FRIDAY 10 JULY 2020

14 DE ABRIL 2020

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Iniciamos la publicación online por entregas del libro de nuestro asociado Pablo Fernandez-Miranda, al cual le agradecemos su generosidad.

Os lo recomendamos, por su interés y para que el confinamiento os sea llevadero y productivo.

Os lo podéis descargar desde estos enlaces :

INTRODUCCIÓN Y CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 2

CAPÍTULO 3

CAPÍTULO 4

CAPÍTULO 5

CAPÍTULO 6

CAPÍTULO 7

CAPÍTULO 8

CAPÍTULO 9

CAPÍTULO 10

CAPÍTULO 11

CAPÍTULO 12

CAPÍTULO 13

CAPÍTULO 14

CAPÍTULO 15

CAPÍTULO 16

CAPÍTULO 17

CAPÍTULO 18

CAPÍTULO 19

CAPÍTULO 20

CAPÍTULO 21

CAPÍTULO 22

CAPÍTULO 23

CAPÍTULO 24

CAPÍTULO 25

CAPÍTULO 26

CAPÍTULO 27

CAPÍTULO 28

CAPÍTULO 29

CAPÍTULO 30

CAPÍTULO 31

CAPÍTULO 32

CAPÍTULO 33

CAPÍTULO 34

CAPÍTULO 35

CAPÍTULO 36

CAPÍTULO 37

EPÍLOGO Y ANEXOS

Como ayuda a la lectura podeis descargaros el glosario en bable

Glosario en bable

 

 

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CENTENARIO DE MARCOS ANA: LA EXCEPCIONALIDAD DE UN HOMBRE NORMAL

Marcos Ana en su domicilio con la medalla de la Asociación que le acredita como Socio de Honor. Madrid, 3 de marzo de 2016

El 20 de enero de 1920 nacía en Alconada (Salamanca ), Fernando Macarro Castillo, conocido por su seudónimo de la clandestinidad Marcos Ana. Preso con 19 años, pasó 23 años en las cárceles franquistas, por ser leal a la II República, donde se formó como poeta desarrollando una creación literaria que, sacándola clandestinamente de la cárcel de Burgos, fue dada a conocer gracias, entre otros, a Pablo Neruda y Rafael Alberti.

Desde su compromiso comunista que nunca abandonó, dedicó su vida a todas las causas justas y solidarias, durante la dictadura en la lucha por la amnistía y defensa de los presos políticos, en la democracia organizando la primera visita de niños saharauis a España o suscribiendo como uno de los fundadores, la creación de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado.
Quería cumplir los cien años y de haberlo hecho Marcos Ana habría llegado a ellos con la integridad y el compromiso que marcaron toda su vida.

Los cumple para nosotros. Para la gente que se encontró un día delante de un hombre sencillo y bueno y reconoció en él su propia historia y la de los suyos.
Los cumple frente al olvido, frente a la página no leída por decreto. Aquella que nos dijo tantas veces que para pasarla antes era imprescindible leer.

Por eso, tras salir en libertad, durante más de cincuenta años Marcos no persiguió otra cosa que salvaguardar con su testimonio el de miles de mujeres y de hombres de una generación que se iba yendo en silencio, olvidados también años después, por la democracia que se logró gracias a su lucha imprescindible y justa.
Marcos Ana fue uno de tantos y cumplió hasta el final el único encargo que le hicieron sus camaradas cuando salió del penal de Burgos, después de veintitrés años prisionero del franquismo.

Jamás les olvidó. No aceptó nunca un reconocimiento sin dedicarlo y compartirlo con los compañeros anónimos de los que él conocía sus nombres y sus historias. Su excepcional humildad le hizo aún más grande y querido por todos ellos.

Escribió Saramago al prologarle el libro de memorias que éstas eran una lección de humanidad donde el yo de Marcos Ana, era siempre un nosotros.
Hoy nos habría repetido que su esperanza y única venganza, muy alejada de cualquier rencor para el que jamás hubo espacio en su corazón, seguía siendo que se alcanzasen un día los ideales que defendieron.

Su inquebrantable fe en que otro modelo de sociedad, más solidaria y justa, era posible la depositó especialmente en los jóvenes y Marcos Ana se sentiría feliz de asistir al comienzo de esta etapa donde se vislumbra un caminar distinto y otra forma de hacer política. Los jóvenes para los que su casa abierta era una realidad y no sólo un hermoso verso . A los que escuchaba y comprendía, a los que acompañó en el 15 M convencido de que era ya imparable la transformación de este nuevo tiempo y que habrían de venir de la mano de quienes tenía toda la vida por delante.

No les olvidemos nosotros y les habremos devuelto al menos a su lugar en la historia. La de los defensores de la libertad y los valores democráticos aunque este país no pueda ya saldar  con ellos nunca, la deuda de reconocerles su sacrificio. Llegamos tarde porque uno a uno nos ha ido dejando.

En este centenario que vamos a conmemorar tendremos muy presente que nuestra tarea está aún por cumplir. Como en aquellos versos donde plasmó su testamento, Marcos nos ha dejado su ejemplo y sus versos donde plasmó su testamento, Marcos nos ha dejado su ejemplo y sus enseñanzas pero también un encargo y una responsabilidad.

“recoged nuestras banderas
nuestro dolor, nuestro sueño,
los nombres que en las paredes
con dulce amor grabaremos.
Y si nos cerráis los ojos
¡dejadnos los muros dentro!
que se pudran con el polvo
de nuestra carne y no puedan
ser nuevas tumbas de presos.»

Marcos Ana fue y es, como continuaba el poema, ““esa bandera sin llanto, el amor y algunos versos ”. Con él, con su ejemplo y el de tantos hombres y mujeres de los que sin saber nosotros sus nombres guardaron memoria sus familias, se hace cierto aquel «porque fueron, somos»  pero se hace aún más necesario que ahora hagamos posible el «porque somos, serán».

Hagámoslo, se lo debemos a todos ellos. Y tampoco olviden como nos dijo Isaac Rosa, contarles a sus hijos quién fue Marcos Ana. Hoy habría cumplido cien años, con noventa y seis aun contagiaba las ganas de vivir y su esperanza  con la que dedicaba tantas veces sus libros, que aquello que les había tocado vivir, no fuera posible nunca más para nadie.

Tal vez un día alcancemos la Verdad, la Justicia y la Reparación que como demócratas reclamamos para las víctimas del franquismo.  Tal vez entonces, este país se enorgullezca de personas como Marcos Ana y de su ejemplo de concordia y solidaridad.

Cuando el fantasma del fascismo se pasea impunemente de nuevo por Europa y se fortalece en   las mismas instituciones que desprecia, debemos detenernos a pensar si hemos aprendido correctamente nuestra historia  y si algo, salvo ese conocimiento, nos ayudará a no repetir nuestro pasado.

En este su aniversario centenario, la Asociación Marcos Ana, el Partido Comunista y las Comisiones Obreras, organizarán el 31 de enero, en el Auditorio de Marcelino Camacho de Madrid, un acto donde amigas y amigos del poeta, artistas, intelectuales y distintas organizaciones políticas y sindicales rindan homenaje a uno de los símbolos de lo que fue la resistencia a la Dictadura  y la lucha por las libertades y la democracia.

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MUSICA Y EXILIO

EL INCIERTO CAMINO DEL EXILIO

Durante la última etapa de la Guerra Civil, Barcelona, sede del Gobierno de la República desde noviembre de 1937, albergó a numerosos músicos llegados desde Madrid o Valencia (Julián Bautista, Fernando Remacha, Salvador Bacarisse, Rodolfo Halffter, Carlos Palacio, Enrique Casal Chapí, Vicente Salas Viu, entre otros que –sumándose a los catalanes republicanos- desarrollaron en ella una importante labor cultural. Composición, edición y grabación de canciones de guerra se sumaban a tareas institucionales y a obras para concierto. Intérpretes de talla internacional como Pau Casals iban y venían a través de la frontera con Francia, dejando testimonio republicano en el mundo y participando en conciertos de ayuda en Barcelona. Robert Gerhard o Frederic Mompou (que vivía entonces en París) habían participado en el Pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París de 1937, la del Guernica. Jaume Pahissa había puesto música en fechas cercanas al film Aurora de Esperança, poco antes de marchar al exilio definitivo a Argentina, donde murió cincuenta años atrás en 1969. Algunas de las actividades de este grupo de músicos se reflejan en la revista Música, editada por la Dirección General de Bellas Artes. En los primeros tiempos de la Guerra, incontrolados asesinaron a Manuel Clausells, alma mater de la Associació de Música da Camera, lo que empujó a  sus más cercanos, caso de la cantante Conxita Badia, al exilio con su familia, primero a Francia y poco después a Argentina. Fue privilegiada intérprete destinataria de algunas de las canciones de este programa.

Otro músico, nacido en Barcelona en 1906, había asumido ya en 1936 la vida militar en el frente, llegando a Comandante de una División del Ejército de la República: Gustavo Durán (1906 – Creta, 1969), admirado por intelectuales como Malraux o el mismo Hemingway, habría de marchar al exilio embarcando a última hora desde Valencia, para instalarse en Inglaterra y después en los Estados Unidos. Al servicio primero del Departamento de Estado y luego de Naciones Unidas, no dejó de atender a su pasión por la música y componer pequeñas piezas en su periplo vital, algunas de las cuales se escuchan hoy aquí por vez primera.

Cuando el imprevisto final de la Guerra Robert Gerhard se hallaba en Londres en misión oficial. Previo paso por París, fue invitado por la Universidad a vivir en Cambridge, donde murió en 1970 dejando un muy importante catálogo musical. En medio de las dificultades, compuso en 1956, fiel a su formación con Schönberg, la Sonata que hoy escuchamos.

Su colega Montserrat Campmany, compositora a quien Casals estrenó obra, dejó Barcelona en 1939 con destino a Argentina. Olvidada aquí, recuperado ahora su archivo, escucharemos algunas canciones de su desconocido catálogo.

Muy marcada su estética por sus trabajos en la Obra del Cançoner Popular de Catalunya, el mallorquín Baltasar Samper (1888- 1966) partícipe del grupo CIC en los años 30, se exilió en México –después de trabajar en Toulouse- por el resto de su vida. La poesía de Una esperança tardana es de Josep Carner.

Este recordatorio subraya además el cincuenta aniversario de la muerte de Gustavo Durán y de Jaume Pahissa. Activo este último desde finales del Modernismo, llegó a Buenos Aires junto a su familia con ya 57 años, anclado su espíritu en Catalunya, y desarrolló allá una importante labor. En 1937 Pau Casals viajó a aquella ciudad y Pahissa –que había estrenado con Margarita Xirgu una Cantata en homenaje a Federico García Lorca, le dedicó Nocturn, que Casals estrenó en el Teatro Colón. De estos momentos son también otras piezas para violoncelo que escucharemos por primera vez, y que reflejan la añoranza.

Jorge  de Persia

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TALENTO Y EXILIO: LA DIÁSPORA DEL CONOCIMIENTO

Pedro López López, Pilar Nova Melle y Juan Miguel Sánchez Vigil (coords.).

Editorial Punto Rojo, Sevilla, 2019.

Se trata de una publicación reciente, iniciativa de la Asociación de Descendientes del Exilio Español. El propio título responde con precisión al contenido que encontrará el lector. Por un lado Talento; los coordinadores del libro han procurado mostrar un amplio abanico de destacados profesionales; arquitectos, pintores, filósofos, médicos, químicos, físicos, pintores, escultores, escritores, etc. Entre ellos, dos mujeres que destacaron en profesiones impensables para la mujer de la primera mitad del siglo pasado; la aviadora Mari Pepa Colomer y la deportista de élite Ana María Martínez Sagi. La república hizo posible un cambio social modernizador y la mujer fue la gran protagonista. El talento femenino emergió en cuanto se le dio la oportunidad.

En la década de los años treinta España estaba en la vanguardia mundial, desde el punto de vista cultural hubo un florecimiento general; una especie de Renacimiento. La Constitución de 1931, garante de la libertad de expresión, abonaba el terreno de la creatividad.

Por otro lado Exilio; todas las semblanzas recogidas tienen el denominador común de padecer el exilio. Muchos de ellos jamás volverían a España, pero todos con España presente; nunca se desvincularon. Una buena prueba de ello es que fueron los fundadores de revistas, colegios, casas de España, introductores del hispanismo en las universidades. Fueron los grandes difusores de nuestra cultura. A ellos les debemos, por ejemplo; la promoción de la lengua española en los países del este de Europa, reeditando obras de autores del Siglo de Oro español y también contemporáneos como los de la Generación el 98 y de la Generación del 27. Y como no; España siempre en el legado escultórico o pictórico.

Si en la década de los años cincuenta se recuperaron en España los índices económicos de 1935, desde la perspectiva del conocimiento no hubo recuperación posible. La pérdida de saberes que supuso el exilio ha sido irrecuperable.

En este pequeño libro, pero rico de contenido, han participado 25 autores elaborando una difícil síntesis biográfica de cuarenta grandes intelectuales y artistas de la II República que se vieron abocados al exilio al finalizar la guerra civil. Se lee con avidez porque es ameno, porque se descubren cosas, porque los autores han cuidado la combinación de una redacción rigurosa en contenidos descriptivos a la vez que una valiosa aportación al conocimiento de la memoria histórica de nuestro país.

Acabada la lectura del libro, uno se queda con la sensación de querer conocer más. Afortunadamente, los coordinadores se han comprometido a seguir trabajando para ampliar el número de semblanzas, cubriendo aquellas profesiones que no han sido incluidas en esta edición.

En mi opinión, este libro tiene el mérito de cubrir un espacio, no suficientemente explorado con anterioridad por las publicaciones dedicadas al exilio; a veces se conocen más las vidas que las obras de muchos de los reseñados.

Finalmente señalar que aunque los coordinadores y muchos de los autores son profesores universitarios, sin mermar en el rigor, no han pretendido escribir un libro académico, sino un libro para el público general, es perfectamente accesible a todo tipo de lectores. En definitiva, es un libro de interés para cualquier lector interesado en el conocimiento de la historia del exilio republicano español, así como en la historia de nuestro país.

Jaime Gómez, periodista.

 

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El abrazo de México es un ciclo de películas y coloquios que se podrá ver en Casa de México en España del martes 30 de abril al martes 16 de julio.  Desde un prisma contemporáneo y de mirada múltiple, el ciclo plantea una aproximación al contexto del exilio español en México en donde artistas, escritores y trabajadores de todo tipo encontraron en la industria del cine un modo de ganarse la vida y, de manera más o menos consciente, de expresar sus inquietudes artísticas.

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"Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que la de las personas célebres". Walter Benjamin