Hace unos días falleció Amadeo Gracia Bamala, protagonista de una de las fotos más icónicas de la Retirada. Fue publicada por primera vez el 18 de febrero de 1939 en la revista francesa L’ Illustration, dos días después la revista norteamericana Life la reprodujo y dio la vuelta al mundo.

Foto: Roger-Viollet. 

Un grupo de exiliados atraviesan Prats-de Mollo camino de Francia. El gran poder visual de esta fotografía es protagonizado por dos niños; En un primer plano Alicia Gracia, de siete años, camina de la mano de su padre, le falta una pierna, perdida en un bombardeo fascista.

Detrás Amadeo, de cuatro años, de la mano de un ciudadano francés. Éste al tener conocimiento de que algunos heridos y mutilados tenían dificultades para completar el camino, salió a ayudarlos en este doloroso trance. Era Thomas Coll, al que también le falta una pierna, perdida en la I Guerra Mundial. A Amadeo le falta media pierna producto de la metralla de la misma bomba que mató a su madre e hirió a su hermana. Cierra la imagen Antonio, de doce años, el mayor de los tres hermanos.

La fotografía refleja como pocas el sufrimiento de la población en ese fatídico mes de febrero en el que tantos españoles de todas las edades perdieron la vida intentando salvarla. Una foto de familia que se convirtió en un símbolo del exilio, es de las imágenes más populares y conocidas de la diáspora republicana.

Los padres de Amadeo, Mariano y Pilar vivían en Monzón (Huesca), donde se casaron y nacieron sus tres hijos; él obrero de Azucarera Española y ella costurera. Mariano participó en la colectivización de esa empresa.

El 20 de noviembre de 1937 la aviación italiana bombardeó el pueblo de Monzón. La madre junto con los dos hijos pequeños huyen hacia las afueras del pueblo para ponerse a salvo, pero una bomba les alcanza de pleno. Así lo narraba Amadeo; “Tras el paso de los aviones, curiosamente, la línea del tren ha quedado intacta, pero un par de bombas han dado en el grupo, una de ellas de pleno. Un chico murió y su madre quedó gravemente herida, al igual que mi madre que rápidamente se arrojó sobre mí para cubrirme. La bomba le destrozó el costado y el vientre. A mi hermana, le destrozó asimismo, una pierna, que se la tuvieron que amputar a la altura del muslo (tenía 6 años), y a mí que todavía no tenía 3 años, también me tuvieron que cortar la pierna por debajo de la rodilla”.

 

Al cruzar la frontera Mariano fue internado en un campo de concentración, mientras que los tres hermanos fueron enviados con otros niños al castillo refugio de Caussade, en Bergerac, Departamento de la Dordogne. El padre falleció un año y medio después de pasar a Francia.

Antonio, Alicia y Amadeo fueron devueltos a Monzón a la muerte de su padre. Antonio se puso a trabajar y Alicia y Amadeo fueron internados en orfelinato del Auxilio Social; “Ingresé a los seis años y medio en la sección de niños pequeños, al cuidado de las monjas, y a los siete años, pasé con los mayores de 7 a 21 años, que eran cuando iban al servicio militar. El contraste no pudo ser más brutal, 110 o 120 chicos, yo el más pequeño, y los mal llamados ‘educadores’…” allí permanecieron doce años, sufriendo todo tipo de humillaciones y palizas por ser hijos de los vencidos. Amadeo recordaba esta etapa como la peor de su vida; peor que la guerra, peor que la Retirada y peor que el exilio.

Pasaron cinco décadas hasta identificar a los fotografiados. Fue Antonio, el mayor, el que al ser publicada en 1988 en un periódico catalán, llamó a la Redacción y les comunicó: “Nosotros somos esos». El empujón definitivo para dar a conocer su historia fueron unas declaraciones de un diputado del Partido Popular, que calificaba la Memoria Histórica como “un revival de naftalina”. Amadeo que nunca quiso hablar de esa etapa de su vida entendió que solo habría justicia si se conocía la verdad. «Siempre que se habla de la guerra aparecen las personalidades, los famosos…, pero ¿y la gente común? Los que más la sufrimos, ¿dónde estamos?”.

“Nunca me gustó, ni quise hablar sobre este asunto, me sentía como si yo fuese el culpable de lo ocurrido a mi familia, o algo por el estilo, no sé por qué, pero así lo entendía; quizás fuese por ser el más pequeño de todos… No quería recordarlo…”

Años después, en 2002, Amadeo dirigió una carta al director del diario El País, en un fragmento de la misma decía: «No. Yo no puedo, aunque quiera, perdonar, ni olvidar, ni… Perdonar, ¿por qué? ¿Acaso han pedido alguna vez perdón ellos? No odio, aunque sí odié; no quiero revanchas, aunque en otro tiempo las deseé…hacia ellos siento simplemente un profundo y absoluto desprecio… No creo que nunca, a pesar de los esfuerzos realizados por tantas y tantas personas de bien, se llegue a hacer la más mínima justicia sobre tanto dolor, escarnio y humillación realizados sobre millones de españoles”.

Un año después Amadeo volvió por primera vez al escenario de aquella fotografía, posteriormente volvería en el año 2009 para la conmemoración de los 70 años de la Retirada. “Me acuerdo de que pasamos mucho frío y hambre”. No entendía y no perdonaba que aviones de un país extranjero hubiesen atacado a civiles indefensos. Y una de las cosas que más le dolía es que nunca supo cómo murió, ni dónde está enterrado, su padre. “No se me quita de la cabeza”.

La escena de la foto se ha reproducido en forma de escultura de bronce en el año 2000, ha sido realizada por Lola Reyes y Joan García. Está ubicada en La Vajol, y ha sido sufragada por asociaciones memorialistas de víctimas del franquismo e instituciones catalanas.

La Asociación de Descendientes del Exilio Español siente profundamente la muerte de Amadeo; persona muy humilde que a su vez nos dio muchas lecciones de humildad y humanidad. Nos quedaremos siempre con su ejemplo y, a pesar de su escepticismo, continuaremos en pos de esa justicia hacia las víctimas del franquismo.

La Junta Directiva, noviembre de 2019