WEDNESDAY 20 JUNE 2018

Allez, allez…!
viernes 27 abril 2018 – 19:30 Auditorio  Conde Duque C/ Conde Duque, 9-11

Luisa y Cuco Pérez interpretan la música que acompañó a los cientos de miles de exiliados repúblicanos  españoles  refugiados en Francia.

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Los hermanos Luisa y Cuco Pérez interpretan las canciones que compusieron los exiliados repúblicanos españoles en los campos de concentración franceses tras La Retirada, en 1939. En el concierto, los hermanos Pérez relatan, mediante proyecciones, la historia de su familia, exiliada también en aquellos campos desde 1939 hasta 1942, y el público podrá oír por primera vez la música que acompañó a los cientos de miles de exiliados republicanos españoles que, una vez derrotada la II República, se refugiaron en Francia para vivir un calvario de hambre, soledad y campos de concentración.

En estas piezas se refleja no sólo el dolor vivido, sino también el humor con el que aquellos exiliados rpúblicanos españoles se enfrentaban a su desgracia para poder sobrevivir. Las letras de estas piezas recopiladas por los hermanos Pérez y editadas en el libro-disco Allez, Allez…! fueron, en su mayoría, compuestas sobre melodías populares ya existentes durante  la República, aunque también han podido recuperar composiciones originales.

Aunque sí que se ha estudiado e investigado la música clásica en los campos de concentración y se han rescatado composiciones originales escritas en ellos, por lo que respecta a la música popular, la que se canta, se comparte y se transmite sin pentagrama, no existe una investigación anterior. Un legado que, de no rescatarse, se hubiera perdido al desaparecer sus protagonistas.

Luisa Pérez

Nace en Segovia. Estudia canto con Eva Novotna y técnica vocal con Ana María Pinto y José Luis Puente. Participa en seminarios de canto Gospel y Jazz con el guitarrista brasileño Robson Miguel. Recibe cursos de percusión latina con Ronny Vasques y M. Paz González, cursos de improvisación y teatro de objetos con Roberto White y Jaime Santos (La Chana), cursos de danza contemporánea para actores de Segovia y Madrid con Clement, bailarín y coreógrafo.

Ha formado parte de grupos de distintos estilos como La Casa del Conde, Calambur, Moncho Alpuente Project, Son de niños o Landú, así como la Orquesta y Coro de Gospel y Jazz de Robson Miguel, como voz soprano.

En 2002 edita su disco Luisa canta a Ángel González, producido por Gaspar Payá. Su voz se puede escuchar en diversas grabaciones junto a Amancio Prada, Moncho Alpuente, Quintín Cabrera o Luis Pastor, entre otros, y en la banda sonora de La Baraja del Rey Don Pedro, de José Luis Gómez. En la actualidad lidera su propio proyecto Luísame Mucho, imparte clases de teatro para niños y colabora con el Taller de Teatro del Ayuntamiento de Segovia dirigido por Maite Hernangómez, y es la voz cantante de Pecata Viruta y La Troupé de la Merced.

Cuco Pérez

Cuco Pérez (Segovia, España, 1959) es un acordeonista, compositor y músico de sesión español conocido por su trabajo con numerosas bandas y artistas del panorama musical español, entre las que figuran Nuestro Pequeño Mundo, Celtas Cortos, Radio Tarifa, Revólver, La Troupé de la Merced, Amancio Prada, Pedro Guerra, Ismael Serrano, entre otros.

Cuco Pérez es uno de los primeros en introducir el acordeón en el flamenco y ha acompañado a artistas como Joaquín Ruiz, Joaquín Cortés, Rafael Amargo o Aída Gómez por todo el mundo.

En 1991 publica su primer trabajo en solitario, titulado Cambiando el Paso. Este disco plantea un tratamiento vanguardista del acordeón, y con él obtiene excelentes críticas.

En el campo de la composición, ha realizado numerosos trabajos para documentales y obras de teatro y ha trabajado como intérprete con algunos directores de cine, como José Luis Cuerda, Alejandro Amenábar, Jaime de Armiñán o Berlanga.

Su colección de acordeones, cercana a las 300 piezas es una de las más importantes de Europa y se exhibe parcialmente en el Monasterio de Silos.

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Reseña trascrita del digital infolibre.es

  • Alberto Reig denuncia la pervivencia de los miasmas que se esparcieron en los relatos acuñados en la mitología aceptada por el franquismo
  • Lo que se conoce como “revisionismo” es el intento de volver a los orígenes: la República fue un desastre; la Guerra Civil fue inevitable

Desde hace muchos años Alberto Reig, catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, ha dedicado especial atención al fenómeno de la regresividad en el relato sobre la República, la Guerra Civil y el franquismo. Entiendo por regresividad la vuelta hacia atrás, desdeñando los progresos realizados en la recuperación documentada y contrastable de todo ese pasado agónico y controvertido.
Cualquier obra de historia es, por supuesto, una construcción. En general se basa en la combinación de factores hermenéuticos y heurísticos perfectamente determinados. Cuentan, en particular, la personalidad del investigador, su trayectoria, su formación técnica, su experiencia y, no en último término, su ideología; la naturaleza de los temas sobre los que proyecte su atención; el mayor o menor cuidado en la identificación, selección y tratamiento de las fuentes; la comparación de su relato con el de sus pares y, no en último término, su curiosidad por enriquecer en la mayor medida posible el acervo de conocimientos contrastables. No todo lo que se escribe sobre el pasado es historia ni tampoco coincide con la aplicación de protocolos o cánones reconocidos en la profesión. El vínculo con las fuentes es, en ellos, fundamental.
Alberto Reig ha publicado hace unos meses, en la prestigiosa editorial Siglo XXI de España, un nuevo libro contra las distorsiones en los relatos de varios autores (algunos son incluso historiadores profesionales) que más que historia escriben “historietografía”, un neologismo por él acuñado y que servidor a veces le ha tomado prestado. Con él denota a pervivencia de los miasmas que se esparcieron en los relatos acuñados en la mitología aceptada por el franquismo y mantenida hasta la fecha con artilugios conceptuales y del estilo para salvar de ella lo que en la actualidad puede parecer mínimamente salvable. Esto significa la negación del progreso en materia de conocimiento histórico, ya sea por capas, estratos o etapas sucesivas, y la subsistencia de una supuesta “verdad” supra-temporal, tal y como la definió la necesidad de Franco y sus adláteres de explicar los orígenes de la Guerra Civil, los determinantes esenciales de su evolución y su imbricación con una dictadura de casi cuarenta años.

Tal regresividad es algo que no constata solo Alberto Reig. Santos Juliá, por ejemplo, ha escrito abundantes páginas al respecto, reconociendo que los acuerdos centrales a los que parecíamos haber llegado los historiadores hace 15 o 20 años han saltado por los aires. Si algún lector acude a los DVDs de “España en guerra” y escucha los comentarios que acompañan las imágenes podrá tener una idea de cuáles eran. No en vano el equipo de redacción insistió en que la imagen debía ajustarse al texto y tal texto fue consensuado entre los 14 o 15 historiadores que participamos. Nunca se ha publicado —una lástima— y quizá no estaría de más que alguien lo pusiera al día porque es un hecho que la investigación histórica no ha dejado de progresar en los últimos 30 años.

Se han enhebrado numerosas explicaciones de por qué ha sucedido lo que ha sucedido y se ha explicado desde múltiples ángulos: sociología, ciencia política, sicología social, sicoanálisis y, por supuesto, la historia misma. En el bien entendido de que España no es un país extraño en el que ocurran esas cosas extrañas. Ejemplos hasta cierto punto similares han figurado de forma prominente en los últimos tiempos en Italia o Estados Unidos, que también atravesaron por guerras civiles desgarradoras y que tienen la ventaja de no ser casos demasiado exóticos. El hilo común son los cambios políticos y parapolíticos acaecidos en las respectivas sociedades: los triunfos de Berlusconi o de Trump han reabierto grietas que parecían cerradas. El del PP en las elecciones de 1996 favoreció la regresividad autóctona e incluso foránea, entre algún que otro historiador extranjero. Pero lo que en España desató una contraofensiva fue el incesante goteo de informaciones, que han calado en un amplio sector de la sociedad, sobre los horrores, hasta entonces silenciados, de la represión franquista en la guerra y en la postguerra. El fenómeno de las tumbas olvidadas, los relatos sobre ejecuciones sumarias y la farsa de los consejos de guerra (incluido el TOP de años posteriores) han lastrado para siempre las versiones unilaterales franquistas sobre los “desmadres” de la represión republicana, reducida a la mitad o a un tercio del volumen propagado por los cuentistas de la dictadura.

El objeto de la ira para Alberto Reig es, pues, el mal llamado “revisionismo” patrio. Digo mal llamado porque la investigación histórica genuina es siempre revisionista. No puede ser de otra manera. Los progresos en historia dependen del descubrimiento de nuevas fuentes y de la aplicación de construcciones conceptuales y metodológicas que se encuentran en proceso de cambio. Entre ambas variables existe una interacción constante. Hace años surgió la preocupación por el factor género en los estudios históricos. Su aplicación abrió toda una serie de fuentes nuevas o permitió “revisitar” las ya conocidas. Hoy las construcciones culturales están de moda. Han permitido generar nuevos conocimientos y nuevas interpretaciones. La historia se mueve y del pasado puede decirse que hoy ya no es lo que era ayer. Es la demostración del auténtico revisionismo en la investigación.

Lo que en el discurso vulgar suele pasar por “revisionismo” es el intento de volver, en la medida posible, a los orígenes: la República fue un desastre; la Guerra Civil fue inevitable; se ganó gracias al genio de Franco; el régimen subsiguiente fue una dictadura rápidamente atemperada; el franquismo favoreció la evolución económica y social de España; creó una amplia clase media y, en definitiva, sentó las bases de una última “regeneración” (a veces se dice que sin proponérselo conscientemente) que acomodó una transición más o menos inevitable, ya que “no podía haber franquismo sin Franco”. En una aplicación del método más tautológico posible se afirma que sin Franco no es concebible la España de nuestros días. Algo como decir que sin Hitler no se comprende la Alemania de hoy. ¿Conclusión? Habría que elevar a ambos todas las estatuas posibles, aunque en el segundo caso con extremo cuidado y solo metafóricamente porque en Alemania sería un delito previsto en el código penal. Por su parte, en España han ido desapareciendo las razones que hubo en su momento (aunque, algunos pensarán, siempre quedan los corazones y la necesidad de oponer una “contramemoria” o un contrarrelato que sirva de baluarte para los convencidos, aquellos a quien se refería Ricardo de la Ciervacomo los que no deseaban que les robaran “nuestra historia”). Todo para ganar puntos en la pugna político-ideológica de nuestros días.

Alberto Reig, estudioso preciso e inmisericorde del historiador de cámara de Franco, ha leído la extensa obra de numerosos “revisionistas” y camelistas. Aplica un método de análisis y contextualización implacable para poner al descubierto sus miserias, sus contradicciones y su desprecio por los hallazgos según los protocolos metodológicos generalmente aceptados. No deja títeres con cabeza y sigue a rajatabla la máxima de “al pan, pan y al vino, vino”. ¿Por qué andarse con elucubraciones y palabras de buen tono para quienes falsean ese pasado que en su totalidad es incognoscible, pero del que conocemos un retazo cada vez más amplio, incluido su lado más sombrío?

Los afectados (siempre con menos títulos) se quejarán, tal vez, del sarcasmo y de la ironía del profesor Reig. Pero, ¿por qué deberían extrañarse? Han elaborado con denuedo su aportación a la regresividad en las condiciones creada por unas autoridades que no han sido capaces de proseguir la desclasificación de fuentes todavía cerradas a la investigación. Con excusas grotescas o, ahora, simplemente sin excusas. ¿Conocen los lectores alguna manifestación de, valga el caso, la señora ministra de Defensa explicando razonablemente por qué no continúa con la política de apertura de archivos que se detuvo con su nunca olvidado predecesor? ¿Y qué decir de los archivos del Ministerio de la Gobernación?

Si los lectores quieren pasar un buen rato, reírse (o llorar, según se mire) de la regresividad de autores que suelen mostrarse muy activos en las redes sociales y en ciertos medios de comunicación, perfectamente identificados con sus escasas grandezas y abundantes miserias tendrán pocas posibilidades más entretenidas de hacerlo que si repasan las suculentas páginas que Alberto Reig nos ha entregado. En ellas verán reproducidas muchas de sus afirmaciones en una amplia gama que va de la idiotez pura y dura a una incomprensible autosuficiente metodológica. Sin el menor recato declaro ser un admirador de la inmensa paciencia de que el catedrático de Tarragona ha hecho gala para no estallar y sí para escribir una obra sardónica y divertida. No se la pierdan.

*Ángel Viñas es historiador. Sus últimos libros, Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco (Crítica, 2016) y La otra cara del caudillo (Crítica, 2015).

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Allez,  Allez…! es un Libro – Disco publicado recientemente donde se recoge el Cancionero Popular de los Refugiados Republicanos Españoles en los campos de concentración franceses.

En el interior del libro, además del disco, encontrarás como obsequio, un póster del AUCA DEL REFUGIAT, editado en 1944 por las Brigadas Internacionales en Toulouse, y que hemos rescatado también para esta edición.
Para adquirirlo escribe  al correo: cucoperez@cucoperez.com

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‘Asylum’, un cómic que nos recuerda que los españoles también fuimos refugiados

  • Javier de Isusi mezcla la crisis migratoria actual con el exilio tras la Guerra Civil
  • Un cómic basado en testimonios reales de refugiados
JESÚS JIMÉNEZ (@vinetabocadillo)

Con la actual crisis de los refugiados han aumentado los sentimientos xenófobos contra los extranjeros, pero no podemos olvidar que no hace tanto tiempo que fuimos los españoles los que llamamos a las puertas de Europa y América en busca de refugio, a raíz de la Guerra Civil. Algo que nos recuerda el cómic Memorias compartidas (CEAR-Euskadi/Astiberri), de Javier de Isusi (Bilbao, 1972).

“El libro –asegura Javier- formaba parte del proyecto Memorias Compartidas, elaborado entre CEAR-Euskadi y el observatorio por la paz Gernika Gogoratuz. Se trataba de visibilizar que la memoria del exilio es siempre similar; aunque las circunstancias que provocan un exilio puedan ser muy diversas, al final las experiencias son muy similares”.

portada1comic 5viñeta 4viñeta 3 viñeta 2viñeta 1viñeta “Cuando me lo propusieron -asegura el dibujante- yo les dije que habían dado con la persona perfecta, porque esa era una idea que ya me rondaba desde hacía años. Yo la había pensado no con refugiados, sino con emigrantes en general, pero la idea era la misma; mostrar cómo nos vemos cuando somos nosotros quienes buscamos asilo y cómo vemos al otro cuando llama a nuestra puerta”.

Las mujeres son las grandes protagonistas

Javier resume así el argumento del cómic: “Son cinco historias que se van entrelazando. Hay una principal, que es la de una mujer vasca que tuvo que exiliarse tras la guerra civil. Esa historia está narrada desde el principio hasta el final y, a medida que va evolucionando, se van introduciendo las otras, que son historias de exilio actuales. Y así aparecen continuamente las evidentes similitudes y conexiones entre unas y otras”.

Otra de las particularidades del libro es que casi todas las protagonistas son Mujeres. “Uno de los requisitos del proyecto –asegura Javier- era que abordara el tema de género. Casi siempre se habla de refugiados en masculino, y aquí queríamos resaltar que las mujeres refugiadas no sólo lo son en calidad de “mujeres de” o “hijas de”. Y aún más que, a menudo, tienen que huir precisamente por su condición de mujer”.

“Y casi todas son africanas –continúa-. Cuando se habla de personas refugiadas en seguida nos viene a la mente Siria o Palestina, pero la gran mayoría de las personas que llegan en pateras o se agolpan en Melilla son africanas, y muchas de ellas vienen huyendo de situaciones que las han obligado a migrar”.

Historias basadas en casos reales

Lo que hace más dolorosas a estas historias son que están basadas en casos reales: “Sí, todas ellas –asegura Javier-. Alguna, como la de Imelda, una periodista mexicana que, por denunciar los casos de feminicidio de Ciudad Juárez es amenazada de muerte, es prácticamente idéntica a la historia de la mujer en quien está basada”.

“Para otras, como la de Aina, una joven nigeriana que cae en una red de trata de mujeres, he mezclado distintos testimonios. Para la de Sanza, una mujer del Congo que pasa diez años huyendo de la guerra hasta que se queda atascada en la valla de Melilla, cambié el género, la persona en quien me basé era un hombre en realidad”

La historia de Chris, un homosexual ugandés, es la más sutil de todas –añade Javier-, porque recoge sobre todo la sensación de miedo. En ella recabé mucha información sobre la homofobia en África. Por último, la historia de Marina, la abuela vasca cuyo exilio a partir de la Guerra Civil hila todo el libro, está basada en la de la abuela de una amiga, aunque metí otras historias, como la de mi propia abuela”.

No podemos olvidar que los españoles fuimos refugiados

El cómic mezcla estas historias actuales con la de esa anciana que tuvo que huir tras la Guerra Civil, “Para recordar que nuestro pueblo también ha sufrido el exilio –asegura Javier-, también ha sido un pueblo que ha solicitado asilo, y también en ese periplo que sufrió hubo pueblos que le acogieron con generosidad, como México, otros que se cerraron en banda y otros que respondieron con muchísima ambigüedad, como Francia”.

“Y eso fue antes de ayer –continúa-, aún están vivas algunas de las personas que lo sufrieron. No está de más recordar cómo nos trataron entonces para ver cómo nos gustaría pasar a la historia. Nadie dice hoy en día: qué bien se portó Francia cuando encerró a los refugiados españoles en campos de concentración. Es motivo de vergüenza para ese país las condiciones que les hizo sufrir a muchos de ellos. Por el contrario es motivo de orgullo para México los muchos gestos casi heroicos que mostraron hacia los refugiados de la Guerra Civil”.

La Comisión de Ayuda al Refugiado en Euskadi (CEAR)

El cómic es un proyecto de la Comisión de Ayuda al Refugiado en Euskadi. “CEAR no es una ONG asistencial –asegura Javier-, aunque esté en contacto con organizaciones que sí lo son. Es la Comisión Española de Ayuda al/la Refugiado/a, y como tal se centra en labores de asesoramiento, sensibilización y denuncia. Además de la gente que trabaja ahí también hay muchas personas voluntarias, yo animaría a cualquiera que esté interesada a que se acerque al centro de CEAR más cercano y les pregunte de qué manera podría colaborar. El trabajo siempre ha sido ingente, pero 2016 ha sido el año con más personas con desplazamiento forzoso de la historia”.

Ellos han sido los que han pasado la información necesaria a Javier para realizar este cómic. “El trabajo de documentación, el de recabar los testimonios de la gente, ya lo tenían elaborado en CEAR, sólo tuvieron que pasármelo –asegura el dibujante-. Luego, casualidades de la vida, por distintas razones, pero que no tenían relación con el cómic, sí que he tratado con varias personas refugiadas, tuvieran el estatuto o no. Pero, dada la buena calidad del material que me pasaron desde CEAR, el contacto directo no era indispensable para poder hacer el cómic”.

Lápiz y acuarela

En cuanto a su técnica de dibujo, Javier nos comenta que: “En este libro he seguido explorando la técnica de lápiz y acuarela que ya usé en mis anteriores libros, Ometepe y He visto ballenas. Aquí, para cada historia he usado sólo dos colores, uno frío (gris) y otro cálido en una gradación que iba del amarillo al rojo pasando por el naranja, ocre y siena. Cuando todas las historias se juntan uso todos esos tonos y el resultado, al mezclarse todos ellos, parece una policromía total. La metáfora cromática del libro es precisamente esa, que sólo cuando juntamos todas las historias vemos la vida con todos sus colores”.

El dibujante confiesa que no le ha resultado difícil enfrentarse a tantos escenarios y personajes distintos: “No. Yo he viajado por África y por Latinoamérica… No tenía que hacer un gran esfuerzo imaginativo para situar los personajes. Sabía bien, más o menos, cómo eran los escenarios. Y a los personajes… No sé, es como si los conociera desde siempre. El que más me costó ambientar fue el de Marina, porque es el que pasa por situaciones más distintas y más lejanas a mí (campos de concentración, bombardeos, etc.). Pero ahí interviene la magia de Internet, que para los dibujantes se nos ha convertido en la panacea a la hora de buscar documentación”.

Javier de Isusi destaca la importancia de este tipo de proyectos y asegura que le gustaría volver a participar en alguno: “Sí, sin duda. Creo que estos proyectos no sólo son necesarios sino que también se disfruta haciéndolos. La profesión de autor de cómics es muy solitaria y con este tipo de historias sales mucho de tu burbuja profesional”.

“En cuanto a proyectos –continúa el dibujante- ahora estoy con otro encargo, cosa rara en mí, llevo dos encargos concatenados que me han ido haciendo postergar el proyecto personal en el que andaba desde que acabé He visto ballenas (Astiberri); un cómic sobre los últimos años de Oscar Wilde. Pero aún tendrá que esperar”.

Por cierto que los benficios de la venta de este libro se destinarán a CEAR-Euskadi.

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"Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que la de las personas célebres". Walter Benjamin

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