foránea, entre algún que otro historiador extranjero. Pero lo que en España desató una contraofensiva fue el incesante goteo de informaciones, que han calado en un amplio sector de la sociedad, sobre los horrores, hasta entonces silenciados, de la represión franquista en la guerra y en la postguerra. El fenómeno de las tumbas olvidadas, los relatos sobre ejecuciones sumarias y la farsa de los consejos de guerra (incluido el TOP de años posteriores) han lastrado para siempre las versiones unilaterales franquistas sobre los “desmadres” de la represión republicana, reducida a la mitad o a un tercio del volumen propagado por los cuentistas de la dictadura.

El objeto de la ira para Alberto Reig es, pues, el mal llamado “revisionismo” patrio. Digo mal llamado porque la investigación histórica genuina es siempre revisionista. No puede ser de otra manera. Los progresos en historia dependen del descubrimiento de nuevas fuentes y de la aplicación de construcciones conceptuales y metodológicas que se encuentran en proceso de cambio. Entre ambas variables existe una interacción constante. Hace años surgió la preocupación por el factor género en los estudios históricos. Su aplicación abrió toda una serie de fuentes nuevas o permitió “revisitar” las ya conocidas. Hoy las construcciones culturales están de moda. Han permitido generar nuevos conocimientos y nuevas interpretaciones. La historia se mueve y del pasado puede decirse que hoy ya no es lo que era ayer. Es la demostración del auténtico revisionismo en la investigación.

Lo que en el discurso vulgar suele pasar por “revisionismo” es el intento de volver, en la medida posible, a los orígenes: la República fue un desastre; la Guerra Civil fue inevitable; se ganó gracias al genio de Franco; el régimen subsiguiente fue una dictadura rápidamente atemperada; el franquismo favoreció la evolución económica y social de España; creó una amplia clase media y, en definitiva, sentó las bases de una última “regeneración” (a veces se dice que sin proponérselo conscientemente) que acomodó una transición más o menos inevitable, ya que “no podía haber franquismo sin Franco”. En una aplicación del método más tautológico posible se afirma que sin Franco no es concebible la España de nuestros días. Algo como decir que sin Hitler no se comprende la Alemania de hoy. ¿Conclusión? Habría que elevar a ambos todas las estatuas posibles, aunque en el segundo caso con extremo cuidado y solo metafóricamente porque en Alemania sería un delito previsto en el código penal. Por su parte, en España han ido desapareciendo las razones que hubo en su momento (aunque, algunos pensarán, siempre quedan los corazones y la necesidad de oponer una “contramemoria” o un contrarrelato que sirva de baluarte para los convencidos, aquellos a quien se refería Ricardo de la Ciervacomo los que no deseaban que les robaran “nuestra historia”). Todo para ganar puntos en la pugna político-ideológica de nuestros días.

Alberto Reig, estudioso preciso e inmisericorde del historiador de cámara de Franco, ha leído la extensa obra de numerosos “revisionistas” y camelistas. Aplica un método de análisis y contextualización implacable para poner al descubierto sus miserias, sus contradicciones y su desprecio por los hallazgos según los protocolos metodológicos generalmente aceptados. No deja títeres con cabeza y sigue a rajatabla la máxima de “al pan, pan y al vino, vino”. ¿Por qué andarse con elucubraciones y palabras de buen tono para quienes falsean ese pasado que en su totalidad es incognoscible, pero del que conocemos un retazo cada vez más amplio, incluido su lado más sombrío?

Los afectados (siempre con menos títulos) se quejarán, tal vez, del sarcasmo y de la ironía del profesor Reig. Pero, ¿por qué deberían extrañarse? Han elaborado con denuedo su aportación a la regresividad en las condiciones creada por unas autoridades que no han sido capaces de proseguir la desclasificación de fuentes todavía cerradas a la investigación. Con excusas grotescas o, ahora, simplemente sin excusas. ¿Conocen los lectores alguna manifestación de, valga el caso, la señora ministra de Defensa explicando razonablemente por qué no continúa con la política de apertura de archivos que se detuvo con su nunca olvidado predecesor? ¿Y qué decir de los archivos del Ministerio de la Gobernación?

Si los lectores quieren pasar un buen rato, reírse (o llorar, según se mire) de la regresividad de autores que suelen mostrarse muy activos en las redes sociales y en ciertos medios de comunicación, perfectamente identificados con sus escasas grandezas y abundantes miserias tendrán pocas posibilidades más entretenidas de hacerlo que si repasan las suculentas páginas que Alberto Reig nos ha entregado. En ellas verán reproducidas muchas de sus afirmaciones en una amplia gama que va de la idiotez pura y dura a una incomprensible autosuficiente metodológica. Sin el menor recato declaro ser un admirador de la inmensa paciencia de que el catedrático de Tarragona ha hecho gala para no estallar y sí para escribir una obra sardónica y divertida. No se la pierdan.

*Ángel Viñas es historiador. Sus últimos libros, Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco (Crítica, 2016) y La otra cara del caudillo (Crítica, 2015).

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Gritos de papel

La historia de los refugiados españoles comienza en 1936. Desde los primeros bombardeos, miles de hombres, mujeres y niños tuvieron que huir y abandonarlo todo para poner a salvo sus vidas. La guerra les obligó a errar continuamente de casa en casa, de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, de país en país. Para todos ellos, la escritura se tornó imprescindible. Cuando ya no les quedaban fuerzas ni esperanza para seguir, el envío de súplicas desesperadas a las autoridades, a los organismos asistenciales y a todas aquellas instituciones dispuestas a ayudar, les brindó la posibilidad de empezar de nuevo. Este libro recupera esos gritos de papel que los exiliados españoles escribieron desde los refugios, los campos de internamiento franceses y sus primeros destinos al llegar a México. Conocer el itinerario recorrido por las cientos y cientos de peticiones que nutren estas páginas es conocer el periplo de esta España peregrina y construir una historia diferente del éxodo del pueblo español, contada en primera persona, que permite demostrar cómo, a pesar de todas las derrotas, sus autores nunca se resignaron. Sus palabras son hoy la mayor prueba de su inagotable lucha, el mejor símbolo de su resistencia y una huella imborrable de su memoria.

Guadalupe Adámez Castro es Doctora en Historia por la Universidad de Alcalá, donde forma parte del Seminario Interdisciplinar de estudios sobre Cultura Escrita (SIECE) y del Grupo de Investigación LEA (Lectura, Escritura, Alfabetización). Ha sido investigadora pre y posdoctoral del Proyecto Europeo «Post Scriptum: A Digital Archive of Ordinary Writing (Early Modern Portugal and Spain)», vinculado a la Universidad de Lisboa y ha desarrollado diferentes estancias de investigación en México, Estados Unidos, Francia e Italia. Es una de las coordinadoras de la exposición itinerante Entre España y Rusia. Recuperando la historia de los Niños de la Guerra y desde 2011 pertenece al equipo de trabajo Palabras en el tiempo, encargado del Archivo del buzón de la tumba del poeta Antonio Machado en el Cementerio Municipal de Collioure. Su principal línea de investigación versa sobre el estudio de las prácticas epistolares producidas en el contexto del exilio español, centrándose especialmente en las cartas de súplica enviadas por los refugiados a distintas organizaciones de ayuda. Así como, el análisis de las diferentes prácticas de escritura que se produjeron en el interior de los campos de internamiento del suroeste francés donde fueron recluidos miles de exiliados españoles.

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El Valor de la memoria

La libreria El Sueño Igualitario publica una entrevista con Pablo Iglesias Nuñez, hijo de la autora del libro « El valor de la Memoria ».  Sintetizamos la entrevista y recensión sobre dicho libro :

Este libro es el testimonio de una mujer que vivió la represión de la cárcel de Ventas y del campo de concentración de Ravensbrück. En él  narra el periplo de la que fue secretaria de Pablo Neruda. Cuenta con la introducción de Mirta Núñez Díaz-Balart y con el prólogo de Elvira Lindo.

El valor de la memoria, está compuesto de 2 libros: «Cárcel de Ventas» (publicado en castellano en 1967 en París, en Colección Ebro) y «Destinada al crematorio» (traducción al castellano de «El carretó dels gossos», publicado en catalán en 1980 y reeditado en 2005 por Edicions 62). Estos libros se completan con la biografía de Mercedes, un léxico de los términos empleados en el libro, una amplia bibliografía y un álbum fotográfico, según comenta su hijo Pablo Iglesias Núñez.

Lo que cuenta la editorial sobre este libro:

De las cárceles franquistas a los campos de exterminio nazis, Mercedes Núñez Targa, mujer de convicciones del siglo xx (Barcelona 1911-Vigo 1986), cuenta con sinceridad y talento su increíble odisea. Se trata de un relato en primera persona donde la autobiografía se completa con un análisis sociológico. La narración incluye detalles estrictamente femeninos que hacen que el testimonio sea particularmente interesante. El 14 de abril de 1931 Mercedes asiste con entusiasmo a la proclamación de la IIª República española. En 1934, trabaja como secretaria de Pablo Neruda, siendo éste Cónsul de Chile en Barcelona. El 18 de julio de 1936 estalla el golpe de estado militar de los generales facciosos. Mercedes pagará con privación de libertad su compromiso en la defensa de los valores de la República. En 1942, a su salida de la temida cárcel de Ventas de Madrid, toma el camino del exilio y atraviesa los Pirineos. Se encuentra de nuevo con sus camaradas de lucha en Carcassonne y se incorpora a la Resistencia. La detiene la Gestapo en mayo de 1944 y la envía a deportación. Conocerá el infierno de Ravensbrück. El 14 de abril de 1945, día de su liberación, estaba destinada a la cámara de gas. Mercedes consagró el resto de su vida a ofrecer su testimonio, considerando como un deber imperativo transmitir El valor de la memoria. A. Bonet.

A la pregunta de Cazarabet ¿qué es lo primero que recuerda de su madre? Pablo responde: respeto y admiración por su generosidad y su entereza. Me pregunto si habrá valido la pena tanto sacrificio viendo el discurrir de la sociedad y la desmemoria que impera en nuestro país, aunque ella, cuando le preguntaban, siempre contestaba que, a pesar de todo, si había valido la pena.

En relación a la prisión de Ventas, Mercedes dice:  Ventas no sólo fue un lugar de represión y de tortura, se trataba de destruir la persona haciéndole perder su identidad, su dignidad así como sus ideales. Relata el caso de las condenadas a muerte que se inscriben en los cursos impartidos por algunas presas. Una de ellas le cuenta a Mercedes: “Vengo a aprender a leer. Si me matan, no habré perdido nada. Y si vivo, tendré un arma más en contra del enemigo…”. Lo que más recordaba de Ventas era el maltrato infligido por las religiosas y la solidaridad entre presas.

Continua su hijo con los recuerdos : siempre contaba mi madre que, a la Liberación, lo primero que preguntó era si había caído Franco. La respuesta negativa le supuso una gran desilusión. Siempre pensó que las tropas aliadas ayudarían a liberar España del fascismo, pero no fue así.

En relación al día después de salir de un campo de concentración en una entrevista decía Mercedes: “…al entrar en contacto con la vida normal nos dimos cuenta que éramos distintos. Notas que tienes deficiencias. Ya no sabes saludar a la gente, ir a comprar, pagar el alquiler. Además pierdes la memoria, ya no te acuerdas ni de tu dirección. Hay que hacer un esfuerzo enorme para subir un escalón en tu vida y ponerte al nivel de la gente normal”.

Mercedes Núñez Targa (Barcelona, 1911-Vigo, 1986), fue secretaria del poeta Pablo Neruda durante la República, siendo éste cónsul de Chile en Barcelona. Lucha en la guerra en las filas del PSUC, por lo que en 1940 es condenada a 12 años de prisión, e internada en la Cárcel de Ventas. Liberada ese mismo año por un error burocrático, escapa a Francia y sigue allí luchando en el maquis contra el fascismo. En 1944 es detenida por los nazis e internada en el campo de concentración de Ravensbrück, donde tras sobrevivir varios meses en medio del horror, es liberada pocos días antes de la fecha en que estaba prevista su ejecución.

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"Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que la de las personas célebres". Walter Benjamin