Mauthausen fue el último campo del Reich liberado.

Los que permanecían en el campo los últimos días, estaban en una situación desesperada, con los barracones superpoblados por la evacuación de otros campos (se estima en 199.400 el número de prisioneros que pasaron por Mauthausen entre 1.938 y mayo de 1.945. De ellos, se cree que unos 119.000 murieron en Mauthausen y sus subcampos), sin alimentos, y con una persistente actividad de las cámaras de gas. La noche del 2 al 3 de mayo, los deportados, atónitos, contemplaron cómo los SS abandonaban el campo siendo sustituidos por la policía de Viena para la vigilancia del campo, y en ese momento el Comité de Resistencia y los pequeños grupos organizados meses atrás en tareas de ayuda y defensa mutua, intentaron controlar la confusa situación y aprovisionarse con armas y alimentos.

Una de las fotos más conocidas es la imagen de la entrada de los americanos en el campo, con una pancarta escrita en español, recibiéndoles. El autor de esta pancarta, fue Francisco Teix, un dibujante y pintor de oficio. El 5 de mayo, un responsable de la organización del campo fue a verle y le propuso hacer un cartel con un saludo a las fuerzas libertadoras, pidiéndole que lo tuviera preparado en 48 horas. Tenía que pintar unas 150 letras en 20 metros de sábanas robadas que habían cosido los sastres y habían instalado a lo largo de las paredes de los lavabos del bloque 11.
Al no quedar nazis y estar vigilados por los policía de Viena, la situación era más relajada, y se puso en marcha un dispositivo de vigilancia situando vigías en los tejados del crematorio y del búnker para que Francisco pudiera trabajar: “si algún policía hubiese tenido la mala ocurrencia de visitar el cuarto de los lavabos, los centinelas nuestros lo habrían eliminado, metiéndole luego en el taller”.
Sobre la una de la tarde, estaban inscritos los textos en inglés y ruso, y cuando faltaba la última palabra en español corrió la noticia de la llegada de los tanques.
Teix terminó rápidamente el texto, y “poco después entró el camarada Corona, diciéndome loco de alegría que los americanos estaban a la vista y me exigió que le entregara el cartel […]. Saltándose a la torera todos estos detalles de orden jerárquico, cogió la tela y precipitadamente corrió hacia los miradores de la entrada principal. […] Al llegar al pie de la torre del vigía, el policía de guardia, sin gran convicción, le preguntó adónde iba. Y Corona, empujándole y diciéndole “Raus Mensch” (algo así como “quítate de en medio, espantajo”) subió rápido la escalera. A la interpelación del centinela, que en el mismo sentido se me dirigió, le contesté en el mismo tono. […]. Corona, desbordado de alegría, me invitó a ayudarle a desplegar la tela y a fijarla en la baranda que da al interior del campo. En este momento una explosión de júbilo se produjo y cuando los tanques entraron en el campo la alegría general fue una auténtica apoteosis”.

Francisco Ortiz, nació en 1.912 en Santisteban del Puerto (Jaén). Tras alistarse con 17 años en el Ejército republicano, llegó a ser capitán de carabineros, y tras huir a Francia fue detenido por los nazis al norte de París para ser conducido al campo de Mauthausen.
En Mauthausen Francisco Ortiz se dedicó a trabajos de carpintería, sin dejar de lado la resistencia clandestina. Llegó a robar una pistola a los SS, y la escondió en un hueco del barracón, junto a una bandera tricolor republicana que confeccionaron entre unos cuantos españoles y que todavía conserva. Con motivo del 60º aniversario de la liberación del campo le regaló su apreciada bandera al presidente del Gobierno español, pero semanas después Zapatero se la devolvió con una carta de reconocimiento a su valor y a su dignidad.

Tuve que salir de España
por la sencilla razón,
defender la libertad
y que haya un mundo mejor.

En ese duro combate
el destino me llevó
al campo de Mauthausen,
hoy cementerio español.

Allí está el Danubio Azul
que un día cambió de color,
con sangre republicana
del guerrileero español.

¡Campo de Mauthausen!
tus muros bañan en sangre
unos matados a palos,
otros murieron de hambre.

Esa es la sangre española,
derramada en el combate.
Y para que el mundo sepa
y le quede en su memoria,
el español no fue vencido
nunca jamás en su historia.

Y aquí dejo por escrito
para cada ciudadano:
Más vale morir de pie
con las armas en la mano.

¡Más vale morir de pie
con las armas en la mano!

Fuentes: El holocausto de los republicanos españoles (David W. Pike), Los campos de concentración nazis (Rosa Torán), Enciclopedia del Holocausto.