LA OTRA LLAMA OLÍMPICA

En 1931, la ciudad de Berlín fue seleccionada como sede para la celebración de los XI Juegos Olímpicos. En 1933, con la llegada de A. Hitler al poder, se planteó el debate sobre si el COI debía trasladar los Juegos a otra ciudad, pero la decisión fue mantenerlos en Berlín. Ante esto, varios deportistas y países propusieron la posibilidad de un boicot.

España sí hizo boicot a la celebración bajo un régimen nazi y organizó en Barcelona las Olimpiadas Populares, previstas unos días antes que las alemanas, en 1936. El objetivo de la convocatoria española era fomentar la solidaridad, el apoyo y la fraternidad entre los pueblos.

Los Juegos comenzarían el 19 de julio. Alrededor de 6.000 deportistas ya habían llegado a Barcelona, así como unos  20.000 visitantes. Los deportistas procedían de todo el mundo, incluidos la URSS y Estados Unidos. La mayoría son miembros de asociaciones y clubes deportivos sindicales o de partidos de izquierda. En Francia -con gobierno de izquierdas- algunas federaciones deportivas autorizan a sus miembros a participar en estos contrajuegos.

Fueron los Juegos Olímpicos más controvertidos de la historia. Se  establecen claramente dos ideologías: Berlín propaga el odio racial. Barcelona la igualdad de los pueblos y la paz.

El día anterior al acto de la inauguración se oyen disparos. Un grupo de militares desleales dirigidos por F. Franco han dado un golpe de Estado. Esa misma tarde se ensayaba en el Palau de la Música de Barcelona, la Novena de Beethoven (la Oda a la Alegría, símbolo de la paz entre los pueblos), dirigía la orquesta Pau Casals. Cuando el director es avisado de que se ha producido un golpe de Estado.

Casals dijo “ No sé cuándo nos volveremos a ver, por lo que propongo, antes de separarnos, toquemos la sinfonía”. Tiempo después recordaría su sentimiento en ese momento: las lágrimas le dificultaban ver la partitura, al tiempo que pensaba en la ironía que vivía dirigiendo un himno a la paz mientras otros iniciaban una guerra.

Los deportistas permanecen en sus hoteles, sin embargo, algunos salieron a las calles y participan en la defensa de la ciudad. Simpatizan con el pueblo armado, y alrededor de 200 atletas extranjeros se unieron a las milicias para defender la  II República.

El 23 de julio, viendo que la guerra es imparable, el secretario del comité ejecutivo de las Olimpiadas Populares anunció la cancelación de los juegos.

En Berlín el 1 de agosto A. Hitler inaugura los Juegos Olímpicos. Rompiendo los compromisos del presidente del comité olímpico alemán, fueron unos juegos fundamentalmente de discriminación racial. Los deportistas judíos tenían prohibido representar a Alemania. A algunos deportistas se les anularon sus títulos deportivos y fueron expulsados de las federaciones. Hitler solo saludaba a los atletas alemanes victoriosos.

Entre los atletas extranjeros tal vez el más conocido es el del afroamericano Jesse Owens, ganador de cuatro medallas de oro en Berlín, al cual Hitler se negó a saludar. Si bien el presidente de su país – F. Roosevelt- tampoco le envió una felicitación ni fue invitado a las celebraciones en la Casa Blanca. En 1990 se reconoció su hazaña y se le concedió la medalla de honor del Congreso, a título póstumo.

En España, una vez más, de golpe se apagó la luz. Una cruenta y larga guerra acabó con las esperanzas de tantas personas, incluidos los deportistas: muchos fueron fusilados y otros partieron al exilio.