predicadoresCazarabet conversa con Rosa María Aragüés Estragués: Autora de una tesis doctoral que versa sobre la represión franquista sobre las mujeres, las presas políticas, en la cárcel de Predicadores –

Rosa María, amiga, ¿qué fue lo que te hizo centrar tu tesis sobre la represión política sobre las mujeres en Predicadores?

Podría decirse que fue casi una casualidad. Cuando acabé la carrera hice un posgrado en archivos. Las prácticas fueron en el Archivo Municipal y por casualidad cayeron en mis manos los padrones de la cárcel de Predicadores.
Me sorprendió mucho. A pesar de saber que en dicha calle había un edificio en el que decían había habido una cárcel de mujeres, mi ignorancia sobre las cárceles franquistas era total. Como les pasó y creo que aún les pasa a algunos españoles, las gentes de mi generación no tenían demasiada idea de los crímenes y el alcance de la represión que habían sufrido nuestros padres y abuelos. Y eso que en mi casa se hablaba de la Guerra. Mi padre como buen republicano y mi madre como nacionalista catalana, siempre nos contaron lo que había pasado y lo que habían sufrido. Pero aun así creo que había mucho proteccionismo por parte de nuestros mayores y preferían callar todo el horror que se había vivido.
Empecé a investigar sobre aquellos padrones, sobre todo me sorprendió mucho la cantidad de niños que aparecían. Y empecé a preguntar… y a leer. Al año siguiente decidí seguir con mi doctorado. Y entre en un proyecto sobre Franquismo. Debido a mi trabajo y a mis cargas familiares debía escoger un tema que me permitiera investigar desde Zaragoza. Elegí la represión de género y en consecuencia me asignaron como tutora a Ángeles Egido, catedrática de Historia Contemporánea de la UNED e investigadora en el campo de la represión de género y de las cárceles de mujeres durante el franquismo. Cuando le conté mi descubrimiento me animó a seguir con el tema, pues a pesar de que la cárcel de Predicadores era nombrada por muchas mujeres que habían estado en las cárceles franquistas como una de las más duras, no había ningún trabajo específico sobre dicha cárcel.
En ocasiones fue muy duro, tanto dolor, tanta miseria y sobre todo tanta crueldad se hacía insoportable. Por dos veces pensé que no iba a poder seguir, pero siempre volvía a la investigación. Mi deseo de saber y sobre todo de darles nombre a esas mujeres y a esos niños, que se conociera su historia y todo el sufrimiento que sin motivo alguno habían pasado, era superior a mi angustia.

-Porque la represión sobre las mujeres ¿sobre qué pilares se fundamentó?

Las mujeres han sido siempre una figura de gran importancia en las guerras. No tanto por el papel que llevaban a cabo como combatientes, sino más bien por lo que representaban.
La mujer es la madre, la esposa, la hija, la novia y se convierte inmediatamente en pieza fundamental para el control y represión del enemigo. En la Guerra Civil española, las mujeres que sufrieron persecución, represión y en muchos casos muerte, en su mayoría no eran combatientes ni tenían cargos políticos, eran simplemente, madres, esposas, novias o hijas de republicanos que o bien se habían pasado al bando de la República o habían huido de sus casas antes de ser detenidos. Por este motivo las que más sufrieron fueron las mujeres normales, las amas de casa, las campesinas, que cuando llegaban a detener a sus hombres y no los encontraban se las llevaban a ellas, para obligar a estos a entregarse. Todas las muertes, humillaciones y vejaciones que sufrieron estaban dedicadas a los hombres a que estos sintieran como eran escarnecidos en lo más sagrado para ellos: sus mujeres. Además, según la tradición patriarcal, es la mujer la que educa a los hijos. No se podía permitir que los niños se educaran en la tradición republicana, había que impedirlo y la única manera, era por la eliminación de las más reacias y por la implantación del miedo sobre el resto. Y en caso necesario quitándoles a sus hijos y educándoles como miembros sumisos del nuevo estado. Y en este aspecto creo que lo supieron hacer muy bien y con gran éxito. Sirva como muestra el presente.

Ventas, Predicadores, fueron cárceles donde se apiñaron mujeres “enemigas” de la dictadura franquista ¿fue muy diferente sufrir cárcel y represión en una respecto a otra?; ¿qué otras cárceles franquistas eran expresamente para practicar la represión política en España?

Las cárceles de mujeres eran muy similares, cada una con su propia identidad, pero muy similares. Hay que tener en cuenta que en aquella época sólo había tres cárceles específicamente de mujeres. Ventas, inaugurada por Victoria Kent pocos años antes; Les Corts, en Barcelona y Alcalá de Henares, la más antigua, que se había creado como cárcel central de mujeres en 1883. El resto de las cárceles eran específicamente para hombres, aunque la mayor parte de ellas tenían un recinto muy reducido para mujeres. Con el golpe de estado y la posterior guerra civil, todas las cárceles se llenaron, y los departamentos para mujeres quedaron saturados. Fue necesario acondicionar todo lo acondicionable para poder acoger a tanta población reclusa. Pero finalizada la guerra el problema se acrecentó, pues el número de reclusas creció sobre manera. Sólo indicar que según Ricard Vinyes, en 1940 había 50.400 mujeres en las cárceles franquistas. Hubo que habilitar antiguas cárceles ya en desuso, como Predicadores, y sobre todo conventos. Las órdenes religiosas femeninas ofrecieron sus conventos y ellas mismas ejercieron de carceleras. Como es de imaginar esos edificios no cumplían las más mínimas normas de habitabilidad y las reclusas estaban en pésimas condiciones. Sobresaturación de personal, nulas condiciones higiénicas, mala alimentación…todas tenían las mismas carencias. Piénsese que una cárcel como Predicadores con capacidad para 140 reclusas, llegó a tener más de 600. Y eso sucedía en todas las cárceles.
Ventas, Les Corts, Predicadores, Saturrarán (un antiguo balneario en Guipúzcoa), Amorebieta, Palma de Mallorca, Ntra. Sra. Del Puig, Santa Clara, Barbastro, las Oblatas de Tarragona, Gerona, Málaga, Bande (Galicia), la Prisión Central de Segovia y un largo etc. Todas ellas fueron igual de terribles y todas ellas estaban controladas por religiosas de diferentes órdenes. En Zaragoza las Hermanas de La Caridad de Santa Ana.

¿Qué perfil tenían las mujeres reprimidas en las cárceles y centros penitenciarios o de represión situadas por el territorio del estado español?

El perfil fue muy variado, pues se mezclaron mujeres de todas las clases sociales, edades y condición. Amas de casa, sirvientas, comerciantes, modistas, maestras. Solteras, casadas, viudas. Niñas, jóvenes, mayores, ancianas. Especialmente en la primera época, durante la guerra.
De hecho, los historiadores hablamos de anteriores y posteriores, es decir, de las que fueron encarceladas durante la guerra y las que lo fueron después. Las primeras, las anteriores, eran en su mayor parte, mujeres sencillas, como ya he dicho había muy pocas combatientes. No tenían límites de edad, eran madres, esposas, novias o hijas que, según sus propias palabras, no se fueron de sus casas porque no podían imaginarse que a las mujeres les hicieran nada. Pero no fue así y muchas de ellas pagaron con su vida su inocencia o con largos años de cárcel. Las más jóvenes casi siempre eran detenidas al mismo tiempo que sus padres y acusadas de ser milicianas. Pero lo cierto es que hubo muy pocas y aunque la propaganda franquista tildaba a todas las chicas jóvenes que detenían de milicianas, sólo era propaganda para vejar a las rojas. Tacharlas de indecentes, de llevar ropa de hombre, de portar armas, de vivir con sus compañeros sin estar casadas. Todo ello era para dar una imagen de maldad de las mujeres republicanas, de diferenciarlas de las mujeres de orden, ejemplo de bondad, castidad y pureza.
Después de la guerra el papel de la mujer fue diferente. Las primeras habían desaparecido o ya estaban controladas. Pero surgió otro tipo de reclusas, eran mujeres más bien jóvenes, políticamente comprometidas, que durante toda la dictadura lucharían contra el fascismo y en muchas ocasiones pasarían largos años en la cárcel. Algunas de ellas hasta bien entrados los años sesenta. A este grupo se unió y en ocasiones se mezcló otro tipo de mujer, las mujeres de la guerrilla. Éstas solían ser familia de los guerrilleros y les servían de enlace, para conseguir suministro y avisarles cuando había algún problema. Muchas de ellas murieron, otras fueron salvajemente torturadas y todas quedaron en el anonimato.
Pero junto a estos dos grupos hubo otro que compartió presidio con los dos anteriores, las comunes. Durante la guerra prácticamente habían desaparecido, no se las nombra, aunque también están ahí, de hecho, cuando las mujeres son trasladadas a Predicadores el 11% son comunes. Pero en la posguerra el número de comunes se incrementará en gran medida. La guerra había traído la miseria al país. Malas cosechas, falta de brazos para trabajar la tierra, fábricas destruidas, un número importante de la población había muerto, estaba en prisión o se había exiliado, y una mala política internacional que, todavía más, propició la situación de desabastecimiento del país. Todos estos factores fueron la causa de que la población sufriera hambre y todo tipo de necesidades y enfermedades. Muchas mujeres debieron dedicarse al estraperlo para sacar a sus familias adelante y otras muchas terminaron ejerciendo la prostitución como único medio de subsistencia. Lo que las llevaba a la cárcel periódicamente.
De todas maneras, hay que aclarar que la política represiva sobre las mujeres estableció que no se las catalogara como políticas, todas eran oficialmente comunes. Se las quiso clasificar a todas de delincuentes, otra manera más de denigrarlas y de demostrar que las mujeres rojas eran todas unas perdidas; para Dios y para la sociedad. Hasta el derecho a considerarse políticas se les intentó quitar. La convivencia entra políticas y comunes fue muy difícil, intentando las primeras vivir lo más separadas posibles y marcar claramente las diferencias con las comunes. Además, estas últimas eran en muchas ocasiones utilizadas por las religiosas y la dirección del centro para controlar a las políticas.

¿Qué fina línea roja había entre la represión, y mucha, vivida en un pueblo donde las mujeres fueron rapadas, obligadas a beber aceite de ricino, ser paseadas con carteles en los que se escribían desde insultos hasta su filiación política, donde les señalaban y eran continuo objeto de burla por estar sus maridos, novios, hermanos o padres recluidos, condenados o muertos por la represión o el pasar, ya a engrosar la reclusión en cárceles como la de Predicadores?

Bueno lo que sucedió en los pueblos fue terrible. Hay que contar con que son sociedades muy cerradas, donde todo el mundo se conoce, e inevitablemente, las rencillas tienen un buen caldo de cultivo en un conflicto de este tipo. Viejos odios, amores no correspondidos, venganzas por la muerte de algún familiar o, en más ocasiones de las que parece, el deseo de congraciarse con las nuevas autoridades llevó a más de uno, o una, a actuar de manera miserable. Publiqué en Hispania Nova el relato de una niña, Primitiva Francés, de cómo huyó de su pueblo, Tosos, con sus padres el 19 de julio, todo el periplo que pasaron durante los tres años de la guerra y su retorno al pueblo. Volvió con la madre y sus tres hermanos pequeños, una de pecho. Ella tenía once años y explica cómo les pegaban y daban pisotones para que cantaran el Cara al Sol, los mismos que habían sido sus vecinos. Sin ningún tipo de piedad. Al final tuvieron que abandonar el pueblo.

Pero a pesar de todas esas barbaridades, entrar en la cárcel no era mejor. Las condiciones eran terribles, pues a la masificación se unía el hambre y las enfermedades. Todas eran conscientes de que sin ayuda del exterior era muy difícil sobrevivir en cualquier cárcel. Y la situación también era terrible, había mucha hambre y llevarles algo de comida significaba quitárselo de comer a los que estaban en casa. Además, la mayor parte de las mujeres que entraban en prisión, sobre todo durante la guerra, o tenían al marido en la cárcel o había muerto y ellas se encontraban con el problema de los hijos. Si eran niños pequeños, menores de cuatro años los llevaban con ellas, si eran más mayores quedaban abandonados a su suerte y, sobre todo, en los pueblos eso era terribles pues nadie se atrevía a ayudarles por miedo a las represiones. Además, ellas sabían que cuando los pequeños cumplían cuatro años se los quitaban, ingresaban en orfelinatos y en muchos casos eran entregados en adopción sin consentimiento paterno.

Eran conscientes que, de un modo u otro, a menos que algún familiar se hiciese cargo de los niños, podían perderlos para siempre. En todo caso lo que si que es cierto es que eran reeducados para ser ciudadanos fieles a los nuevos postulados del Estado, instándoles a renegar de sus familias, de sus padres.

Imagínate el sufrimiento, el miedo de aquellas mujeres, sin poder proteger a sus hijos. Viéndolos muchas veces morir en la cárcel, impotentes, sin poder hacer nada, pues el régimen al que eran sometidas aquellas criaturas era el mismo que el de sus madres. No había concesiones y muchos no podían soportarlo y morían; de hambre, de sed, de enfermedad.

Y después cuando salían la adaptación a la nueva vida era muy difícil. Muchas de ellas habían entrado siendo niñas y salían como mujeres adultas. Volvían a una sociedad desconocida para ellas y en la que no encontraban nada más que rechazo. Etiquetadas de rojas nadie les daba trabajo. Incluso se dio el caso de ser repudiadas por sus propias familias, sus maridos, sus hijos. Eso fue lo más duro.

Predicadores no fue de las cárceles que más mujeres tuvo. Cuando en abril de 1939 trasladaron a las presas de Torrero a Predicadores, eran 512 mujeres y 53 niños. Ese sería el año en el que más mujeres ingresaron en Predicadores, 656. En los años sucesivos el número fue descendiendo, 365 en 1940, en 1941, 237 y así paulatinamente hasta llegar a las 81 mujeres que quedaban en el momento de su cierre.
Lo que tiene de especial Predicadores, es que a pesar de que el número de internas fue más bajo que el de otras cárceles, Ventas o Les Corts, la cantidad de mujeres que pasaron por ella si fue importante. Según mis investigaciones desde el 6 de abril de 1939 al 1 de julio de 1955, ingresaron en Predicadores alrededor de 5.637 mujeres. Te preguntarás cómo es posible, ya que siguiendo la relación anteriormente expuesta las cifras no coinciden.
El misterio no es otro que Predicadores era una cárcel de paso. Estaba situada a medio camino entre Madrid y las cárceles del norte y del este; de Cataluña y Baleares. Esto conllevó un enorme trasiego de presas, lo que vino en llamarse irónicamente, “Turismo carcelario”; es decir, una vez llevados a cabo los consejos de guerra se ubicaba a las reclusas en su destino definitivo, según la sentencia. Por ello las mujeres que eran trasladadas utilizando esta ruta solían pernoctar una o varias noches en Predicadores, y, como es natural eran registradas en los libros de entradas y salidas.
Por lo que respecta a las edades, también está condicionado por la guerra. En un principio las había de todas clases. Desde niñas de dieciséis años, hasta ancianas de ochenta. No se tenía ningún miramiento en ese sentido. Pero poco a poco fue cambiando el espectro de la edad. A partir de 1939, las menores eran entregadas a la Tutelar de Menores e ingresadas en conventos preparados para recibir a jóvenes descarriadas, en especial las Oblatas y cuando cumplían la mayoría de edad eran devueltas a Predicadores. El grupo más numeroso era el comprendido entre los veinte años y los cuarenta, aunque la diferencia con el resto no es demasiado grande y se encuentra un número considerable de mayores de setenta, siendo la más anciana de ochenta y dos años. Como ya he dicho eran las madres, hijas y esposas. De ahí las edades y que el número de casadas fuera muy elevado.
En la posguerra las cosas fueron cambiando paulatinamente. Primero desaparecieron las menores y en 1945 ya no había ninguna mayor de setenta años.

¿Qué penas temporales de prisión, más o menos cumplían?; también las hubo que fueron condenadas a la pena de muerte, ¿cómo fue en Predicadores?

Las condenas solían ser desproporcionadas y ridículamente severas. Realmente al ver los procesos a la conclusión que llegas es que lo único que se pretendía era aniquilar a todo el que no pensara como ellos, bien con la muerte o con penas que los destrozaran física y moralmente para siempre. Lo primero que hay que recordar es que se les acusaba de delitos que en el momento de ser realizados eran completamente legales. Dar vivas a la República, haber votado a cualquier partido republicano, cantar canciones antifascistas, haberse casado por lo civil o haberse divorciado, no ir a la iglesia. O de cosas tan absurdas como vestir mono, o escaparse del pueblo por miedo al entrar las tropas franquistas.

Por eso las penas eran muy arbitrarias, se dan casos de mujeres detenidas intentando pasar a zona republicana y que fueron fusiladas; de una chica de 17 años acusada de acompañar al hermano que se pasaba, ella no, pero condenarla a ocho años; de otra menor detenida con los padres y que a pesar de los buenos informes se consideró que debía pensar como éstos y fue condenada a seis años; pena de muerte por delatar a personas de derechas que se demostraba que estaban vivas, pero daba igual, treinta años por insultar a los aviones que les iban a bombardear, etc. etc. etc. Todo absurdo, inhumano, pura venganza.

En Predicadores no constan datos de mujeres fusiladas. Esto se podría justificar por el hecho de que si hubo sacas las presas serían sacadas de esta cárcel y llevadas a Torrero donde entrarían en capilla para ser fusiladas en las tapias del cementerio. Las mismas presas dicen que si las hubo, no se enteraron; pues daban la orden de traslado y se las llevaban y ya no las volvían a ver. Las únicas mujeres que tenemos constancia que fueron fusiladas estando en Predicadores, son dos; Rosario Calvé y Eulalia Muñoz Sánchez, ambas habían sido trasladadas a Valencia con anterioridad, pero después fueron devueltas a Predicadores y fusiladas en 1943, parece ser que procedían del pueblo de Libros (Teruel) y eran las viudas del alcalde y el secretario del ayuntamiento de dicho pueblo. Según Julián Casanova en esa fecha fueron fusiladas tres mujeres más; Narcisa Zubeldía, María de Diego y Antonia Visús, pero estas no constan en los registros de Predicadores. Condenas a muerte hubo muchas, ejecuciones menos. Afortunadamente muchas condenas fueron conmutadas a treinta años a raíz de los indultos que por motivos especiales empezó a otorgar el régimen franquista a partir de 1945.

 ¿Qué pasaba en Predicadores? ¿Cómo era un día a día?

Como ya te he dicho, Predicadores era un antiguo palacio, un enorme y tétrico caserón, que no recogía las mínimas condiciones de habitabilidad e higiene para que aquellas mujeres pudieran llevar una vida digna. A esto había que unirle la falta de espacio, pues la cárcel compartía edificio con los juzgados y esta sólo ocupaba el ala que daba al río. Como estaba situada a las orillas del Ebro, sus paredes rezumaban humedad y las nieblas la mayor parte de los días de invierno duraban hasta bien entrada la mañana. Pasaban mucho frío en invierno, no había ningún medio de calefacción, y un calor asfixiante en verano, ya que como sabes en Zaragoza los veranos suelen ser muy calurosos.

El espacio destinado a las reclusas estaba formado por dos salas comunes y dieciséis celdas de castigo, además de un patio. Su vida discurría entre esas dos enormes salas donde dormían todas juntas y ese oscuro, y profundo, patio en el que pasaban la mayor parte del día. Por la distribución del edificio, parece ser que no disponían de comedor, tenían que comer en el patio. Como el centro estaba concebido para un número de reclusas no mayor a 140, en los momentos de mayor ocupación como por ejemplo diciembre de 1939, estas tenían que dormir en cualquier parte. Las escaleras, los pasillos, etc.

La falta de espacio hacía que no tuviera camas. Durmiendo todas en el suelo sobre petates o colchones que les traían las familias y aunque como no llegaban para todas tenían que compartirlos. Dormían amontonadas y, de hecho, según su propia explicación cuando tenían que darse la vuelta debían hacerlo todas al mismo tiempo. El hacinamiento era total. Por la mañana debían amontonar sus pertenencias en el centro de las salas, bien tapado, sin preocuparse del contagio de infecciones que pudiese conllevar semejante hacinamiento.

Formaban a las siete de la mañana. Bajaban al patio y allí permanecían todo el día; lloviera o nevara, hiciese frio o calor; no volvían a subir hasta la noche, aunque estuvieran enfermas. No les permitían bajar ninguna manta u otra prenda de abrigo. Para lavarse tanto ellas como la ropa y los platos, disponían de una espacie de abrevadero. Sólo había cuatro letrinas y no tenían puertas. Dado el número de mujeres, las colas que se formaban para cualquier cosa eran interminables. Las deficiencias higiénicas propiciaban la propagación de piojos y otros parásitos, lo que conllevaba el constante rapado de cabello y la necesidad de espulgarse todos los días entre ellas, y revisar los pliegues de la ropa antes de acostarse.

Para el desayuno no tomaban nada caliente, sólo les daban una barrita de las de racionamiento para cuatro. En ese trocito de pan hacían con una cucharilla un agujero y le ponían mermelada, con cuidado de que no se les cayese. El rancho era muy escaso, consistía en un caldo grasiento que en algunas ocasiones llevaba arroz, patatas, nabos, lentejas y habas. Ellas mismas se preparaban un primer plato lo hacían con las vainas de las habas y si había suerte con algún trozo de patata. Con los granos de las habas se hacían el segundo, aliñado con un poco de aceite que las más privilegiadas recibían de sus casas. La carne y el pescado eran inexistentes. Para cenar les daban sopa y poco más. En 1952, se cerraron las cocinas de Predicadores y el rancho lo llevaban en bicicleta desde Torrero; ya no volvieron a comer nada caliente.

Al ingresar no se les daba uniforme ni ropa de cama, por lo que muchas sólo poseían lo que llevaban al entrar en prisión y debían ser socorridas por sus compañeras que recibían ayuda de sus casas. La disciplina era muy férrea y las normas se seguían regularmente, en especial las formaciones diarias, cantos de himnos y los actos religiosos. A diferencia de otras cárceles no había ninguna actividad, ni formativa ni laboral y debieron ser las mismas reclusas quienes se ocuparan de organizar actividades que les permitirán seguir sobreviviendo sin caer en la desesperación. Talleres de lectura, de escritura, etc.

¿Hasta cuándo funcionó Predicadores como una cárcel de represión franquista para mujeres?

Predicadores se cerró en 1955. Fue una de las últimas cárceles habilitadas en cerrarse. Con el final de la guerra mundial el régimen quiso dar una imagen más amable de cara al exterior. Franco tenía que conseguir que las potencias aliadas, que habían ganado la guerra, olvidaran su origen fascista y el consiguiente apoyo a las potencias del Eje. Uno de los pasos a dar era demostrar que la España reinaba la paz y que la población republicana se había integrado en la nueva sociedad, en consecuencia, ya no quedaban presos relacionados con la guerra en las cárceles. Las cárceles de mujeres se empezaron a desmantelar, las comunes permanecieron en los departamentos de mujeres que había en las cárceles de hombres y las políticas se trasladaron a las llamadas cárceles centrales; Ventas, Les Corts y Segovia.

Predicadores, seguramente por su condición de cárcel de paso, fue de las últimas en cerrarse. Fue el 4 de julio de 1955. Según informe de la dirección, políticas ya no había, por lo que las comunes fueron devueltas a la Prisión de Torrero

Y qué fue después de ella?

Predicadores cerró sus puertas como cárcel, quedando en el edificio los juzgados de la ciudad hasta su traslado a la Plaza del Pilar en los años sesenta. Años después se trasladó al edificio el Instituto Luis Buñuel de segunda enseñanza y en la actualidad el colegio público Santo Domingo. Lamentablemente del antiguo palacio de los duques de Villahermosa, una de las más ilustres casas de la nobleza aragonesa, en la actualidad sólo se conserva la fachada principal. Es una verdadera lástima que un edificio del más puro estilo arquitectónico renacentista aragonés, que había sido sede de la Inquisición, en el que pasó sus últimas horas el Justicia de Argón, D. Juan de Lanuza, desapareciese sin pena ni gloria. Parece ser que ese es el destino de todas las cárceles franquistas. Pero como ya comenté el día del homenaje a las presas de Predicadores, “No las olvidemos y no las olvidarán”.