FRIDAY 28 APRIL 2017
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María Luisa (Libertad) fue exiliada en Francia  a los pocos meses de nacer, en 1939. Fue testigo de la deportación, del hambre y del retorno de los refugiados a España así como de las penurias de las emigraciones económicas de los años 60. Educada sin odio en el respeto de los principios democráticos y republicanos, ha militado tanto en organizaciones sindicales como Socialistas. Su vida ha sido un compromiso inquebrantable con la lucha del pueblo español contra la dictadura  Su vida actual sigue consecuente con los valores de la república, la democracia y la libertad, siendo cofundadora de la organización Descendientes del Exilio Español.

María Luisa es una mujer tranquila, equilibrada. Su marcado acento francés no ha desaparecido con el pasar de los años. Aunque transmite calma y equilibrio, durante la entrevista se anima y muestra a través del brillo de sus ojos  a una mujer combativa, empapada de unos principios que han forjado su vida y que defiende con pasión.

(E) María Luisa, me ha costado muchísimo hacer un sumario de una vida tan intensa como parece que has tenido.

(L) Han sido muchos años e intensos [ríe] por las circunstancias históricas que he vivido. ¡Ha sido la pura casualidad!

(E)Empiezo a preguntarte. He leído que María Luisa fue el nombre con el que tuviste que inscribirte pero que el nombre que te pusieron al nacer era Libertad. ¿Por qué Libertad?

(L) Nací bajo las bombas en Barcelona de unos padres socialistas. Libertad, Igualdad, Fraternidad… normalmente son nombres más bien de anarquistas aunque ellos socialistas me pusieron de nombre Libertad y así me registraron. Con ese nombre viví en Francia. Mis padres se separaron y quisimos volver a España. Cuando pedimos pasaporte necesité pedir el acta de nacimiento. Tenía 15 años cuando me la denegaron por tener ese nombre porque no era oficial. [De niña] fui bautizada en un campo de concentración cuando estaba muy enferma de tifus por una monjita en un hospital. Mamá vio la solución y mandó esa Fe de Bautismo a Barcelona y conseguí el pasaporte que tardó un año porque era lo que tardaron en demostrar al Régimen que mi madre no tenía manchadas las manos de sangre para poder conseguir un pasaporte de entrada y de salida.

A partir de los 16 años me llamé María Luisa oficialmente. Aquí [España] estaban todos asustados, nadie me llamaba Liber, como en Francia. Me llamaba Mari y yo a veces ni contestaba [ríe]. Cuando volvimos años después desde Méjico pedí el acta literal de nacimiento. El acta literal no se puede modificar, se modifica al margen. Pues a mí no, me borraron el nombre de Libertad me pusieron al margen que se lee perfectamente, que… por el Decreto de Burgos de 1937 no podía usar el nombre de Libertad y se me impone (la palabra me encanta) el nombre de María Luisa.  Después de los años cambiar de nombre me da igual pero yo me considero Libertad

(E) Usted ha vivido el exilio en tres países que son Francia, Alemania y Méjico. Tres países muy diferentes. ¿Cómo ha sido el exilio en ellos?

(L) Lo de Francia fue trágico, era muy pequeña y se separó a la familia. A nosotras nos mandaron a un campo de concentración. Papá en Argelès. Anduve por tres campos. Salí con 4 años y medio de los campos franceses. Estábamos en la segunda guerra mundial con bombas otra vez. Lo de Francia fue el exilio puro.

Luego empecé a colaborar en la clandestinidad con las Juventudes Socialista. A finales de los 50 empezó la ola de inmigración masiva. En Francia había un grupo de españoles más organizado que estaba en los sindicatos Franceses, en Bélgica lo mismo. Pero no existían en Alemania casi españoles. Entonces pensamos en desplazarnos para ayudar a nuestros compatriotas. Desde el Instituto Español de Emigración se les advertían que no entraran en sindicatos porque los expulsarían o castigarían a la familia. Los mismos empresarios alemanes se beneficiaban de esta situación. En Alemania los sindicatos solo pueden ayudar a los inscritos. Tuve mis problemas con gente de UGT que deseaban crear un sindicato único al margen de la UGT y la CNT, la ASO (Alianza Sindical Obrera) que fue fuertemente patrocinada. Tuve que dirigirme a Frankfurt para defender a la UGT. Mi lucha era porque quería que si se hacía una alianza sindical se partiera de los sindicatos que ya habían estado luchando antes y que luchaban ahora en España: UGT y CNT. Ya había habido una unión entre las dos en la República. Era mi obsesión. Al final efectivamente no resultó. Los mismos que defendieron esta postura y con los que me enfrenté en Frankfurt me los encontré aquí  en España en el 1er congreso de la UGT.

Me tuve que volver a Toulouse porque me eligieron en el 66  en un congreso del partido para llevar la Secretaría de Formación y Propaganda. En el 67 conozco a mi marido, nos enamoramos y nos casamos

(E) Un nuevo exilio, ¿no?

(L) ¡Claro! Es que allí éramos refugiados. Pero es que por amor se pueden hacer muchas cosas.

(E) Y ¿Cuál fue la respuesta de estos países con los exiliados? ¿Qué era lo que usted percibía cuando iba allí?

(L) Nosotros teniamos doble militancia (Socialista/UGT) lo cual nos protegía. Recurríamos a ellos para cosas concretas. A mí me maravillaba que especialmente en Alemania, donde los cónsules estaban encima de los emigrantes económicos y donde había un sacerdote  para cuidar de su alma que vigilaba que no estuvieran sindicalizados y que sembraba el miedo a represalia, se hubieran hecho 9 secciones en dos años. A pesar de todo muchos tuvieron el valor de continuar y esto ha sido la semilla de lo que se pudo hacer aquí cuando se volvió.

(E) Nos está contando como perteneció a múltiples asociaciones. UGT, PSOE, Juventudes Socialistas… ¿Esto fue algo vocacional, inspirado por sus padres o   la conciencia política nació al ver cómo estaban los otros españoles en estos países en estas situaciones?

(L) La conciencia de lucha la adquirí cuando vine aquí. Cuando vine con 15 años. En el 57 le dije a mamá: “mira mamá, yo no aguanto aquí”, este país con la doble moral, el miedo y la represión. Venía de un país libre y es a la vuelta a Francia cuando me comprometo políticamente. Vivíamos el ambiente, pero mis padres nunca nos impusieron ideas porque eran demócratas. Uno mismo va aprendiendo. Los de mi generación enfocamos la renovación del partido. Veníamos de familias socialistas pero no lo vivíamos como una religión. Cuando salí de España me di cuenta que tenía que hacer algo para que este país cambiara. Salí de este país espantada. Quería que este país  cambiara.

(E) Ha participado muy activamente en la Asociación de Descendientes del Exilio Español.¿ Qué fue lo que la movió a participar en su fundación?.

(L) Había un grupo compuesto por Carlos Tobío, Ludi…; exalumnos del Luis Vives, uno de los colegios de Méjico, se reunían y me animaban a participar. Yo no pertenecía al colegio por lo que propuse que crearan algo más, una organización que englobara a todos los que podemos considerarnos descendientes del exilio.

(E) Te digo por qué lo pregunto, porque una vez leyendo vi que había una acotación tuya donde decías que habías participado en la fundación con el objeto de reivindicar los valores de la República, y también recordar a las víctimas del franquismo. Yo me pregunto, ¿qué valores de la republica crees que son necesarios revindicar, y si piensas que hay alguno que hemos conseguido rescatar?

(L) Me has hecho una pregunta en un momento en que soy poco optimista. Un país como este no debe ser monárquico debe ser republicano. Esta es la base y los principios del partido socialista de Pablo Iglesias. Hoy oigo a compañeros que dicen que el partido socialista no ha sido siempre republicano. ¡Cuando no ha sido republicano! Otra cosa es que hoy en día se haya aceptado la legalidad del sistema monárquico. He conocido tantos veteranos socialistas que son socialistas sin ser republicanos. Los valores de una República democrática son estos tres valores, los valores de una república democrática, igualitaria donde existe el reparto de la riqueza, que no es el caso hoy, donde el capitalismo va ganando terreno en toda Europa. No podemos renunciar a estos valores.

(E) Desde su opinión, ¿cómo  cree que se enfrentan las instituciones y los partidos políticos al tema del exilio Español y de la República?

(L) Hay un desconocimiento tremendo de lo que ha sido esa época y lo que ha representado. Por eso son importantes organizaciones como la de Descendientes del Exilio. Hay que recuperar esa memoria y reintroducirla en la Historia con mayúsculas de este país. No se puede esperar que la gente por generación espontánea sepa lo que ha sido, ha podido ser y no fue. Está costando y cada vez hay más intentos. Hay mujeres profesoras de español como Shirley Mangini que están enseñando la historia de este país a sus alumnos en EE.UU. Cada vez se publican más cosas pero hay que introducirlas en los libros de texto. Suelo ir a institutos a contar mi historia donde hablo con jóvenes de 15 y 16 años, supuestamente ruidosos y es impresionante la reacción de los chavales, los chicos escuchan, preguntan y asimilan… Y no es más que mi modesta historia, que tiene que ver con la historia con hache minúscula

(E) Y sobre este tema de la memoria histórica con el que ha sido usted bastante reivindicativa. En un país  como España donde hay una parte de la sociedad que cree que esta ley remueve las ascuas del pasado ¿por qué piensa que es tan importante que rescatemos nuestra memoria histórica?

(L) Porque es la historia de España. A mí no me gusta la palabra “bando” pero se conoce la historia solo de la parte que impuso sus condiciones, es necesario conocer la historia de la otra parte para que la gente pueda sensibilizarse. Por esto es tan importante que asociaciones como la vuestra y como otras muchas, hagan una labor positiva

Ahora estoy con la comisión de Memoria Histórica del Ayuntamiento y me han hecho una entrevista para una exposición.

[La exposición con 11 maletas. Cada maleta es el resumen de la historia de cada uno de ellos]

(E) Lo que viene a partir de aquí. Has hablado de que a veces vas a hablar a los colegios de tu experiencia y que piensas que sería bueno transmitir a estas nuevas generaciones que vienen detrás nuestro sobre lo que has vivido tú y lo que han vivido otros españoles?

(L) Si tengo tanto interés en que se conozca la historia de España es porque mi deseo es que no se vuelva a repetir una situación de tantos muertos, tanta gente sacrificada y tanta represión. ¡Y, no te creas!, ¡que lo entienden! No solo he hablado de esto en los institutos también en el Ateneo y otros lugares como la Librería de Mujeres. Aportando modestamente lo que se puede.

(E) Muchas gracias María Luisa….Libertad

(Foto) El primer juguete que tuvo en el campo que se lo regaló su madrina suiza.

 

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La Librería de El Sueño Igualitario Cazarabet conversa con… Carlos Tobío Alonso, miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Descendientes del Exilio Español.

Hola amigos ¿qué andadura tiene la Asociación Descendientes del Exilio?; ¿cuál es vuestra historia?

La Asociación se crea en noviembre del 2002, en Madrid, por iniciativa de Ludivina García y de un grupo de personas descendientes de exiliados, hijos, nietos y amigos, que retornaron a España en distintas fechas, y se encontraron en un momento dado. Crean una asociación sin ánimo de lucro y cuya finalidad era, y es, mantener la memoria histórica del exilio en España y en los países de acogida a los exiliados, por medio de investigaciones, jornadas, exposiciones, eventos, entre otras actividades.

¿Agrupa vuestra Asociación a otras Asociaciones que giraron en torno al exilio republicano del 39?

Inicialmente se establecieron delegaciones en Asturias, Barcelona, Sevilla, Valencia, México y Francia. Se colaboró con otras asociaciones con fines similares pero que fueron buscando una identidad o finalidad propia. Es el caso, por ejemplo: Memoria Viva (dedicada campos de internamiento de españoles, testimonios de supervivientes, etc.) o también AFAR2, asociación de familiares y amigos de la República, o la ARMH, dedicada a la recuperación de la memoria, así como coordinadoras y plataformas varias. Nuestra denominación nos define; somos descendientes del exilio. Lógicamente, nos enmarcamos dentro de la Memoria Histórica, pero tenemos una especificidad que es el exilio. De hecho un requisito de pertenencia que marcan los Estatutos de la Asociación es el ser descendiente del exilio.

¿Qué supuso el exilio para el devenir de la historia de unos y de otros…tanto de los exiliados, como de los países receptores…etc.…?

Para los exiliados el cambio fue terrible, fue dejar toda su vida anterior, sus raíces, costumbres, lugares, pertenencias, fue dejar todo. Dejar todo de un día para otro, partir hacia la incertidumbre, buscando un horizonte desconocido sin perspectiva de futuro, ir a la aventura. Los países receptores, por la época histórica en que se desarrollaron los acontecimientos, a la República española le dieron la espalda los ingleses, franceses, Estados Unidos, tan sólo la Unión Soviética le ayudó y más tarde, cuando la guerra civil estaba perdida, se acercaron para ayudar al huido. Hay que resaltar la ayuda prestada por personas haciendo de intermediarios como Pablo Neruda; en 1939 fue designado, cónsul especial para la inmigración española en París, fue el gestor del proyecto Winnipeg; el barco que llevó a 2000 exiliados españoles desde Francia a Chile. O el caso de Gilberto Bosques, gran defensor de exiliados españoles en Francia. Como cónsul de México los alojó en edificios con bandera mexicana para evitar que fueran detenidos por la Gestapo y devueltos a España. Cuando tuvo preparada la evacuación hacia México les ofreció la nacionalidad mexicana en caso de que quisieran adoptarla, todo esto con el consentimiento del Presidente Lázaro Cárdenas, que abrió las puertas de México a los republicanos españoles; recordemos que México no tuvo Embajada en España hasta que no murió Franco. Otro ejemplo es el capitán Archibald Dicksonal, al mando del buque carbonero Stanbrook, zarpó del puerto de Alicante, el 28 de marzo de 1939, con 2.638 pasajeros rumbo a Orán. El capitán ordenó levantar las amarras, con la consigna; “que embarquen tantos como se pueda”, en contra de la orden que había recibido del propietario del carguero.

En cuanto a los países receptores (Francia), en primera instancia, se beneficiaron de luchadores valientes, entrenados en la guerra civil y con un gran convencimiento ideológico antifascista y antinazi. Participaron en la lucha contra Hitler, en la Resistencia en Francia o, por ejemplo; defendiendo los pozos petrolíferos de Azerbaiyán que suministraban el petróleo al Ejército Rojo y eran uno de los principales objetivos del ejército nazi. Terminada la Segunda Guerra Mundial se beneficiaron de las aportaciones en todos los campos del saber, por citar sólo algunos, exiliados fueron: Max Aub, Ramón J. Sender, Américo Castro, María Zambrano, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, Severo Ochoa, Rafael Alberti, María Teresa León, Luis Buñuel, Pablo Picasso, Luis Cernuda, Claudio Sánchez Albornoz, Pedro Salinas, León Felipe, Margarita Nelken y tantos otros; una vanguardia a nivel mundial.

Se ha hablado y se reflexiona mucho en torno al trato que se recibió, por ejemplo en Francia con la memoria encerrada por entre las alambradas de los Campos de Concentración que albergaron muy de malas maneras a unos exiliados que viajaron bajo la lluvia de bombas, escapando de la represión, del castigo o incluso la muerte…

Es cierto, los franceses no fueron todo lo benefactores que hubieran podido ser (y así lo han reconocido las autoridades, públicamente a posteriori). Hubo maltrato, menosprecio, aunque hay que considerar que se presenta un flujo de refugiados de medio millón, en la frontera, que había que acogerlos por lo que se improvisaron campos de internamiento, y que además estos refugiados venían con un bagaje político adverso a la mentalidad de la época por lo que eran mal vistos.

Pero también hubo excepciones en Francia y más allá…

Muchas, ciertamente, pero tan sólo excepciones, a medida que pasa el tiempo y se fueron integrando en el medio.

Por ejemplo , de Francia recuerdo a muchos testimonios de familias que sí que abrieron sus puertas, de otros que escondieron a los que más tarde terminarían formando parte del Maquis o de los solados que liberaron París…

Muy cierto, al inicio de la Segunda Guerra Mundial, la invasión de Francia por los alemanes, generó una diáspora hacia otros países, que en muchos casos hizo (como he dicho anteriormente), que republicanos españoles contribuyeran a la liberación de Europa, y otros con menos suerte acabaran deportados a campos nazis.

Cuando he pensado en “más allá”, sobretodo me viene a la mente México y la actitud de sus responsables que sabían mirar mucho más allá…incluso más allá de lo humanitario porque sabían, también del gran valor intelectual y “de formación” a la que albergaban recibiendo a los exiliados republicanos españoles…De lo que no cabe duda, es de la recepción con los brazos abiertos, del pueblo mexicano y eso no debemos olvidarlo nunca…

La acogida y el apoyo que dio México a los refugiados españoles fue impresionante, inolvidable, pero no sólo llegaron intelectuales o personas de formación, a México llegaron refugiados de todos los estamentos, y a todos se les acogió con la misma generosidad, una generosidad inconmensurable, nuestro agradecimiento no será suficiente en el tiempo.

No sé es como si con ciertos pueblos estuviésemos en deuda humana para el resto de nuestra vida…

Así es. Permítame recordar una frase el Presidente de México Lázaro Cárdenas “A los que han luchado en su país a favor del Gobierno legalmente constituido, no les vamos a ofender con un interrogatorio. Hay que recibir a todos…” Esta frase lo explica todo.

Quizás sea el momento de volver un poco la vista atrás, con la mirada amable, recogida y agradecida dado que en estos últimos tiempos en Ateneo Español en México está sufriendo mucho para sobrevivir por causas económica.¿Qué nos podéis comentar?

Para todos los exiliados el Ateneo Español en México es un referente. Fue fundado en 1949 por un grupo de republicanos españoles. Su objetivo fundacional: promover la cultura y la ciencia española. Durante décadas generó una gran actividad cultural española; las propias autoridades mexicanas reconocían que hubo un antes y un después de la llegada del exilio español.

Siempre abierto a las vanguardias, centro de acogida y dialogo ayudó a otros refugiados de diferentes países perseguidos por dictaduras. En definitiva, como muy bien fue definido; “centro de apoyo de lo más valioso para el hombre: la paz, la justicia y la libertad”. Actualmente acuden a su biblioteca anualmente más de 200 investigadores universitarios de todo el mundo para documentarse. Como es conocido su funcionamiento, incluso supervivencia, está condicionada por la reducción de las ayudas oficiales. Su presidenta Carmen Tagüeña, hija de un teniente coronel republicano, apelaba recientemente a evitar el cierre por una cuestión financiera, ya que es “un puente entre España y México, un activo cultural para ambas orillas”.

Desde la Asociación de Descendientes del Exilio Español, también hicimos un llamamiento para salvar el Ateneo Español de México, lamentablemente, no disponemos de recursos económicos para enviar para su mantenimiento. Muchos asociados propusieron hacer una colecta; una prueba más de esa generosidad que siempre ha caracterizado al exilio. Finalmente, el propio Gobierno mexicano a través de la Secretaría de Educación, aprobó un presupuesto de 900.000 pesos para este año, impidiendo así el cierre. Probablemente se mantenga esta ayuda en años sucesivos, para México es también muy importante este reducto de cultura; de la decisión de ayuda económica por parte Gobierno español no tenemos noticias.

LA LIBRERÍA DE CAZARABET – CASA SORO (Turismo cultural)
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Tlfs. 978849970 – 686110069
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Mirta

No es hija ni hijastra de Fidel Castro ni ha tenido nada que ver con la retirada de la placa del cementerio de Carabanchel ni del monolito al Alférez Provisional. Es más, dolida por la campaña de difamación personal «emprendida por el PP y jaleada por medios de la derecha», reclama al Ayuntamiento una actuación menos impulsiva para evitar errores como los cometidos que den pie a descalificaciones globales a un proyecto que considera imprescindible para Madrid. Porque Mirta Núñez Díaz-Balart, directora de la Cátedra de la Memoria Histórica del siglo XX y profesora titular en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, está convencida de la necesidad de cambiar el callejero de la capital para que deje de haber plazas que se llamen ¡Arriba España! o calles dedicadas a generales golpistas como Juan Yagüe. «En el callejero de Madrid» explica, «no hay una presencia relevante de la España democrática, de la España vencida en Guerra y de la que fue perseguida durante la dictadura. Y es necesario que, 40 años después, esa otra España que ha estado marginada de la Historia por voluntad del franquismo esté presente en la ciudad».

 ¿Por eso el Ayuntamiento recurrió a ustedes para elaborar su Plan Integral?

Hay una sintonía entre el proyecto que tenía el Ayuntamiento y el trabajo que nosotros desarrollamos desde la Cátedra.Sintonía política, claro.
Todos tenemos una perspectiva política y me alegro de que esta Corporación haya decidido que la memoria histórica sea parte de un programa de acción social y política en beneficio de la ciudadanía.
En el primer listado de calles y plazas franquistas que elaboraron había varios fallos y confusiones.
En realidad se trata de pequeños errores que se han magnificado y que en un plazo muy breve se reconocieron públicamente. Quiero señalar que este programa se desarrolla por parte de la Cátedra con cuatro historiadores que son: Julián Vadillo, Sergio Gálvez, José Muga y Antonio Ortiz Mateos. Yo soy la directora y respaldo ese programa con sus aciertos y con sus errores, que asumo. De cara al 22 de abril, que es cuando está previsto la presentación del bloque definitivo y completo del callejero, estamos llamados a ser muy cuidadosos para no dar pábulo a las descalificaciones globales a nuestro trabajo, que depuraremos al máximo para evitar errores.
En ese listado completo que están perfilando, ¿incluirán placas como las de los carmelitas retiradas del cementerio de Carabanchel o el monolito al Alférez Provisional?
La Cátedra sólo contribuye al Plan Integral anunciado por el Ayuntamiento con la elaboración de un listado con las vías públicas que habría que renombrar (algo menos de 300) y la propuesta de nombres alternativos, que están en sintonía con la recuperación de la memoria democrática y la de quienes lucharon contra la dictadura.
¿Pero qué le parece la iniciativa del Ayuntamiento y su rectificación?
La Cátedra no ha tenido nada que ver con eso. Al igual que nos ha ocurrido a nosotros, el Ayuntamiento tiene que evitar polémicas innecesarias. Hay que estar muy seguros, para no dar pasos en falso, de cualquier actuación sobre lo que se encuentra en un camposanto porque tiene otras connotaciones y características. Y respecto al monolito, yo creo que lo primero es determinar a quién pertenece para que luego no haya problemas con Patrimonio. Todos estamos obligados a filtrar al máximo detalle y ser muy cuidadosos para evitar manipulaciones y descalificaciones globales. Porque hay quien está interesado en denostar nuestra labor por algunos hechos puntuales y anecdóticos.
Por una artimaña burocrática han recibido la subvención (17.999 euros) sin ir al concurso público.
Quiero resaltar que ha sido el Rectorado el que nos ha alentado a buscar fuentes externas de financiación, no sólo para la Cátedra, sino para todas las actividades de la Universidad, algo que es discutible, pero que está en sintonía con las políticas neoliberales del momento. La subvención no se ha recibido aún, porque no hemos firmado ningún contrato todavía, pero la cifra tampoco es elevada. De todas formas, me gustaría que el PP, con los escándalos de financiación que se han descubierto en Madrid o en Valencia, usara la misma vara de medir, tanto en cantidad como en el destino final del dinero público. Yo soy la directora y no cobro, vivo de mi sueldo como profesora universitaria. Cuando tengamos el dinero decidiremos qué destino darle, pero es probable que una parte vaya a los investigadores que están haciendo un trabajo especializado.
¿Le han molestado las descalificaciones personales que ha recibido estos días desde diversos frentes?
Sí, mucho, pero el punto de partida es que el PP rechaza la memoria democrática. Ha desarrollado toda una política de animadversión de rechazo público a la memoria histórica y utiliza cualquier tipo de artimaña para tergiversar o crear cortinas de humo. Me parece muy feo ese recurso a lo personal que es falto de toda ética política y periodística, por parte de algunos medios, porque se me ha descalificado, denostado e insultado. El PP quiere que impere la memoria histórica del franquismo. Porque el franquismo hizo su memoria y diseñó sus espacios públicos. Desde el Arco del Triunfo de Moncloa hasta el Valle de los Caídos, Madrid está lleno de esos espacios y el PP no quiere que haya otra memoria, sino que la franquista viva eternamente y no se modifique.
¿Y por qué cree que ha perdurado tanto esa memoria?
Porque la Transición no se atrevió a implantar la suya propia y ha hecho que perviva la del régimen anterior. El PP ha tenido hasta ahora el monopolio de la memoria y no admite que se puedan incorporar nuevas denominaciones y eliminar aquellas de quienes favorecieron la dictadura o fueron claves en la alianza con dictadores como Hitler o Mussolini. El alcalde Enrique Tierno Galván intentó algún cambio, pero no pudo hacer más entonces, salvo reponer algunos nombres que el franquismo eliminó con piqueta. Quiero recordar que es un error intentar equiparar los dos territorios durante la Guerra en el ámbito de la legitimidad, que está en el terreno del ética. La Segunda República fue el primer gobierno legal, legítimo y democrático del siglo XX, y no se puede equiparar al golpe de Estado y la dictadura de unos militares insurrectos. Y sin embargo, es la memoria de estos la que ha permanecido.

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El heroico Gilberto Bosques

Elena Poniatowska

dcumento francésEn la explanada de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), rumbo a una ceremonia en honor a Gilberto Bosques, encuentro a la cineasta Lillian Liberman, quien llamó a Bosques gigante moral de una ética inquebrantable y filmó ocho entrevistas de miles de horas con él a los cien años e hizo un documental conmovedor y catártico: Visa al paraíso, en el que además del propio Bosques, hablan hijos de exiliados que abren su corazón por primera vez ante la cámara y agradecen a Bosques haberles salvado la vida.

Se sabe que don Gilberto fue quién influyó en el general Lázaro Cárdenas, gran presidente de México, para darles asilo.

El 20 de julio, corro (muy retrasada) hacia el busto que la SRE quiso dedicar a don Gilberto y recuerdo que hace años me invitó Mariana Yampolsky.

–Vamos a entrevistar a Gilberto Bosques. A lo mejor nos acompaña Leopoldo Méndez.

La casa de don Gilberto Bosques y de su hija Laurita Bosques Manjarrez en lo alto de Tetelpan miraba hacia el valle. Repleta de recuerdos de cargos diplomáticos que ejerció el gran embajador, se alineaban fotografías dedicadas de monarcas europeos, entre otros de la reina de Gran Bretaña en el momento en que le sonríe por todo lo que hizo para salvar vidas durante la Segunda Guerra Mundial.

Verdadera fuente de información histórica, Bosques, el último diputado sobreviviente de la Constitución de Puebla, cónsul de México en Francia en el momento de la guerra y más tarde embajador en Portugal, Suecia y Cuba, rehén de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, nos recibió detrás de su enorme escritorio y nos saludó a la antigua, besándonos la mano. Viejo guapo, erguido y lúcido, tras de él, a través de la ventana, se extendía el pasto verde del jardín como un manto benevolente.

Hoy, en 2015, veo que El País lo llama el Schindler mexicano. ¿Qué pensaría él de ese nombramiento? A los 98 años, cuando lo visitamos Mariana y yo, Gilberto Bosques era un hombre sano y entero, porque había llevado una vida de entrega a los demás.

Nunca su labor fue tan fructífera y valiente como en 1939, en que México recibía los miles de refugiados que escapaban de la persecución franquista y a la judía de la de los nazis. Don Gilberto fue el remero, el valiente quien los pasó en barco al otro lado del Atlántico. Antes también los ayudó a resistir la Francia de Vichy.

Thriller de presentación Visa al paraíso. TeleSUR

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Gilberto Bosques no sólo fue quien arregló el salvoconducto a Anna Seghers, escritora alemana antifascista, quien participó en el Congreso de intelectuales en Barcelona, en Madrid y en París en 1938, sino que “en Francia se encontraron refugiados de todas las nacionalidades a quienes nosotros los del consulado mexicano ayudábamos.

Había dos clases de refugiados: los que necesitaban protección para quedarse y los que necesitaban protección para salir de Francia, generalmente israelitas. La persecución y la propaganda antijudía fue muy enconada en Francia, la Gestapo nos tenía a nosotros no sólo vigilados, sino acusados. Había que ayudarles a algunos inclusive cambiándoles el rostro. Llegaban los refugiados de noche con muchas precauciones, porque teníamos un gabinete de fotografía en el consulado del que se encargaba una muy buena fotógrafa española con un inmenso deseo de ayudar. Retocaba la fotografía, le ponía otro nombre y se salvaba una vida. El consulado daba su visa de entrada en México. A algunos les dimos refugio en el consulado cuando se vieron acosados por la policía, tanto la Gestapo alemana como la policía de Vichy y la policía japonesa.

–¿Japonesa, don Gilberto?

–Sí, japonesa. El consulado general ocupaba la planta baja y en el piso alto se encontraba el consulado japonés, que nos vigilaba estrechamente y nos denunciaba un día sí y otro también. La policía española de Franco también andaba tras de nosotros. Buscaban sospechosos o culpables, los perseguían, los aprehendían y los deportaban.

Estas policías, la francesa, la española y la tremenda Gestapo, escogieron a un grupo selecto de alemanes judíos para deportarlos: poetas, pensadores, políticos en contra de Hitler, y los llevaron a una prisión a la que no entraba ni el cura. A las pocas horas, cuando supimos de la razzia, llegamos a la conclusión de que lo único que había que hacer era impedir que los deportaran a Alemania. En Vichy, recurrí a mis amigos del cuerpo diplomático, embajadores de otros países y en una forma indirecta, no oficial, visité al nuncio y conseguí su apoyo. No pudimos comunicarnos con los apresados, pero todo el cuerpo diplomático hizo presión sobre el gobierno de Vichy para que no los deportaran. Afortunadamente, un yugoslavo Ludomir Illitch, muy distinguido y muy temerario, organizó la fuga; junto con dos compañeros se aventó encima del guardia y los otros pudieron correr. Se murieron cuatro intelectuales, pero una guerrilla protegió a los demás y los puso a salvo en un fortín. La mayoría se salvó y esto molestó muchísimo a la Gestapo. Años más tarde, Ludomir vino a Estocolmo como embajador de su país, Yugoslavia, y yo del mío y nos abrazamos. Pudimos después salvarle la vida a Franz Dahlen, conocido escritor alemán, al alto poeta Rodolfo Leonard, María Zambrano, Wolfgang Paalen, Marietta Blau, Ernst Roemer, Egon Erwin Kisch, Walter Gruen, Carl Aylwin, Federica Montseny, Max Aub, Manuel Altolaguirre, Abraham Polanco.

Alemanes, polacos, austriacos forman parte de las miles de personas que vinieron a México gracias a las gestiones del cónsul Gilberto Bosques, entre 1939 y 1942.

México rompió relaciones diplomáticas con el gobierno de Vichy y don Gilberto Bosques presentó la nota de ruptura. La Gestapo alemana tomó por asalto el consulado y confiscó ilegalmente el dinero que la oficina mantenía para su operación, así como documentos y salvoconductos. A Bosques, a su esposa María Luisa Manjarrez y a sus tres hijos y todo el personal del consulado, 43 personas en total, los alemanes los mantuvieron en el pueblo Bad Godesberg, en un hotel prisión.

“Pasábamos las noches en vela para embarcar a los refugiados en Marsella. Eran tres barreras de selección y una vez embarcados la policía subía a explorar hasta el último rincón del barco. Había un control civil, otro militar, otro policiaco, otro compartido por tres policías: alemana, francesa y la España franquista. A quienes no les permitían viajar, su vida se convertía en una tragedia porque los regresaban al campo de Miles, cerca de Marsella, al que llamaban campo de salida. A Max Aub lo saqué varias veces de un campo de concentración, primero del de Vernet y después del de Jelfa en África. Me dedicó su Diario de Jelfa, ya en México comíamos juntos; a Max Aub jamás lo vi triste, siempre hacía bromas.

“En Vichy sabían que estábamos del lado de los refugiados y nos trataban como a enemigos, pretendían infundirnos miedo y era un momento en que había que estar en la dimensión de las cosas y el miedo no sirve para eso. Gracias a nuestro trabajo diurno y nocturno y a nuestra insistencia se salvaron muchas vidas.

En Bad Godesberg, donde estuvimos prisioneros, veíamos la cantidad de luz de aviones sobre el río Rin y después los incendios de Colonia que oíamos a unos 20 kilómetros. A los aviones podíamos verlos caer cuando los enfocaban los grandes reflectores, es algo que jamás se me ha olvidado. Una vez, un avión pasó rozando el techo y cayó a unos 600 metros. Mi mujer, María Luisa, era tan valiente que decía que no bajáramos al refugio y viéramos el gran espectáculo del cielo iluminado. Ver las luces de las formaciones de aviones cruzando el cielo, sus sombras sobre el agua, los reflectores cruzándose en el espacio era mágico.

Por lo visto México tiene una historia diplomática heroica en algunas etapas gracias a hombres de la talla de don Gilberto Bosques, quien a sus 98 años representó lo mejor de nuestro gran país. Mariana Yampolsky y yo nos despedimos pensando que con hombres como don Gilberto México llevaba buen rumbo, pero, claro, eso fue en el tiempo de hombres que se jugaban la vida y no de funcionarios en vacaciones sexenales.

La Jornada, El heroico Gilberto Bosques

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Yo fui pasajera en “El barco de los tontos”
Silvia Mistral

“En la cuesta de la vida la memoria toma, a veces, una vestidura casi tierna como único apoyo para no perder aquellos valores, vivencias, encuentros, que dan significado a la existencia. En ocasiones, es un contacto efímero, que demuestra hasta que punto éramos pasajeros en ese “barco de los tontos”. ¿Cómo perdonarse haber estado al lado de la novelista Katherine Anne Porter y no reconocerla hasta cuarenta años después?

Si digo que fui pasajera en “Ship of fools” probablemente algunos de mis lectores no se extrañarían de ello. Pero no es un juego alegórico. Sí, realmente, iba en ese barco acompañando a mi familia en su infortunio, víctimas de la estulticia y la sádica persecución del dictador cubano Gerardo Machado. Katherine Anne Porter abordó la nave en Veracruz y, nosotros en La Habana, en 1931. Ella era una pasajera de primera clase, en ruta hacia Alemania. Nosotros, los “repatriados”, formábamos un grupo de más de ochocientas personas, de las cuales, más de la mitad eran originarias de Cuba por varias generaciones. Machado utilizó una ley (que luego derrocó Batista) existente desde antes de la Independencia cubana en que todo hijo de extranjero que no optara a los 21 años por su nacionalidad: la de su lugar de nacimiento o el país de su progenitor, era considerado extranjero para todo trámite legal. Así se dio el caso de que entre los “repatriados” hubiera familias de cubanos por tres generaciones, más guajiros que la palma real. Todos eran devorados por la duda de mujeres y de los enemigos políticos. “De esta manera –decía el periódico “El Mundo” – Cuba daba un ejemplo al mundo de cómo resolvía sus problemas internos, utilizando la manera más humana y, al mismo tiempo, más práctica”. De verdad fue tan práctica (y esto no se cuenta en “Ship of Fools”) que se cargó el costo del viaje a la península ibérica a las sociedades civiles como el Centro Gallego, Asturiano, Catalán, etc., quienes, por otra parte, apenas instaurada la república en España auspiciaban de buen grado este inusitado “retorno”.

Freitag, un pasajero alemán de primera clase, al observarnos desde la baranda nos clasifica como “un montón de trapos sucios, arrojados a un montón de basura”, hundidos en el misterio insondable de la miseria. Alguna debilidad insospechable encubría nuestro fracaso. El tal Freitag tenía razón al decir que íbamos del paro forzoso al paro absoluto y de la inanición al hambre. Aunque nunca a tal extremo –digo yo como parte de ese conglomerado- de que mascáramos raíces de malanga …. Sólo un animal muy inferior puede soportar una situación así: de la miseria a la miseria. “Ni hogar, ni patria”, como en la canción de Brahms.

Parecía que nosotros, mirados desde el puente de 1ª clase, fuéramos seres hechos con una carne diferente, con los retazos de la costilla de Adán.

COMO LA HOJA DEL CAIMITO TIENE DOS CARAS DISTINTAS

Cabe la duda de si la partida de Cuba era para mejorar (aparte del hecho de salvar la vida) o empeorar. La cita de la autora al comenzar su novela: “¿Cuándo partimos hacia la dicha?” de Baudelaire era para ella una alegoría moral de la Stultífera Navis, el barco de este mundo en viaje hacia la eternidad. Para los “repatriados” constituía algo más: ser sobrevivientes de la crisis económica norteamericana iniciada en 1929, del desempleo, la lucha contra el terror machadista, las torturas, la vejación, la pobreza. Por eso los personajes alemanes del “El Barco de los Tontos” se preguntan: “¿De qué puede tratarse?”, cuando la masa de pasajeros suben al barco en La Habana y son destinados a los compartimentos de proa que sólo podían acomodar –señala Porter- trescientos cincuenta pasajeros y nosotros éramos ochocientos setenta y seis. Exactamente. Los oficiales alemanes de menos categoría aceptaban soborno por una litera alta, una silla de lona o un lugar en cubierta, donde se instaló mi familia.

A la vista estaba que pertenecíamos a la clase más baja, elementos subversivos, considerados peligrosos para el régimen. Para Herr Hutten y señora, los dueños del bulldog “bebé” que los acompañaba en la travesía, éramos “gente inofensiva, aunque infortunada”. Los periódicos de aquel día dieron la versión de que debido al descenso del precio del azúcar en el mercado internacional, las demandas de salarios y las huelgas, los millares de trabajadores que habían venido a Cuba en “los grandes días del azúcar” regresaban a su país natal. Lo que no aclaraba era en que fecha habían llegado: cuarenta, ochenta, doscientos años antes. La única familia oficialmente expulsada del  país tras de un agitado proceso era la apellidada Lípiz (famosa por su lucha contra Machado, después contra Batista y ahora exiliada en Miami por cuarta vez). Todos fueron tachados de “extranjeros desocupados”, con lo cual Machado se libraba de los ancianos, de los enfermos, de las mujeres.(…)
Uno de los personajes de “El barco de los Tontos” dice: “Uno sueña y el sueño es una clase de realidad. Despierta, y la realidad es distinta a todo, es una misma realidad bajo sus innumerables aspectos.” Exactamente. Por mi parte, no reflexionaba sobre el origen y motivaciones de aquel viaje. K. A. Porter estaba en condiciones de hacerlo, dominaba el oficio de recoger todo aquello que convenía a su lenguaje narrativo o contexto estructural. Así, “El Barco de los Tontos” o “La Nave del Mal”, conocida también por este nombre por su versión cinematográfica, tiene dos puntos de partida: el de la novelista desarrollando su obra y el de la casual criatura empeñada solamente en “fijar” la experiencia de la travesía atlántica. Tal como puedo interpretarla hoy, no entonces, ajustando el tiempo a su dimensión normal, era una mujer de extraordinario vigor mental (“que es lo que da carácter a la vida”) y físico. Extrañamente: sólo recuerdo que tenía pecas en los brazos y una voz que me sonaba a castañas asadas al fuego vivo. Sólo los apuntes para interpretar y ubicar a los personajes de aquel viaje debieron exigir un minucioso trabajo intelectual y sicológico, al que ella añadió un humor caústico como filo de navaja y su despiadada opinión sin concesión alguna para los hombres y aún menos para las mujeres.

Yo sólo vivía, curiosamente, lo rudimentario de la experiencia. A esa curiosidad de adolescente se debió que fuera la única testigo de cómo fue echado al agua el cadáver de un pobre guajiro, muerto de tisis galopante, como se decía entonces. En la novela quien es arrojado al agua es el bulldog “bebé” salvado por un repatriado vasco, quien fallece después. Como el único cadáver que yo había visto era el de un chino tuberculoso, no sé por qué vi semejanza entre aquel campesino seco y pálido (de sus ancestros sólo le quedaba la osamenta celtíbera) con su hermano gemelo en el bacilo de Koch. ¿Quién me iba a decir, entonces, que aquel cadáver iba a ser el prólogo de los muchos otros que iba a ver sólo cinco años después: reventados, mutilados, cegados, podridos, desnutridos, hombres, mujeres y niños, con toda su carne en floración? Ni Katherine Anne Porter y, mucho menos yo, podíamos ser conscientes en 1931 de este porvenir. Apenas si ella esboza la amenaza de hitlerismo a través de un personaje que se manifiesta a favor de la eutanasia humana y de los prejuicios raciales que corroen a todos los viajeros del barco.

“A los pasajeros de tercera clase no se les permite subir a las cubiertas superiores”, Katherine Anne Porter lo reproduce y yo lo leo. No me guía otro deseo cuando concibo la idea de trasponer la barrera de clases, que cortarme el pelo en el salón de 1ª clase. A diferencia de Frau Tittersdorf pienso que hay más de una manera de enfocar un problema, en este caso, una prohibición. Se negaron a dejarme pasar el oficial de tercera, el de preferencia, el de segunda, el  médico y la enfermera de primera clase. Muy temprano, la sobrecargo de primera me arrastró por  unos pasillos alfombrados y me introdujo en el salón, donde un peluquero me  cortó el pelo al estilo de Cristina de Suecia. Sólo había allí una señora con pecas en los brazos que se mostró muy interesada en saber a qué producto hispano-cubano pertenecía y cuáles eran las ideas políticas de mi padre. No entendí señal alguna, ni tuve esos relámpagos de conciencia que presienten el genio. Ni por edad ni capacidad estaba en condiciones de explicar a Katherine Anne Porter mi participación en lo que ahora se llama “cultura de la pobreza”. Se necesitarían casi cuarenta años para que yo extrajera de los sub-estratos de la memoria los recuerdos de aquel mi primer viaje de exiliada. Porque si bien concebía una novela sobre “Los Repatriados” no podía imaginar que nuestras peripecias fueran el trasfondo o contraste de la obra de Katherine Anne Porter: “Ship of fools”. Hoy lo interpreto como un problema de” incomunicación humana”. No puedo “verme” reflejada en esos tipos semi gitanos, morenos y esbeltos, que tocan la guitarra en la cubierta de tercera clase. No sé si la palabra inglesa “fools” puede incluir un poco de loco y otro poco de tonto. Aunque parezca una perogrullada la mayoría de gente de proa eran personas de ideas y hasta de libros: la maleta de mi padre casi no contenía más que varias obras de Zola: “Germinal”, “Lourdes”, “La Tierra”, etc., novelas de Tolstoi, Panait Istrati y Romain Rolland, algún ensayo de Ricardo mella, “El Apoyo Mutuo”, de Kropotkin y, naturalmente, las obras completas de José martí. Entre los “repatriados” había albañiles, sastres, zapateros, también linotipistas e impresores. No puedo recordar a nadie cantando por bulerías o bailando flamenco. Si acaso, alguna voz entonando una guajira sobre la hoja del caimito, que “tiene dos caras distintas”, de color diferente por cada lado…

Cierto que organizábamos nuestra vida en proa tendiendo la ropa de algodón criollo que K.A. Porter cita como “andrajos de niño”. Cierto, también, que en la primera misa dominical a bordo sólo seis mujeres y un hombre se arrodillaron y que la mayoría, incluyendo mi padre, dio la espalda al altar. Cierto que hubo registros para despojar a todos los viajeros de tercera de las armas que tenían, hasta del cuchillito que servía al vasco para tallar animalitos de madera. Así como nosotros ignorábamos la desdicha de muchos personajes de primera clase, éstos, a su vez, nos tachaban de “plaga de infecciosos” (vivíamos, por el contrario, con la obsesión del baño y la limpieza) y sentían escalofríos de terror ante nuestra pobreza física. Todos éramos extraños-extranjeros en “El Barco de los Tontos”. Los hombres más politizados redactaron un manifiesto, creyendo que habría, a nuestra llegada a España, un “reconocimiento” semi oficial por la flamante República de Trabajadores o, por lo menos, de sus sindicatos. ¿Cómo podría imaginar alguien que se ignorara la llegada de 876 repatriados? Pues así fue: nadie, NADIE, nos esperaba al pisar tierra española, nadie que representara a la U.G.T., a la C.N.T., a republicano alguno. Ignoraron por completo el origen de aquel drama que echó sobre tierras españolas varios barcos con cerca de seis mil personas que, desilusionadas por la indiferencia oficial y la negligencia sindical, se desparramaron por diferentes regiones en busca de una forma de vida. Vida que muchos habrían de perder muy pronto, al estallar la guerra en 1936. Una forma más digna de morir que los que fueron arrojados por las rampas de la fortaleza de la Cabaña, para alimentar a los tiburones.

Releyendo “nuestra parte” en “El barco de los Tontos” me parece un tiempo fantasmal y, sin embargo, profundamente arraigado en los recuerdos de las vidas que he vivido. Me fijo en las Hnas. Cortesina (actrices en la compañía de Lola Membrives) pasando airosas las aduanas, mientras los pasajeros alemanes en ruta hacia su país, contemplan desde el puentee “nuestro desembarco”, felices de perder de vista a esos “pobres diablos”, según nos califica uno de los personajes de la novela. Novela para K. A. Porter; terrible experiencia para los que sobrevivimos a ese viaje en “La Nave del Mal”. Pretendiendo hallar un nexo entre la realidad y la literatura que aclare su significado nada mejor que repetir esas palabras de Octavio Paz:

“Aquello que pasó efectivamente pasó; pero hay algo que no pasa, algo que pasa sin pasar del todo, perpetuo presente en rotación:”

 Silvia Mistral (seudónimo de Hortensia Blanch Pita)

Nació en La Habana (Cuba) en 1914, de ascendientes catalano-cubanos con raíces gallegas. Llegó refugiada a México en 1939 en el Ipanema.

Publicado en Diorama de la Cultura del periódico Excélsior. México
18/10/1 971

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"Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que la de las personas célebres". Walter Benjamin

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