No es hija ni hijastra de Fidel Castro ni ha tenido nada que ver con la retirada de la placa del cementerio de Carabanchel ni del monolito al Alférez Provisional. Es más, dolida por la campaña de difamación personal «emprendida por el PP y jaleada por medios de la derecha», reclama al Ayuntamiento una actuación menos impulsiva para evitar errores como los cometidos que den pie a descalificaciones globales a un proyecto que considera imprescindible para Madrid. Porque Mirta Núñez Díaz-Balart, directora de la Cátedra de la Memoria Histórica del siglo XX y profesora titular en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, está convencida de la necesidad de cambiar el callejero de la capital para que deje de haber plazas que se llamen ¡Arriba España! o calles dedicadas a generales golpistas como Juan Yagüe. «En el callejero de Madrid» explica, «no hay una presencia relevante de la España democrática, de la España vencida en Guerra y de la que fue perseguida durante la dictadura. Y es necesario que, 40 años después, esa otra España que ha estado marginada de la Historia por voluntad del franquismo esté presente en la ciudad».

 ¿Por eso el Ayuntamiento recurrió a ustedes para elaborar su Plan Integral?

Hay una sintonía entre el proyecto que tenía el Ayuntamiento y el trabajo que nosotros desarrollamos desde la Cátedra.Sintonía política, claro.
Todos tenemos una perspectiva política y me alegro de que esta Corporación haya decidido que la memoria histórica sea parte de un programa de acción social y política en beneficio de la ciudadanía.
En el primer listado de calles y plazas franquistas que elaboraron había varios fallos y confusiones.
En realidad se trata de pequeños errores que se han magnificado y que en un plazo muy breve se reconocieron públicamente. Quiero señalar que este programa se desarrolla por parte de la Cátedra con cuatro historiadores que son: Julián Vadillo, Sergio Gálvez, José Muga y Antonio Ortiz Mateos. Yo soy la directora y respaldo ese programa con sus aciertos y con sus errores, que asumo. De cara al 22 de abril, que es cuando está previsto la presentación del bloque definitivo y completo del callejero, estamos llamados a ser muy cuidadosos para no dar pábulo a las descalificaciones globales a nuestro trabajo, que depuraremos al máximo para evitar errores.
En ese listado completo que están perfilando, ¿incluirán placas como las de los carmelitas retiradas del cementerio de Carabanchel o el monolito al Alférez Provisional?
La Cátedra sólo contribuye al Plan Integral anunciado por el Ayuntamiento con la elaboración de un listado con las vías públicas que habría que renombrar (algo menos de 300) y la propuesta de nombres alternativos, que están en sintonía con la recuperación de la memoria democrática y la de quienes lucharon contra la dictadura.
¿Pero qué le parece la iniciativa del Ayuntamiento y su rectificación?
La Cátedra no ha tenido nada que ver con eso. Al igual que nos ha ocurrido a nosotros, el Ayuntamiento tiene que evitar polémicas innecesarias. Hay que estar muy seguros, para no dar pasos en falso, de cualquier actuación sobre lo que se encuentra en un camposanto porque tiene otras connotaciones y características. Y respecto al monolito, yo creo que lo primero es determinar a quién pertenece para que luego no haya problemas con Patrimonio. Todos estamos obligados a filtrar al máximo detalle y ser muy cuidadosos para evitar manipulaciones y descalificaciones globales. Porque hay quien está interesado en denostar nuestra labor por algunos hechos puntuales y anecdóticos.
Por una artimaña burocrática han recibido la subvención (17.999 euros) sin ir al concurso público.
Quiero resaltar que ha sido el Rectorado el que nos ha alentado a buscar fuentes externas de financiación, no sólo para la Cátedra, sino para todas las actividades de la Universidad, algo que es discutible, pero que está en sintonía con las políticas neoliberales del momento. La subvención no se ha recibido aún, porque no hemos firmado ningún contrato todavía, pero la cifra tampoco es elevada. De todas formas, me gustaría que el PP, con los escándalos de financiación que se han descubierto en Madrid o en Valencia, usara la misma vara de medir, tanto en cantidad como en el destino final del dinero público. Yo soy la directora y no cobro, vivo de mi sueldo como profesora universitaria. Cuando tengamos el dinero decidiremos qué destino darle, pero es probable que una parte vaya a los investigadores que están haciendo un trabajo especializado.
¿Le han molestado las descalificaciones personales que ha recibido estos días desde diversos frentes?
Sí, mucho, pero el punto de partida es que el PP rechaza la memoria democrática. Ha desarrollado toda una política de animadversión de rechazo público a la memoria histórica y utiliza cualquier tipo de artimaña para tergiversar o crear cortinas de humo. Me parece muy feo ese recurso a lo personal que es falto de toda ética política y periodística, por parte de algunos medios, porque se me ha descalificado, denostado e insultado. El PP quiere que impere la memoria histórica del franquismo. Porque el franquismo hizo su memoria y diseñó sus espacios públicos. Desde el Arco del Triunfo de Moncloa hasta el Valle de los Caídos, Madrid está lleno de esos espacios y el PP no quiere que haya otra memoria, sino que la franquista viva eternamente y no se modifique.
¿Y por qué cree que ha perdurado tanto esa memoria?
Porque la Transición no se atrevió a implantar la suya propia y ha hecho que perviva la del régimen anterior. El PP ha tenido hasta ahora el monopolio de la memoria y no admite que se puedan incorporar nuevas denominaciones y eliminar aquellas de quienes favorecieron la dictadura o fueron claves en la alianza con dictadores como Hitler o Mussolini. El alcalde Enrique Tierno Galván intentó algún cambio, pero no pudo hacer más entonces, salvo reponer algunos nombres que el franquismo eliminó con piqueta. Quiero recordar que es un error intentar equiparar los dos territorios durante la Guerra en el ámbito de la legitimidad, que está en el terreno del ética. La Segunda República fue el primer gobierno legal, legítimo y democrático del siglo XX, y no se puede equiparar al golpe de Estado y la dictadura de unos militares insurrectos. Y sin embargo, es la memoria de estos la que ha permanecido.