THURSDAY 14 NOVEMBER 2019

Amadeo Gracia Bamala

Hace unos días falleció Amadeo Gracia Bamala, protagonista de una de las fotos más icónicas de la Retirada. Fue publicada por primera vez el 18 de febrero de 1939 en la revista francesa L’ Illustration, dos días después la revista norteamericana Life la reprodujo y dio la vuelta al mundo.

Foto: Roger-Viollet. 

Un grupo de exiliados atraviesan Prats-de Mollo camino de Francia. El gran poder visual de esta fotografía es protagonizado por dos niños; En un primer plano Alicia Gracia, de siete años, camina de la mano de su padre, le falta una pierna, perdida en un bombardeo fascista.

Detrás Amadeo, de cuatro años, de la mano de un ciudadano francés. Éste al tener conocimiento de que algunos heridos y mutilados tenían dificultades para completar el camino, salió a ayudarlos en este doloroso trance. Era Thomas Coll, al que también le falta una pierna, perdida en la I Guerra Mundial. A Amadeo le falta media pierna producto de la metralla de la misma bomba que mató a su madre e hirió a su hermana. Cierra la imagen Antonio, de doce años, el mayor de los tres hermanos.

La fotografía refleja como pocas el sufrimiento de la población en ese fatídico mes de febrero en el que tantos españoles de todas las edades perdieron la vida intentando salvarla. Una foto de familia que se convirtió en un símbolo del exilio, es de las imágenes más populares y conocidas de la diáspora republicana.

Los padres de Amadeo, Mariano y Pilar vivían en Monzón (Huesca), donde se casaron y nacieron sus tres hijos; él obrero de Azucarera Española y ella costurera. Mariano participó en la colectivización de esa empresa.

El 20 de noviembre de 1937 la aviación italiana bombardeó el pueblo de Monzón. La madre junto con los dos hijos pequeños huyen hacia las afueras del pueblo para ponerse a salvo, pero una bomba les alcanza de pleno. Así lo narraba Amadeo; “Tras el paso de los aviones, curiosamente, la línea del tren ha quedado intacta, pero un par de bombas han dado en el grupo, una de ellas de pleno. Un chico murió y su madre quedó gravemente herida, al igual que mi madre que rápidamente se arrojó sobre mí para cubrirme. La bomba le destrozó el costado y el vientre. A mi hermana, le destrozó asimismo, una pierna, que se la tuvieron que amputar a la altura del muslo (tenía 6 años), y a mí que todavía no tenía 3 años, también me tuvieron que cortar la pierna por debajo de la rodilla”.

 

Al cruzar la frontera Mariano fue internado en un campo de concentración, mientras que los tres hermanos fueron enviados con otros niños al castillo refugio de Caussade, en Bergerac, Departamento de la Dordogne. El padre falleció un año y medio después de pasar a Francia.

Antonio, Alicia y Amadeo fueron devueltos a Monzón a la muerte de su padre. Antonio se puso a trabajar y Alicia y Amadeo fueron internados en orfelinato del Auxilio Social; “Ingresé a los seis años y medio en la sección de niños pequeños, al cuidado de las monjas, y a los siete años, pasé con los mayores de 7 a 21 años, que eran cuando iban al servicio militar. El contraste no pudo ser más brutal, 110 o 120 chicos, yo el más pequeño, y los mal llamados ‘educadores’…” allí permanecieron doce años, sufriendo todo tipo de humillaciones y palizas por ser hijos de los vencidos. Amadeo recordaba esta etapa como la peor de su vida; peor que la guerra, peor que la Retirada y peor que el exilio.

Pasaron cinco décadas hasta identificar a los fotografiados. Fue Antonio, el mayor, el que al ser publicada en 1988 en un periódico catalán, llamó a la Redacción y les comunicó: “Nosotros somos esos». El empujón definitivo para dar a conocer su historia fueron unas declaraciones de un diputado del Partido Popular, que calificaba la Memoria Histórica como “un revival de naftalina”. Amadeo que nunca quiso hablar de esa etapa de su vida entendió que solo habría justicia si se conocía la verdad. «Siempre que se habla de la guerra aparecen las personalidades, los famosos…, pero ¿y la gente común? Los que más la sufrimos, ¿dónde estamos?”.

“Nunca me gustó, ni quise hablar sobre este asunto, me sentía como si yo fuese el culpable de lo ocurrido a mi familia, o algo por el estilo, no sé por qué, pero así lo entendía; quizás fuese por ser el más pequeño de todos… No quería recordarlo…”

Años después, en 2002, Amadeo dirigió una carta al director del diario El País, en un fragmento de la misma decía: «No. Yo no puedo, aunque quiera, perdonar, ni olvidar, ni… Perdonar, ¿por qué? ¿Acaso han pedido alguna vez perdón ellos? No odio, aunque sí odié; no quiero revanchas, aunque en otro tiempo las deseé…hacia ellos siento simplemente un profundo y absoluto desprecio… No creo que nunca, a pesar de los esfuerzos realizados por tantas y tantas personas de bien, se llegue a hacer la más mínima justicia sobre tanto dolor, escarnio y humillación realizados sobre millones de españoles”.

Un año después Amadeo volvió por primera vez al escenario de aquella fotografía, posteriormente volvería en el año 2009 para la conmemoración de los 70 años de la Retirada. “Me acuerdo de que pasamos mucho frío y hambre”. No entendía y no perdonaba que aviones de un país extranjero hubiesen atacado a civiles indefensos. Y una de las cosas que más le dolía es que nunca supo cómo murió, ni dónde está enterrado, su padre. “No se me quita de la cabeza”.

La escena de la foto se ha reproducido en forma de escultura de bronce en el año 2000, ha sido realizada por Lola Reyes y Joan García. Está ubicada en La Vajol, y ha sido sufragada por asociaciones memorialistas de víctimas del franquismo e instituciones catalanas.

La Asociación de Descendientes del Exilio Español siente profundamente la muerte de Amadeo; persona muy humilde que a su vez nos dio muchas lecciones de humildad y humanidad. Nos quedaremos siempre con su ejemplo y, a pesar de su escepticismo, continuaremos en pos de esa justicia hacia las víctimas del franquismo.

La Junta Directiva, noviembre de 2019

 

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El pasado 18 de septiembre la actriz, directora y guionista Amparo Climent recogió el premio Pilar Bardem Cine, Ayuda y Solidaridad otorgado por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España

Se trata de un premio creado en 2017 en reconocimiento de las acciones solidarias y los valores humanitarios de los cineastas. Esta es la segunda edición del premio, en la primera, cuando aún no llevaba el nombre de Pilar Bardem, fue esta actriz la reconocida.

Tanto Pilar como Amparo han destacado a lo largo de su carrera profesional por su compromiso social, luchando activamente por los derechos humanos allí donde no fueran respetados.

Amparo Climent es miembro de la Junta Directiva de la Academia de Cine en la especialidad de interpretación, y de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales, consejera de la sociedad de gestión AISGE y patrona de la Fundación AISGE, desde donde puso en marcha el Taller de la Memoria de la Escena Española, iniciativa que ya cuenta con la publicación de 100 libros con las biografías de actrices y actores jubilados.

También es Presidenta de la asociación Arte y Memoria e impulsora del Festival Internacional de Cine por la Memoria Democrática, certamen que tiene la finalidad de reflexionar colectivamente y despertar conciencias para que en nuestro país se alcance la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas del franquismo.

Amparo Climent es autora del documental “Las lágrimas de África”. En el mismo puso cara y nombre a los emigrantes subsaharianos que esperan en los campamentos del monte Gurugú y Bolingo para saltar la valla de Melilla. Así lo narra; “cuando en febrero de 2014, contemplé las impactantes imágenes de la playa del Tarajal, donde se veía como la Guardia Civil disparaba y mataba a 15 subsaharianos que, a nado algunos, y otros sin saber nadar, intentaban llegar a Ceuta, no dudé en ir a esa frontera con mi cámara para documentar lo que mi corazón se negaba a creer”.

Compartí con las mujeres, intimidades y secretos, de agresiones y humillaciones, en sus viajes a través de África. Con la camerunesa Christelle, viví la angustia y el miedo de los ataques militares a los campamentos y el peligro de la huida, a través de las noches cerradas a la luz, por los senderos y los riscos del monte. Asistí al nacimiento de su hija, Anja Marie, en Bolingo, y la escuché cantar nanas, soñando un futuro mejor, cuando consiguieran atravesar el mar. Y, en esas noches de luna llena, yo me dejaba llevar hacia el infinito, arrastrada por la melancolía de su voz, pensando lo injusta que es la vida para algunas personas”.

En 2016 se desplazó a los campamentos de los refugiados sirios; “Vivimos los ataques salvajes de los militares de Macedonia, con gases lacrimógenos y pelotas de goma, contra los que intentaban cruzar la frontera; y que provocó algunos muertos y cientos de heridos, muchos de ellos niños… intentamos buscar argumentos para “ilusionar” a aquellos que huían de conflictos terribles, en un futuro incierto y desalentador…” y realizó “Los sueños de Idomeni” (codirigido con Héctor Melgares), reflejando el drama de los refugiados sirios atrapados en la frontera entre Grecia y Macedonia.

Recuerda esos campos de refugiados muy similares a los que acogieron a nuestros exiliados “Y un sitio nos lleva a otro, como las imágenes, de “La Retirada” en un paralelismo entre el ayer y el hoy”.

Desde la Asociación de Descendientes del Exilio Español felicitamos sinceramente a Amparo y nos congratulamos con este premio sobradamente merecido a una persona que siempre dijo sí a nuestras llamadas de colaboración.

Emocionada por recibir el galardón en su intervención señaló “Espero estar a la altura de este reconocimiento, que significa que tenemos que seguir luchando”. No tenemos ninguna duda, querida Amparo, que seguirás luchando.

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TALENTO Y EXILIO: LA DIÁSPORA DEL CONOCIMIENTO

Pedro López López, Pilar Nova Melle y Juan Miguel Sánchez Vigil (coords.).

Editorial Punto Rojo, Sevilla, 2019.

Se trata de una publicación reciente, iniciativa de la Asociación de Descendientes del Exilio Español. El propio título responde con precisión al contenido que encontrará el lector. Por un lado Talento; los coordinadores del libro han procurado mostrar un amplio abanico de destacados profesionales; arquitectos, pintores, filósofos, médicos, químicos, físicos, pintores, escultores, escritores, etc. Entre ellos, dos mujeres que destacaron en profesiones impensables para la mujer de la primera mitad del siglo pasado; la aviadora Mari Pepa Colomer y la deportista de élite Ana María Martínez Sagi. La república hizo posible un cambio social modernizador y la mujer fue la gran protagonista. El talento femenino emergió en cuanto se le dio la oportunidad.

En la década de los años treinta España estaba en la vanguardia mundial, desde el punto de vista cultural hubo un florecimiento general; una especie de Renacimiento. La Constitución de 1931, garante de la libertad de expresión, abonaba el terreno de la creatividad.

Por otro lado Exilio; todas las semblanzas recogidas tienen el denominador común de padecer el exilio. Muchos de ellos jamás volverían a España, pero todos con España presente; nunca se desvincularon. Una buena prueba de ello es que fueron los fundadores de revistas, colegios, casas de España, introductores del hispanismo en las universidades. Fueron los grandes difusores de nuestra cultura. A ellos les debemos, por ejemplo; la promoción de la lengua española en los países del este de Europa, reeditando obras de autores del Siglo de Oro español y también contemporáneos como los de la Generación el 98 y de la Generación del 27. Y como no; España siempre en el legado escultórico o pictórico.

Si en la década de los años cincuenta se recuperaron en España los índices económicos de 1935, desde la perspectiva del conocimiento no hubo recuperación posible. La pérdida de saberes que supuso el exilio ha sido irrecuperable.

En este pequeño libro, pero rico de contenido, han participado 25 autores elaborando una difícil síntesis biográfica de cuarenta grandes intelectuales y artistas de la II República que se vieron abocados al exilio al finalizar la guerra civil. Se lee con avidez porque es ameno, porque se descubren cosas, porque los autores han cuidado la combinación de una redacción rigurosa en contenidos descriptivos a la vez que una valiosa aportación al conocimiento de la memoria histórica de nuestro país.

Acabada la lectura del libro, uno se queda con la sensación de querer conocer más. Afortunadamente, los coordinadores se han comprometido a seguir trabajando para ampliar el número de semblanzas, cubriendo aquellas profesiones que no han sido incluidas en esta edición.

En mi opinión, este libro tiene el mérito de cubrir un espacio, no suficientemente explorado con anterioridad por las publicaciones dedicadas al exilio; a veces se conocen más las vidas que las obras de muchos de los reseñados.

Finalmente señalar que aunque los coordinadores y muchos de los autores son profesores universitarios, sin mermar en el rigor, no han pretendido escribir un libro académico, sino un libro para el público general, es perfectamente accesible a todo tipo de lectores. En definitiva, es un libro de interés para cualquier lector interesado en el conocimiento de la historia del exilio republicano español, así como en la historia de nuestro país.

Jaime Gómez, periodista.

 

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CIUDAD DE MÉXICO .- Durante la conmemoración de los 80 años del Exilio Español en México, en la Cámara de Diputados, los legisladores aplaudieron la política del gobierno mexicano de “puertas abiertas”, e hicieron votos para continuar recibiendo a los migrantes con respeto a sus derechos humanos.

El presidente de la Cámara alta, Porfirio Muñoz Ledo, aseguró que el exilio republicano español a México es una de las más grandes hazañas políticas, diplomáticas y morales del Siglo XX: celebra el triunfo de la memoria contra el olvido y la supremacía de la política regida por principios.

En la Sesión Solemne, durante la cual se develó en el muro de honor del Salón de Sesiones la frase con letras de oro: “Al Exilio Republicano Español”, el diputado presidente manifestó que ese acontecimiento enriqueció nuestra cultura y convivencia social, a nuestros maestros, artistas, científicos, profesionales y al laborioso pueblo de cepa española.
“Las letras de oro que develamos hoy hacen perdurable la intención y la realización de esta gran hazaña. Devolvemos con esta placa lo que hemos recibido. Vuelve perdurable a la intención, a la conversión de la tragedia en vida nueva y larga esperanza”, expresó Muñoz Ledo.

Añadió: “Así como honramos a los trasterrados, se recuerda también al gran estadista que entendió su tiempo como ninguno, combatió las dictaduras y organizó personal y generosamente el tránsito de los refugiados, el general Lázaro Cárdenas del Río”.

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La Asociación de Descendientes del Exilio Español agradece a las autoridades locales este homenaje.

Patrick Malavieille, alcalde de La Grand’Combe, saluda a los descendientes de los republicanos españoles

 

Como cada año, en el mes de junio, ha tenido lugar la ceremonia de homenaje a los guerrilleros españoles en los Departamentos del Gard, la Lozère y Ardèche, ubicados en la comuna de Portes donde se ha construido un Memorial.

En la estela de dicho Memorial están grabados más de 60 nombres de españoles que perdieron la vida luchando con coraje contra los nazis.

Dos de ellos, Casimiro Camblor y Gregorio Hernández, fueron fusilados por los alemanes como represalia a actos de sabotaje.

La labor de los republicanos españoles en Cévennes fue crucial para liberar el país y recuperar la libertad.

El Ayuntamiento de La Grand’Combe ha puesto el nombre de «Guérilleros Espagnoles» a una calle de la ciudad para rendir así el merecido homenaje a esos jóvenes «extranjeros y, sin embargo, nuestros hermanos» como muy bien decía el poeta Louis Aragón.

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"Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que la de las personas célebres". Walter Benjamin