CENTENARIO DE MARCOS ANA: LA EXCEPCIONALIDAD DE UN HOMBRE NORMAL

Marcos Ana en su domicilio con la medalla de la Asociación que le acredita como Socio de Honor. Madrid, 3 de marzo de 2016

El 20 de enero de 1920 nacía en Alconada (Salamanca ), Fernando Macarro Castillo, conocido por su seudónimo de la clandestinidad Marcos Ana. Preso con 19 años, pasó 23 años en las cárceles franquistas, por ser leal a la II República, donde se formó como poeta desarrollando una creación literaria que, sacándola clandestinamente de la cárcel de Burgos, fue dada a conocer gracias, entre otros, a Pablo Neruda y Rafael Alberti.

Desde su compromiso comunista que nunca abandonó, dedicó su vida a todas las causas justas y solidarias, durante la dictadura en la lucha por la amnistía y defensa de los presos políticos, en la democracia organizando la primera visita de niños saharauis a España o suscribiendo como uno de los fundadores, la creación de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado.
Quería cumplir los cien años y de haberlo hecho Marcos Ana habría llegado a ellos con la integridad y el compromiso que marcaron toda su vida.

Los cumple para nosotros. Para la gente que se encontró un día delante de un hombre sencillo y bueno y reconoció en él su propia historia y la de los suyos.
Los cumple frente al olvido, frente a la página no leída por decreto. Aquella que nos dijo tantas veces que para pasarla antes era imprescindible leer.

Por eso, tras salir en libertad, durante más de cincuenta años Marcos no persiguió otra cosa que salvaguardar con su testimonio el de miles de mujeres y de hombres de una generación que se iba yendo en silencio, olvidados también años después, por la democracia que se logró gracias a su lucha imprescindible y justa.
Marcos Ana fue uno de tantos y cumplió hasta el final el único encargo que le hicieron sus camaradas cuando salió del penal de Burgos, después de veintitrés años prisionero del franquismo.

Jamás les olvidó. No aceptó nunca un reconocimiento sin dedicarlo y compartirlo con los compañeros anónimos de los que él conocía sus nombres y sus historias. Su excepcional humildad le hizo aún más grande y querido por todos ellos.

Escribió Saramago al prologarle el libro de memorias que éstas eran una lección de humanidad donde el yo de Marcos Ana, era siempre un nosotros.
Hoy nos habría repetido que su esperanza y única venganza, muy alejada de cualquier rencor para el que jamás hubo espacio en su corazón, seguía siendo que se alcanzasen un día los ideales que defendieron.

Su inquebrantable fe en que otro modelo de sociedad, más solidaria y justa, era posible la depositó especialmente en los jóvenes y Marcos Ana se sentiría feliz de asistir al comienzo de esta etapa donde se vislumbra un caminar distinto y otra forma de hacer política. Los jóvenes para los que su casa abierta era una realidad y no sólo un hermoso verso . A los que escuchaba y comprendía, a los que acompañó en el 15 M convencido de que era ya imparable la transformación de este nuevo tiempo y que habrían de venir de la mano de quienes tenía toda la vida por delante.

No les olvidemos nosotros y les habremos devuelto al menos a su lugar en la historia. La de los defensores de la libertad y los valores democráticos aunque este país no pueda ya saldar  con ellos nunca, la deuda de reconocerles su sacrificio. Llegamos tarde porque uno a uno nos ha ido dejando.

En este centenario que vamos a conmemorar tendremos muy presente que nuestra tarea está aún por cumplir. Como en aquellos versos donde plasmó su testamento, Marcos nos ha dejado su ejemplo y sus versos donde plasmó su testamento, Marcos nos ha dejado su ejemplo y sus enseñanzas pero también un encargo y una responsabilidad.

“recoged nuestras banderas
nuestro dolor, nuestro sueño,
los nombres que en las paredes
con dulce amor grabaremos.
Y si nos cerráis los ojos
¡dejadnos los muros dentro!
que se pudran con el polvo
de nuestra carne y no puedan
ser nuevas tumbas de presos.»

Marcos Ana fue y es, como continuaba el poema, ““esa bandera sin llanto, el amor y algunos versos ”. Con él, con su ejemplo y el de tantos hombres y mujeres de los que sin saber nosotros sus nombres guardaron memoria sus familias, se hace cierto aquel «porque fueron, somos»  pero se hace aún más necesario que ahora hagamos posible el «porque somos, serán».

Hagámoslo, se lo debemos a todos ellos. Y tampoco olviden como nos dijo Isaac Rosa, contarles a sus hijos quién fue Marcos Ana. Hoy habría cumplido cien años, con noventa y seis aun contagiaba las ganas de vivir y su esperanza  con la que dedicaba tantas veces sus libros, que aquello que les había tocado vivir, no fuera posible nunca más para nadie.

Tal vez un día alcancemos la Verdad, la Justicia y la Reparación que como demócratas reclamamos para las víctimas del franquismo.  Tal vez entonces, este país se enorgullezca de personas como Marcos Ana y de su ejemplo de concordia y solidaridad.

Cuando el fantasma del fascismo se pasea impunemente de nuevo por Europa y se fortalece en   las mismas instituciones que desprecia, debemos detenernos a pensar si hemos aprendido correctamente nuestra historia  y si algo, salvo ese conocimiento, nos ayudará a no repetir nuestro pasado.

En este su aniversario centenario, la Asociación Marcos Ana, el Partido Comunista y las Comisiones Obreras, organizarán el 31 de enero, en el Auditorio de Marcelino Camacho de Madrid, un acto donde amigas y amigos del poeta, artistas, intelectuales y distintas organizaciones políticas y sindicales rindan homenaje a uno de los símbolos de lo que fue la resistencia a la Dictadura  y la lucha por las libertades y la democracia.