Al conocerse la noticia de la salida de Juan Carlos I de España este es el titular de la prensa: El rey se va de España, el rey se exilia. Y a aquellos que hemos nacido en el exilio o somos descendientes de exiliados nos indigna: El rey no se exilia, el rey huye.
El exilio que nosotros conocemos es el de los demócratas que defendieron la legalidad de la II República y salen del país para salvar la vida, para evitar el fusilamiento y la tortura por parte del dictador de un régimen cruel. La salida de este rey es el alejamiento de un privilegiado, heredero del dictador, que huye de las leyes democráticas que buscan juzgarle por delitos económicos.
El exilio del que nosotros cultivamos la memoria es un exilio de caminata a la frontera, de barco atestado, de incertidumbre, de campo de concentración, de rechazo, de desesperación y desposeimiento. El cambio de residencia de este rey es bien pagado por todos los españoles, por regalos de jerarcas de otros países donde no se respetan ni los derechos ni siquiera la vida humana, por fondos en paraísos fiscales, por corrupción.
El exilio que nosotros defendemos fue un exilio de los que lucharon por la libertad, de los que la defendieron, de los que creían en la democracia y la igualdad de derechos ante la ley. La huida de este monarca es la ignominia, la cobardía del que huye de la justicia, de quien impone sus privilegios y abusa de ellos.
Este rey no se ha exiliado, ha escapado de su justo destino; ser juzgado por los tribunales y, como su predecesor, también morirá en la cama, sin juicio ni escarnio. No le llaméis exiliado, llamadlo de otra manera, pero no nos ofendáis de nuevo llamándolo exiliado, no os burléis de la memoria de tantos compatriotas que se dejaron el alma cruzando nuestras fronteras.

Asociación de Descendientes del Exilio Español