En recuerdo de las víctimas del holocausto.
La palabra holocausto proviene de la traducción griega del término olokaustos y del latín holocaustum; según la Real Academia Española de la Lengua significa: “Gran matanza de seres humanos, especialmente la que tiene como fin exterminar un grupo social por motivos de raza, religión o política”.
Durante el Tercer Reich uno de sus principales objetivos fue la reestructuración racial de Europa. Entre sus prioridades estaban, además de los judíos, los gitanos, los eslavos, los discapacitados y los homosexuales. Si bien incluyen en la planificación también a los prisioneros de guerra soviéticos, testigos de Jehová, comunistas y los disidentes políticos. Se estiman en 11 o 12 millones las víctimas del Holocausto, de las cuales más de la mitad eran judíos.
Cíclicamente en la historia de la humanidad emerge “el judío” como el origen de todos los males, en especial del internacionalismo, el pacifismo, la democracia y el marxismo, y se le atribuye la responsabilidad del surgimiento del cristianismo, la Ilustración y la masonería. Se estigmatizaba a los judíos como “la degeneración racial”, “el cosmopolitismo desarraigado” “el capital internacional” y “la amenaza de la revolución mundial”. Eran por tanto el “enemigo mundial”.
En el siglo XX, en Alemania se culpabilizó a los judíos de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial. Fue una actitud general entre los soldados, así en diciembre de 1918, un grupo de veteranos de la guerra creó la asociación “Casco de acero”, de carácter nacionalista y antisemita.
Los sentimientos antijudíos se recrudecieron con las crisis económicas y políticas que se desarrollaron entre 1918 y 1923. Existía la creencia entre las clases medias y bajas que los judíos habían obtenido ganancias económicas a costa de la guerra y las reparaciones posteriores, y la convicción de que el capital estaba en manos de judíos. Por otro lado, se asociaba a los judíos con actividades subversivas por el papel desempeñado algunos de ellos como; Rosa Luxemburgo, Gustav Landauer, Kurt Eisner, Eugen Leviné y otros.
Con la llegada de Hitler al poder en enero de 1933, se aprobaron en Alemania más de 1.400 leyes contra los judíos entre 1933 y 1939. En 1933, ya había en Alemania más de cuatrocientas asociaciones antisemitas, y alrededor de setecientas publicaciones periódicas antijudías. En estas publicaciones se advierte no sólo de la amenaza económica y política, sino también del peligro para la pureza de la raza. La permisividad de costumbres, la cultura modernista y la actividad política radical de Berlín de los años veinte, es atribuida directamente a judíos y marxistas.
El régimen nazi con el fin de acabar con la influencia de los judíos consideró que las leyes no eran lo suficiente efectivas y construyó campos de concentración, de trabajo y de exterminio. Entre marzo de 1933, fecha en que se abrió el primero, hasta 1945, con el fin de la guerra, se habían construido más de 1000 campos en Alemania y los países ocupados.
Todos los españoles que acabaron en los campos de concentración nazis se habían exiliado en Francia tras la victoria franquista de 1939. La mayoría de los deportados españoles combatían en el Ejército francés durante la Segunda Guerra Mundial, capturados por los nazis fueron enviados a los campos. Otro porcentaje perteneció a la Resistencia, fueron detenidos por la policía francesa y la Gestapo y conducidos a los campos. Un caso excepcional fue el “convoy de los 927”, formado exclusivamente por civiles que se encontraban refugiados en el campo de Les Alliers, junto a la ciudad francesa de Angulema. Hay constancia documental, de 9.328 exiliados españoles deportados. De ellos murieron 5.185, sobrevivieron 3.809 y figuran como desaparecidos 334.
Hubo españoles en los campos de Mauthausen, Dachau, Buchenwald, Ravensbrück, Bergen Belsen, Auschwitz, Flossenbürg, Natzweiler, Neuengamme, Sttuthof, Sachsenhausen, Gross-Rosen, Aurigny, Guernesey y Neu Bremm.
El número exacto de personas asesinadas durante el régimen nazi no se ha podido determinar.
Mucho tiempo después de estos hechos; el 1 de noviembre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en la Resolución 60/7 asignar el 27 de enero como el Día Internacional de Conmemoración de las víctimas del Holocausto. Se eligió ese día porque fue el 27 de enero 1945 cuando el Ejército Soviético liberó a los presos del campo de concentración de Auschwitz.
Establecer un día internacional tiene como objetivo que los Estados miembros de la ONU elaboren programas educativos para enseñar a las futuras generaciones la realidad histórica de unos hechos repudiables como los acontecidos durante el Holocausto, con el fin de evitar actos de genocidio en el futuro.