THURSDAY 22 AUGUST 2019

El pasado 27 de agosto se cumplieron seis años del fallecimiento de nuestro querido compañero y amigo, miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Descendientes del Exilio Español.

De familia asturiana, su padre Ceferino Álvarez Rey, participó en la fundación del Sindicato Único de Mineros (SUM) y tomó parte activa en la revolución de 1934, fue Comisario del Ejército de la República y dirigente del PCE. Después de la evacuación del Frente Norte Ceferino (hijo) nace en Cataluña, desde aquí la familia se exilió en Francia. Familia siempre combatiente; estaba previsto que Ceferino (padre) formara parte de la segunda oleada de la invasión por el valle de Arán. Después del fallido intento fijaron su residencia en Toulouse donde creció Ceferino Álvarez Fernández. En su regreso a España, además de obtener su Doctorado en Historia y reconocido en su campo, la ingeniería, fue muy activo y entusiasta en nuestra Asociación.

Siempre te recordaremos.

 

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Desde Francia nos informan nuestros compañeros de la Asociación Caminar que Luis Royo ha fallecido. Miembro de la Nueve, conducía el tanque «Madrid» en esa compañía. Iba a cumplir 97 años.

Se adjunta integro el artículo de la reconocida historiadora francesa E. Mesquida:

31-agosto-2016

Luis Royo nació en el casco antiguo de Barcelona en 1920, de padres aragoneses. “Cataluña era la patria del anarquismo y mi padre era anarquista. Un anarquista nada violento que hablaba de libertad y que me repetía que la vida de un hombre no tiene precio”, contaba. Las dos cosas quedaron muy grabadas en él.

Con la quinta del biberón se fue a la guerra. Le movilizaron en abril de 1937 y participó en la ofensiva de Balaguer. Le dolía recordarlo: “Fue un fracaso porque no teníamos medios y es evidente que con una escoba no podías pelear contra un cañón. Muchas de nuestras batallas las hicimos tirando piedras y bombas de mano”.

Participó en la batalla del Ebro y en el reemplazo de los internacionales en Tortosa, cuando los retiraron. El frente se rompió en diciembre y llegó el momento de la retirada. A pie, con la aviación franquista bombardeando cerca, llegó hasta la frontera de Prats de Mollò. Con el cansancio, el hambre, el frío y la desesperación de tantos. Antes de cruzar la frontera los desarmaron a todos. “Éramos unos 60 militares”, rememoraba. “Entramos en formación con los músicos interpretando el Himno de Riego”.

Royo tenía 18 años y comenzaba una nueva etapa: la dureza de los campos de concentración franceses, las tropas coloniales repartiendo culatazos, el maltrato, la miseria y la humillación durante muchos meses. Después, de nuevo la guerra, esta vez en Francia y contra los mismos enemigos, el nazismo y el fascismo. Se enroló en la Legión y fue enviado a África, donde supo del llamamiento del 18 de junio del general De Gaulle, el hombre que no había claudicado ante los alemanes como él no claudicó ante Franco. Tuvo la impresión de que ambos luchaban por la misma causa.

En Oujda, con un grupo de artillería, aprendió a conducir y el sistema morse. Poco después desertó de la Legión para sumarse a las tropas de Leclerc. Los prepararon en Sabratha, Libia y Skira, en Marruecos, donde se formó la Segunda División Blindada, con tres batallones del Regimiento de Marcha del Chad. Allí fueron equipados por los americanos: “Cuando vimos el material supimos que había llegado el tiempo de la igualdad y teníamos prisa por enfrentarnos a los alemanes. Con el material que teníamos entonces en nuestro poder, estábamos seguros de darles caña”.

Luis entró en La Nueve, una compañía compuesta por españoles, en su mayoría anarquistas. “Yo era republicano y había otras tendencias, pero esto no se tenía en cuenta entre nosotros. Cuando había un herido no se miraban ideologías. Íbamos todos a recogerlo inmediatamente. Estábamos muy unidos”.

Salieron de Casablanca con destino a Inglaterra. Le tocó la zona de Poncklinton y guardó un recuerdo entusiasta de aquellas semanas. Mantuvo amistades inglesas durante muchos años. A finales de julio de 1944 embarcó hacia Francia. “A pesar de que el enfrentamiento iba a ser duro no teníamos miedo. Yo iba a hacer la guerra y sabía que podía resultar herido o que podía morir. La verdad es que nunca pensé que luchaba para liberar a Francia sino que estaba luchando por la libertad. Para nosotros aquella lucha significaba la continuación de la Guerra Civil”.

Desembarcaron en la playa de Omaha. Galoparon hacia París. Siempre delante. Enfrentaron a los alemanes en Alançon y Ecouché. Los vencieron. Después, París… Luis Royo no pudo entrar el 24 de agosto por la avería de una rueda de su tanqueta, bautizada como Madrid. Leclerc le obligó a detenerse para arreglarla. Entro con él al día siguiente. Todavía pudo enfrentar a los alemanes en la Escuela Militar.

El día 26 de agosto, en el desfile de la Victoria, Luis fue uno de los que sirvió de guardia de honor del general De Gaulle con su tanqueta Madrid. Después, con sus compañeros de La Nueve, siguió persiguiendo a los alemanes en un invierno de frío intenso, combatiendo en Andelot, Chatel, La Mosela… En esa Alsacia de metralla, nieve y hielo resultó gravemente herido. Se salvó gracias a que fue evacuado a Oxford y dispuso de penicilina. Le dijeron que le había quedado hierro en el pulmón. Con él ha vivido.

El final de la guerra trajo la gran decepción y el largo invierno del olvido. “Una traición”, decía él. Sesenta años después de su entrada en París, en 2004, en la alcaldía, Luis recibió su primer gran homenaje. Poco después recibía la Legión de Honor y el reconocimiento de la ciudad de París. Haber pertenecido a La Nueve era para él un orgullo. Julián Escudero era ahí su nombre de guerra.

Luis Royo vivió desde entonces en Francia. Trabajaba en la fábrica Citroën y desde su retiro vivía sencillamente en un apartamento de Cachan, en las afueras de París, con una de sus hijas. También en 2004 el presidente del Senado español le rindió honores como combatiente de La Nueve, la primera compañía que entró en París aquel 24 de agosto de 1944 para ser liberada, y asistió al desfile del Ejército español en memoria de los que no habían podido volver a España. Se prestó regularmente a dar testimonio del combate de los refugiados españoles hasta que la enfermedad le aisló.

Luis Royo era el penúltimo superviviente de la histórica compañía. Ha muerto este último 23 de agosto en el hospital Paul Brousse de Villejuif. Pocos días antes mostraba todavía la intención de poder viajar a Madrid para la próxima inauguración del jardín dedicado a los combatientes de La Nueve.

Evelyn Mesquida es autora del libro La Nueve, los republicanos españoles que liberaron París.

 

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Cuatro Barcos, un mismo destino

Fernando Barral

Cada uno de ellos tenía un nombre distinto, distinta nacionalidad y habían sido construidos para un propósito diferente. Pero las circunstancias de la vida los relacionaron con un hilo invisible que los dirigía a un mismo destino. Esta es la historia contada por esos cuatros barcos.

African Trader1El primero fue el “African Trader”, un barco ya casi obsoleto que provenía de unos astilleros escoceses. Durante casi toda su vida útil estuvo transportando carbón desde Inglaterra por las costas del África Occidental y cuando ya apenas sirvió para estas largas travesías, fue incautado por el Gobierno Republicano Español a finales de la Guerra Civil, en el Puerto de Alicante, en el Levante, con el objetivo de transportar refugiados hacia Argel. Se hallaba justamente en el puerto de Alicante cuando ocurrió la debacle y miles de refugiados se apresuraban por llegar al único puerto de esa zona y al único barco en ese puerto. Esto ocurrió en abril de 1939. Entre los miles de refugiados que se amontonaban en el muelle de esta ciudad entre montones de sal, estábamos mi madre inválida y yo, que tenía entonces 11 años de edad.

El barco había descendido una escala para subir los pasajeros y todos ellos se apelotonaban para lograrlo. Cuando ya habían subido cientos o posiblemente miles de polizones, repentinamente la escala se levantó y por un altoparlante se oyó una voz que decía que el barco estaba lleno y no podía admitir más pasajeros. Una ola de desolación se extendió entre los que no habían logrado abordar, y que después de una pausa, incrédulos ante su mala suerte, empezaron lentamente, a retirarse hacia la ciudad. Pero no nosotros. Yo me resistí a retirarme, en una clásica “perreta infantil” me quedé plantado y dije que no me movía de allí, pese a los esfuerzos de mi madre, que con su pierna ortopédica, estaba ya cansada de estar de pie.  Por esta vez la “perreta infantil” me dio resultado: como un cuarto de hora más tarde volvieron a bajar por breves minutos la escala y nosotros, junto a un grupo pequeño de personas que estaban allí, subimos por fin al barco.

Este fue el primer barco de mi vida: el “African Trader” de nacionalidad inglesa y con tripulación griega. Viejo y sin camarotes, pues era un carguero y con la cubierta atestada de refugiados, pero nos permitió salir de España, huir de los franquistas hacia la LIBERTAD, palabra que entonces no conocía…

Alcantara1El segundo barco era de nacionalidad egipcia y se llamaba “Al Kantara”. Hacía la travesía, de Argel a Port Vendres, Francia. Ya terminada la guerra, ésta travesía fue menos dramática que la anterior. Pero también salíamos huyendo, mi madre y yo. Huyendo de un campo de concentración de la Gendarmería Francesa, situado en Ain El Turk, en las estribaciones de los Montes Atlas y destinado por las autoridades solo a las mujeres y los niños. ¡Muy delicado de su parte! Vivíamos con relativa ¨comodidad¨, aunque en tiendas de campaña. Cinco o seis meses después, por una gestión de mi tío Fernando a través de las organizaciones de ayuda a los refugiados, desde Argentina, donde él residía desde hacía años, obtuvimos nuestra libertad. Lo demás fue una aventura: quinientos kilómetros en un taxi alquilado por los Gendarmes, desde Orleansville hasta el puerto de Argel: allí estaba nuestro segundo barco: el ¨Al Kantara¨, matriculado en Egipto: él nos llevaría, en una travesía que duró apenas una noche, desde Argel hasta Port Vendres. El primer barco nos había salvado la vida. Este segundo, nos daba la LIBERTAD.
winnig4El tercer barco el “Winnipeg”, se hizo famoso por ser el último barco que pudo salir de Europa antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial; lo que le valió el sobrenombre de “Barco de la Esperanza”. Atravesó el Atlántico esquivando los submarinos alemanes, y por fin llegamos al Caribe. La primera escala fue en una isla pequeña cuyo nombre no recuerdo, sólo recuerdo a varios nativos nadando alrededor del buque pidiendo que les arrojaran monedas. Estas caían al agua, los muchachos se sumergían para recuperarlas y después se las guardaban ¡en la boca! pues sus taparrabos no tenían bolsillos. Uno o dos días después llegamos a Panamá, al famoso Canal de Panamá. Famoso entre otras cosas por los miles de vidas humanas que perecieron víctimas de malaria, fiebre amarilla, cólera y otras enfermedades durante las obras. Pero más famoso aún por sus maravillosos juegos de esclusas: uno en el Golfo de México para sobrepasar las Montañas del Istmo, y otro hacia el Pacífico para bajar nuevamente al nivel del mar, con una diferencia de más de 10 metros entre ambos.

El barco entraba en la primera esclusa, ésta se cerraba y abrían unos potentes chorros de agua que elevaban el barco hasta el nivel de la segunda esclusa, que a diferencia de la primera estaba casi vacía. Al pasar a esta segunda esclusa se repetía la operación, swininpeg2e llenaba de agua y el barco subía otros ocho o diez metros. Al final de la tercera o cuarta esclusa, no recuerdo exactamente, se abrían las compuertas que comunicaban con el Lago Gatún, situado en la meseta central de Panamá. Aquí, el barco, impulsado ya por sus propios motores, recorría el lago en dirección al Pacífico, atravesando, antes de llegar, un tramo largo y estrecho, conocido como “Paso de la Culebra”, tal vez por lo estrecho que era. De ahí entraba en un segundo juego de esclusas y se repetía la operación al revés, de arriba hacia abajo hasta llegar al nivel del Pacífico, que estaba a unos diez o doce metros más bajo que el Atlántico. Mi madre se pasó estos días en el camarote, mientras yo observaba atentamente la navegación por el lago y a través de las esclusas cuando se abrían al océano Pacífico.

Este tercer barco, luego de atravesar miles de kilómetros de océanos y sortear decenas de obstáculos, también nos acercaba a la LIBERTAD, la libertad otorgada por el empeño de Pablo Neruda y el presidente de Chile Pedro Aguirre y refrendada por todo el pueblo chileno, que acudió a recibirnos a los muelles.

El último barco fue el “Santa Ana”, de bandera italiana, que trasportaba pasajeros y carga, y hacía el trayecto de Buenos Aires a Nápoles, Italia, a la modesta velocidad crucero de 12 nudos por hora. También de aquí salí huyendo, pero esta vez solo. Salía de la cárcel de Villa Devoto, donde había estado confinado varios meses, y sólo a último momento cambió mi destino original: de ser deportado a la España franquista por comunista, con una condena a muerte casi segura, a la condición de refugiado político en Hungría, ese pequeño y casi olvidado país centroeuropeo. Allí obtuve mi definitiva LIBERTAD y pude concluir mi carrera de médico, la LIBERTAD de escoger mi destino, de venir a Cuba, y enderezar definitivamente mi vida, encontrar mi amor y mi destino…

Todo esto lo obtuve, tras dramáticas vicisitudes, gracias a los cuatro barcos que, cada uno con su propia trayectoria, tan diferentes todas, me llevaron a distintos puertos pero a un mismo destino: LA   LIBERTAD.



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El domingo 10 de julio de 2016, publica el diario NOTICIAS EN MX el siguiente titular: “Mexicano que salvó a 40 mil durante la guerra será recordado en Alemania; nombrarán Gilberto Bosques a un colegio”.

La Escuela Popular de Friedrichshain-Kreuzberg en Berlín se llamará ahora “Gilberto Bosques”, en homenaje al cónsul mexicano que salvó la vida a alrededor de 40 mil personas durante la Segunda Guerra Mundial.

A la ceremonia asistieron directivos de la Sociedad Alemana Alexander von Humboldt, quienes han luchado para que Gilberto Bosques tenga un lugar en Berlín que lo honre. Es la primera vez que una institución alemana tendrá el nombre de un latinoamericano.

La Asociación de Descendientes del Exilo Español se felicita por el nombramiento e informa que es uno de los nombres propuestos por parte de nuestra Asociación para ser incluido en el nuevo callejero de Madrid.

Así mismo, se recuerda que en esta misma página el 29 julio 2015 se publicó un magnifico artículo de Elena Poniatowska sobre la magnitud de la acción de Bosques. Fue publicado originariamente en La Jornada y titulado “El heroico Gilberto Bosques” y el 17 de mayo de 2016 anunciamos el homenaje que ASEREF le rendiría en Sète. También recordamos que entre los muchos españoles que salvó estaban María Zambrano, Max Aub y Manuel Altolaguirre.

Deseamos, y trabajaremos por ello, que en España sea reconocido como se merece.

La Junta Directiva

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Mauthausen fue el último campo del Reich liberado.

Los que permanecían en el campo los últimos días, estaban en una situación desesperada, con los barracones superpoblados por la evacuación de otros campos (se estima en 199.400 el número de prisioneros que pasaron por Mauthausen entre 1.938 y mayo de 1.945. De ellos, se cree que unos 119.000 murieron en Mauthausen y sus subcampos), sin alimentos, y con una persistente actividad de las cámaras de gas. La noche del 2 al 3 de mayo, los deportados, atónitos, contemplaron cómo los SS abandonaban el campo siendo sustituidos por la policía de Viena para la vigilancia del campo, y en ese momento el Comité de Resistencia y los pequeños grupos organizados meses atrás en tareas de ayuda y defensa mutua, intentaron controlar la confusa situación y aprovisionarse con armas y alimentos.

Una de las fotos más conocidas es la imagen de la entrada de los americanos en el campo, con una pancarta escrita en español, recibiéndoles. El autor de esta pancarta, fue Francisco Teix, un dibujante y pintor de oficio. El 5 de mayo, un responsable de la organización del campo fue a verle y le propuso hacer un cartel con un saludo a las fuerzas libertadoras, pidiéndole que lo tuviera preparado en 48 horas. Tenía que pintar unas 150 letras en 20 metros de sábanas robadas que habían cosido los sastres y habían instalado a lo largo de las paredes de los lavabos del bloque 11.
Al no quedar nazis y estar vigilados por los policía de Viena, la situación era más relajada, y se puso en marcha un dispositivo de vigilancia situando vigías en los tejados del crematorio y del búnker para que Francisco pudiera trabajar: «si algún policía hubiese tenido la mala ocurrencia de visitar el cuarto de los lavabos, los centinelas nuestros lo habrían eliminado, metiéndole luego en el taller».
Sobre la una de la tarde, estaban inscritos los textos en inglés y ruso, y cuando faltaba la última palabra en español corrió la noticia de la llegada de los tanques.
Teix terminó rápidamente el texto, y «poco después entró el camarada Corona, diciéndome loco de alegría que los americanos estaban a la vista y me exigió que le entregara el cartel […]. Saltándose a la torera todos estos detalles de orden jerárquico, cogió la tela y precipitadamente corrió hacia los miradores de la entrada principal. […] Al llegar al pie de la torre del vigía, el policía de guardia, sin gran convicción, le preguntó adónde iba. Y Corona, empujándole y diciéndole «Raus Mensch» (algo así como «quítate de en medio, espantajo») subió rápido la escalera. A la interpelación del centinela, que en el mismo sentido se me dirigió, le contesté en el mismo tono. […]. Corona, desbordado de alegría, me invitó a ayudarle a desplegar la tela y a fijarla en la baranda que da al interior del campo. En este momento una explosión de júbilo se produjo y cuando los tanques entraron en el campo la alegría general fue una auténtica apoteosis».

Francisco Ortiz, nació en 1.912 en Santisteban del Puerto (Jaén). Tras alistarse con 17 años en el Ejército republicano, llegó a ser capitán de carabineros, y tras huir a Francia fue detenido por los nazis al norte de París para ser conducido al campo de Mauthausen.
En Mauthausen Francisco Ortiz se dedicó a trabajos de carpintería, sin dejar de lado la resistencia clandestina. Llegó a robar una pistola a los SS, y la escondió en un hueco del barracón, junto a una bandera tricolor republicana que confeccionaron entre unos cuantos españoles y que todavía conserva. Con motivo del 60º aniversario de la liberación del campo le regaló su apreciada bandera al presidente del Gobierno español, pero semanas después Zapatero se la devolvió con una carta de reconocimiento a su valor y a su dignidad.

Tuve que salir de España
por la sencilla razón,
defender la libertad
y que haya un mundo mejor.

En ese duro combate
el destino me llevó
al campo de Mauthausen,
hoy cementerio español.

Allí está el Danubio Azul
que un día cambió de color,
con sangre republicana
del guerrileero español.

¡Campo de Mauthausen!
tus muros bañan en sangre
unos matados a palos,
otros murieron de hambre.

Esa es la sangre española,
derramada en el combate.
Y para que el mundo sepa
y le quede en su memoria,
el español no fue vencido
nunca jamás en su historia.

Y aquí dejo por escrito
para cada ciudadano:
Más vale morir de pie
con las armas en la mano.

¡Más vale morir de pie
con las armas en la mano!

Fuentes: El holocausto de los republicanos españoles (David W. Pike), Los campos de concentración nazis (Rosa Torán), Enciclopedia del Holocausto.

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REFUGIADOS

Nuestra compañera y cofundadora de la Asociación de Descendientes del Exilio Español, María Luisa Fernández, participa en una interesante iniciativa de la Asociación Cultural Sábados Negros, desarrollada en la librería Traficantes de Sueños. Se trata de un encuentro sobre los refugiados, centrado en tres momentos históricos:
El primero referido al final de la guerra greco-turca (1922). Esta guerra fue uno de los principales conflictos derivados de la Primera Guerra Mundial. Grecia combatió al lado de la Entente contra el Imperio otomano con la promesa británica de grandes concesiones en la costa de Asia Menor. Grecia vio factibles sus aspiraciones de la reconquista de todos los territorios históricos pertenecientes a los griegos como directos sucesores del Imperio bizantino. Pero el comandante Mustafa Kemal Atatürk, en 1922, logró vencer a las tropas griegas asentadas en Asia Menor.
Katastrofy es como todavía hoy llaman los griegos esta guerra: la destrucción de Esmirna y el éxodo de los griegos de Asia Menor. Un millón y medio de refugiados que, en los años posteriores al tratado de Lausana, afluyeron a una madre patria para nada feliz de acogerlos.

refugiados

Rebeico

Con ellos se trajeron una música y usos forasteros.Se llama rebético a la música de la ausencia, nacida de la rabia de un pueblo, el greco-turco, que en 1922 se vio desarraigado.

El segundo ha tratado el exilio republicano español (Guerra 1936-1939, posguerra y dictadura franquista). Durante la Batalla del Ebro y los meses posteriores, se produjo un movimiento de «retirada» a Francia. El gobierno de Daladier decidió abrir la frontera franco-española el 27 de enero y los refugiados pasaron través de los Pirineos por la Junquera, Portbou, Le Perthus, Cerbère y Bourg-Madame. Los historiadores han estimado en 465.000 exiliados en marzo de 1939.
Las autoridades francesas reagruparon a los refugiados en centros de «control» o de «clasificación» en la frontera, más tarde en campos de concentración, como los campos de Saint-Cyprien, Argelès-sur-Mer, Le Barcarès, Rivesaltes entre otros.
La acogida de los refugiados fue diferente en un lugar u otro: unos son bien recibidos y objeto de acciones de solidaridad, mientras que otros son vistos con desconfianza y hasta hostilidad en una Francia en crisis, con visos de xenofobia.
María Luisa Fernández, da testimonio de esta parte de la historia de España. Nació el 17 de enero de 1939 en Barcelona. Pasa con sus padres a Francia como refugiados el 7 de febrero de 1939. Separan a su padre y le internan en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer. María Luisa y su madre pasan por varios campos de refugiados y terminan en el campo de concentración de Rivesaltes. La familia puede reunirse en 1943.

María Luisa Fernández con su madre. Rivesaltes, Francia, 1942

El tercero gira entorno a la situación de los refugiados en la actualidad. La violencia, la miseria y el hambre han desplazado a millones de personas en el mundo. Las políticas migratorias de la UE han convertido al Mediterráneo en una vergonzosa fosa que se ha llevado 3.770 vidas a lo largo de 2015.
Se lanzan mensajes sobre el fenómeno migratorio que generan miedo, odio, racismo y xenofobia para justificar políticas y vallas como las de Hungría, Ceuta o Melilla.
El año 2015 ha sido uno de los más calamitosos que Europa ha conocido. Frente a centenares de miles de seres humanos que solicitan ayuda, la mayor parte huye de guerras civiles, la Comisión de Bruselas ha impuesto, a menudo, en contra de la voluntad de los Estados, recibir a 120.000, de los cuales 17.800 fueron asignados a España.

Representantes de la Red Solidaria de Acogida explican la situación actual en las fronteras de Europa, en los campos de refugiados y sobre las políticas de acogida por los gobiernos europeos.
NOTA: Síntesis de la información facilitada en www.traficantes.net

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"Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que la de las personas célebres". Walter Benjamin